Gourmet

Las cinco pesadillas gourmet del ‘chiringuitismo’ español

¡Ya estamos en agosto! Los chiringuitos son lugares para el encuentro, para el disfrute del dolce far niente, para volvernos locos con los espetos y para practicar el cocimiento etílico a la sombra y junto al mar… pero también pueden ser escenario de pesadillas culinarias, de esas de las que arruinan una tarde de agosto o nos obligan a visitar la sala de urgencias del centro de salud más cercano. Más allá de la salubridad, ¿cuáles son los pecados más terribles del ‘chiringuitismo’ costero español? Pasen y vean…

Tapas (pero estas sí que están buenas) / flickr | jtoledo - imagen con licencia CC BY-SA 2.0).
Tapas (pero estas sí que están buenas) / flickr | jtoledo - imagen con licencia CC BY-SA 2.0).

¿Ensaladilla rusa... o siberiana?

El cartel de la entrada lo decía bien claro: “Ensaladilla rusa”. ¿Por qué lo llaman así si, de tan blanca que es, parece una ensaladilla siberiana? En muchas de las ensaladillas chiringuiteras españolas el color ha desaparecido por completo: no hay rastro de guisantes, ni de zanahoria, ni de atún, ni de prácticamente nada. Tan solo nos queda el recuerdo de algunos trozos de patata mal guisada ahogados una salsa blanca que hay quien llama mayonesa -¿seguro?-. Aunque eso nos pasa por pedir una ensaladilla: ¿no hemos aprendido ya que el verano y todo lo que lleve salsas no se llevan bien? 

Ensalada… con extra de proteína invertebrada

¿Quién se acuerda de la escena del restaurante en Victor o Victoria? Las ensaladas con proteína inesperada son una realidad y en muchos chiringuitos se oye siempre lo mismo: “Cari, no me pidas nada fuerte que con los calores de la playa a mí solo me entra una ensalada ligerita”, gritaba una voz desde el fondo del local. “Mozo, una ensalada mixta”. ¡Y vaya que tan mixta! En esta ensalada se combinaba lo vegetal con lo animal. Para ser más específicos, con el amplio y no demasiado agradable mundo de los insectos y demás invertebrados. ¡Meseros costeros, que la lechuga no se lava sola! 

Ese arroz amarillo al que llaman paella

Has pasado mil veces por delante de ese restaurante en primera línea de playa que tiene una paella inmensa en la terraza como cebo para turistas poco precavidos y ya sabes que no deberías probarla, pero hay algo en ella que te resulta irresistible. Sí, queda muy bonita para la foto, pero solo eso. En realidad la terminaron de hacer dos días atrás y cuando llegue a tu boca tan solo será una bola dealmidón al microondas que te recordará, ahora para siempre, que nunca te debes fiar de tus ojos en cuestiones de comida. Pero la 'mafia del microondas' no solo destroza las paellas. Si no, fíjense en el siguiente punto.

¿Calamares a la romana o a la siciliana?

No hay nada como unos buena tapa de cefalópodo téutido al antiguo imperio (vulgo, calamares a la romana), pero el chiringuitismo cutre español ha acabado haciendo de este plato uno de los más odiados de las cartas playeras. ¿Nadie le enseño a ese camarero que los rebozados y empanados quedan fatal tras recalentarlos en el microondas? ¿Y nadie le explicó tampoco que, a más pasos por el microondas, más chicloso se vuelve nuestro soñado manjar. El complot internacional de la mafia del recalentado parece ha hecho más estragos en nuestras costas que un congreso internacional de la Cosa Nostra, la ‘Ndrangheta, la Camorra y la Sacra Corona Unita.

El legendario salpicón de marisco

La leyenda lo dice claramente: cuando surgió la península Ibérica desde las profundidades del océano prehistórico Tetis, aquel salpicón ya estaba allí, con sus mejillones y sus trozos de pimiento verde. Desde el chiringuito ha visto pasar imperios, religiones, reyes, nobles, revoluciones, repúblicas, guerras… y allí sigue, imperturbable, en una bandeja de acero inoxidable dentro del expositor (refrigerado, eso sí), esperando a que alguien se atreva a pedirlo. Quien lo pruebe y sobreviva tiene todo el derecho del mundo a decir eso de “Soy leyenda”.

Aviso de exención de responsabilidad: nos encanta el verano, nos encantan los chiringuitos. Sabemos que la costa española (tanto la peninsular como las insulares) están llenas de ejemplos de buena gastronomía y mejor servicio, y que lo que contamos en este artículo son excepciones a la norma. Con él solo pretendemos poner una nota de humor al caluroso primer fin de semana de agosto: ¡sonría, que hace calor! 


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