Gourmet

Los 8 mercados con más solera de España

Entre los apasionados del turisteo están los adictos a los museos, los amantes de las iglesias, los fans de los restaurantes... Y también, los que tienen cierta debilidad por los mercados. De hecho, las plazas de abastos se incluyen cada vez más en las guías turísticas de la localidad en cuestión, y tiene su porqué: han acabado siendo una parte tan esencial de la cultura de cada ciudad que quien quiera saber más acerca de la historia y la forma de vida de ese lugar tiene que darse una vuelta por su mercado.

Aquí podemos presumir de tener algunos de los más emblemáticos de toda Europa, y prueba de ello es que encontrarás pocos guiris que no se hayan enamorado del mercado de alguna ciudad española. Entre sus preferidos se encuentran algunos de los que derrochan solera por los cuatro costados. Estos son los que para nosotros deberían figurar en la parte alta de cualquier ranking.

Mercado Central (Zaragoza)

Uno de los mercados que primero viene a la cabeza cuando se habla de plazas de abastos con solera es este mercado con 112 años de vida y muchos más si nos remontamos a sus orígenes reales, ya que se levanta en el mismo lugar donde se instalaba el mercado de la ciudad allá por el siglo XIII. Sólo la fachada ya merecería una visita: realizado en hierro, cristal y piedra, el edificio es Bien de Interés Cultural desde 1982. Pero además es una auténtica gozada perderse entre sus casi 200 puestos y disfrutar de olores, colores y sabores sin medida.

Mercado del Tinglado de Tolosa (Guipúzcoa)

Cada sábado desde hace cientos de años, Tolosa se convierte en un espectacular mercado dividido en tres zonas y plagado de fresquísimos productos de temporada autóctonos, flores, plantas y también productos textiles. La zona que concentra los productos de la tierra es el mercado del Tinglado, un edificio de finales del siglo XIX, con arcos de medio punto que se apoyan en pilotes sobre el río Oria, que crea una postal de las de cuento. Su nombre en euskera, Zerkausia, hace referencia a su ubicación sobre la cerca, donde antiguamente se reunían los agricultores de la zona para vender sus productos. Si estáis por allí un sábado es casi un delito no pasarse a ver uno de los mercados más auténticos del País Vasco. Palabra de que no os arrepentiréis.

Mercado Central (Valencia)

Sus 8.160 metros y los casi 300 pequeños comerciantes que ocupan sus puestos hacen de este mercado uno de los de mayor actividad en toda Europa. De estilo modernista, se empezó a construir en 1914 y su estructura se ha mantenido a pesar de las remodelaciones. Lo llaman la catedral del comercio porque su fachada puede recordar a la de una catedral religiosa, y es precisamente uno de sus mayores atractivos. En ella se mezclan el metal y el vidrio con  cúpulas y techumbres inclinadas, toda una joya para los amantes del modernismo.

Mercado de la Boquería (Barcelona)

Puede que muchos situaran el mercado de San Antoni o el de Santa Caterina por delante de la Boquería, y es que en Barcelona no andan nada escasos de plazas de abastos para quitarse el sombrero. Pero entre todas ellas, el mercado de la Boquería, que realmente se llama mercado de Sant Josep, es el que consigue atraer más visitantes. Y tiene unas cuantas buenas razones para ello. Inaugurado en 1840 en la Rambla de Barcelona, en realidad su actividad comenzó mucho antes y al aire libre, en la explanada del Pla de la Boqueria, donde los vendedores de pueblos y masías cercanas se instalaban para vender sus mercancías. Hoy puedes comprar prácticamente de todo en alguno de sus 300 puestos, además de picar buenas raciones en algunos de los puestos reconvertidos en barras llenas tanto de extranjeros como de residentes locales. Una experiencia para no perdérsela.

Mercado de la Ribera (Vizcaya) 

Todo un referente entre los mercados europeos, hace década y media llegó a ostentar el título de mercado municipal de abastos más completo según el Guinness. Ubicado en la margen derecha de la ría, tiene nada menos que 10.000 metros cuadrados que se inauguraron en 1929, cuando los bilbainos estrenaban un edificio muy funcional realizado en hormigón al estilo racionalista propio de la época. Después llegarían una serie de reformas que comenzaron tras las inundaciones de 1983. Dicen que es uno de los mercados con mejor género y buena relación calidad-precio.

Mercado Central de Abastos de Jérez (Cádiz)

Otro de los que se merece una visita sí o sí tanto para comprar como para curiosear. Si se está dando una vuelta por el casco histórico de Jerez no es difícil acabar en el mercado incluso sin proponértelo porque se encuentra en pleno centro, en lo que antes era el convento de San Francisco. Se terminó de construir en 1885, y desde entonces ha atraído tanto a los amantes del buen pescado como a los que buscan  verduras y frutas frescas. Además de tener buen género, esta plaza es un regalo para los fans del neoclásico: con fachadas construidas en piedra y adornadas con cerámica vidriada, el edificio es de los que merece una visita sin prisa.

Mercado de San Miguel (Madrid) 

Aunque en cuanto a tradición de buen género no muchos mercados superan al madrileño Mercado Maravillas, si tenemos que decantarnos por una plaza de abastos de la capital que además de historia tenga una estética atractiva no podemos olvidarnos del Mercado de San Miguel. Punto de encuentro de miles de turistas desde que se reabriera en 2009, es uno de los proyectos que han tirado del turismo para hacer revivir un edificio emblemático. Mercado abierto en época medieval, centro abierto especializado en venta de pescado siglos después y por fin, un mercado cerrado a principios del siglo XX, el mercado de San Miguel sigue manteniendo la estética con la que se inauguró, una estructura de soportes de hierro de fundición por la que fue declarado Bien de Interés Cultural. Ahora mezcla algunos puestos que venden productos de temporada con otros especializados en delicatessen y sobre todo mucha oferta gastronómica para tomar allí mismo.

Mercado de Abastos de Santiago (Galicia) 

Una de esas maravillas que hacen las delicias de los que adoran los edificios sencillos con mucho encanto. Tanto que es el lugar más visitado de la ciudad después de la catedral. Ubicado entre las iglesias de San Agustín y San Fiz de Solovio, tiene fama de servir los mejores productos frescos de la comarca. Y eso no es poco decir. El mercado actual se edificó en 1941 en el mismo emplazamiento que el anterior, que era de 1870. Además de los puestos típicos tiene puestos reconvertidos en minirestaurantes donde se pueden degustar los productos del propio mercado.


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