Gourmet

El té tiene su protocolo: diez pasos para hacerlo bien

Te damos las reglas básicas para triunfar, disfrutar y saber hacer buen té. No hay que ser una abuelita para dar los pasos correctos, todo es más fácil de lo que parece.

1.- Asegúrate de tenerlo todo antes de empezar. Reunir lo que vas a utilizar es un pequeño ritual que ahorra algún disgusto pero, sobre todo, prepara la mente para el difícil reto de hacer algo muy sencillo.

2.- Cuanto mejor sea el agua (más clara, limpia y ligera) mejor será el resultado. Si no te importa que piensen que eres un poco raro, no está de más probar el agua antes y, si se puede, como diversión, hacer un mismo té con aguas distintas.

3.- Si tienes prisa usa el microondas. Si quieres un buen té calienta el agua (abundante) en un cazo o un hervidor. El sabor saldrá más vivo e intenso. Y sí, el tiempo parece que va muy lento cuando estás esperando a que el agua empiece a hervir, pero solo lo parece.

4.- No hace falta que el agua hierva a borbotones (a no ser que no estés seguro de si es potable o no) pero sí que esté muy caliente. Cada té tiene su temperatura ideal, procura conocerla. Cuando el agua empieza a perlarse de burbujitas suele ser buena temperatura para los tés verdes más delicados, cuando comienza a salir el vapor y las burbujas a romper en la superficie es el momento del baño de los tés negros y, en general, del resto también.

5.- Usa una parte del agua que estas calentando para templar la tetera y/o la taza donde vayas a preparar la infusión. Si vas a usar algún tipo de infusor o de filtro no está de más que lo dejes “infusionar” solo con el agua caliente. Queda más limpio y elimina los sabores del té anterior.

6.- Un buen té necesita buen té. Es obvio. Pero también hay quien espera milagros.

7.- La cantidad depende del gusto y de la forma de preparación. Dos gramos (una cucharada de postre aproximadamente) suele ser una medida segura para una preparación tradicional.

8.- El té, especialmente si está en hoja suelta, tiene que tener sitio para abrirse. Si usa un infusor cerrado no lo llene mucho. Si lo hace solo conseguirá que se apelmace y usar la superficie exterior que quede en contacto con el agua

9.- El tiempo es sagrado. Y no acordarse produce un amargo resultado. El tiempo de infusión varia con cada tipo de té (y con la cantidad, la temperatura del agua) y el tamaño de la hoja) pero, en general 2 minutos son el límite de un té verde y 4 de un té negro. A partir de ese límite los taninos se van apoderando de la taza.

10.- No hay que sufrir. Si un té no te ha salido bien haz otro. El masoquismo no es buena escuela para aprender a disfrutar del té. Y si te apetece echarle azúcar, leche u otra cosa, pues qué le vamos a hacer. Pero de vez en cuando prueba algún té realmente bueno al que no le haga falta nada para que te guste. Se pone el té en la medida adecuada. Se echa el agua a la temperatura correcta intentando que no caiga directamente sobre las hojas. Se espera el tiempo justo. Se sirve y se toma: sencillo. 


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