Gourmet

El Molar: la reconquista de la garnacha murciana

En España es posible vislumbrar una reconquista del viñedo autóctono o, dicho de otro modo, de variedades clásicas, aunque ésta es otra de las discusiones más ardientes entre los profesionales, entendidos, mojigatos o talibanes del vino. Resumiendo, para no aburrir en estas cosas que al gran público nada importan: hay gente que no acepta que se hagan vinos con variedades foráneas; cada uva en su lugar de ‘origen’ o en el lugar donde se adaptó a la perfección. Partiendo de que la vid se extendió desde Oriente Medio siglos atrás, ¿en qué momento podemos decir que una variedad es autóctona? ¿O deberíamos decir alóctona, o sea, “especie introducida artificialmente en un ecosistema” (perdón por el tecnicismo)?

Uva garnacha (flickr | Francisco Martinez Arias - imagen con licencia CC BY 2.0).
Uva garnacha (flickr | Francisco Martinez Arias - imagen con licencia CC BY 2.0).

Y todo esto es para contar que antiguamente el mapa de variedades de uvas en España era muy distinto… bueno, algo distinto al actual. La garnacha era la uva mayoritaria. Sí, la garnacha, esa uva denostada hasta hace unos 15 años. Parecía que solo servía para vinos dulces, de granel o para mezclar con otras variedades. Nadie se atrevía a poner garnacha en su etiqueta para un vino de calidad, y seguro que muchos de los vinos que nos hemos bebido y bebieron nuestros padres como otras variedades eran de garnacha. Era un nombre poco comercial.

Pero por suerte todo esto ha cambiado. Ya hemos hablado aquí de una garnacha madrileña, ahora nos toca hablar de una garnacha de Jumilla, tierra de la uva monastrell. Pero una vez más, el visionario, o llámalo loco, o llámalo hacedor de buenos vinos, José María Vicente, enólogo de la bodega familiar Casa Castillo, nos ha dejado sorprendidos con uno de sus vinos.

Jumilla en el mapa

José María -con perdón de los demás- puso Jumilla en el mapa de los vinos de calidad. Con sus Pie Franco o Las Gravas nos enseñó que en el Levante, en zonas cálidas españolas, se pueden hacer vinos elegantes y con personalidad, interpretando lo que tiene que dar la zona y la uva. Si en el sur mediterráneo francés se podían hacer grandes vinos, ¿por qué aquí no? Y también se pueden hacer vinos sencillos, carnosos y sabrosos a la vez como su Casa Castillo Monastrell, un vino de unos siete euros que es una gran compra.

Y volviendo a la garnacha, José María recuperó  -¿o reconquistó?- esta variedad para la zona. No sabemos si antes había vides de esta variedad, pero en 2004 en este paraje pedregoso se plantó garnacha, y como es norma en él, en una sola parcela, La Umbría de El Molar, al pie de la sierra de El Molar, a unos kilómetros de la ciudad de Jumilla, Murcia.

¿Cómo es El Molar?

El resultado, tras ya cuatro cosechas en el mercado, es bueno. Un vino mediterráneo, aunque parezca una perogrullada. Carnoso, potente pero a la vez fresco, que invita a beber ya que no cansa ni por tanino (que algo secante está todavía, pero quizá más por el uso de raspón en su elaboración) ni por alcohol, que lo tiene, 15%. Si es por el alcohol, en vez de beber la botella entera os podéis dejar un poco para el día siguiente, aunque si tenemos buena compañía y algo de comer delante, el contenido se verá reducido al vacío, quedando solo su continente y el recuerdo de otra buena experiencia garnachera.

Y ya sabéis, preguntad en vuestras tiendas de barrio o especializadas, os están esperando con los brazos abiertos, quieren hacernos felices.

FICHA

Vino: El Molar

Uva: Garnacha

Bodega: Casa Castillo

Webwww.casacastillo.es

Origen: D.O. Jumilla - Murcia

Precio: 12 euros


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