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Pedro Olivares: el enólogo que lucha por ser paisajista

No es fácil llegar hasta el viñedo de este “enólogo nómada”. La pequeña carretera que sale desde el pueblecito de las Fuentes hasta el cortijo de Los Lagartos, en el corazón de la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas, parecen diseñadas por un enemigo del turismo. Pedro es así. Ayer en Nueva Zelanda, mañana en California y la semana que viene en el Douro. Si hay viñedos, hay excusa para una aventura. Sin embargo, su corazón está cada vez más atado a este pequeño viñedo que no llega a los tres mil metros cuadrados.

El paisaje no decepciona. Filas de olivos plantadas con tiralíneas se agarran a cada colina y el cielo es tan azul que el sol pide permiso para marcar las temperaturas. Lo cotidiano dice mucho de la vida en estas aldeas. El Fauna, El Maín, Bolsillones, Tejones o El Bravio no son personajes anónimos. “Aquí las cosechas se marcan por las estaciones de un modo muy salvaje, pero a la vez muy bello”.

“Me gusta este sitio porque es donde vi nacer a mi familia y en la que aprendí lo importante que son las cosas sencillas. Las fuentes, las retamas, el sol, el agua, los riscos, los roscos de anís, la matanza y la morcilla blanca”. Todas esas cosas se transmiten en los vinos de esta familia. Los padres cuidan la parcela con un mimo exquisito. Tina y Pedro saben que este viñedo es un laboratorio de emociones y eso se nota en el producto final.

Desde que se realizó la plantación en el años 2005, el proyecto Tobar, que así se llama la bodega, ha generado toda clase de comentarios. Desde la altitud, a más de 800 metros, hasta el tipo de suelo, muy calcáreo por la piedra toba, que da nombre a la bodega, pasando por las variedades de uva. “Seleccioné Shiraz, Petit Verdot, Monastrell, Mencía y un poco de Nebbiolo. También decidí unos injertos de Molinera, variedad muy poco conocida fuera de Jaen y que aporta un toque muy personal y diferenciador al vino final”

Sólo fueron 3.000 plantas, pero orgullosas de estar en uno de los emplazamientos más peculiares de Europa. “Al tener una densidad muy alta, se produce una autorregulación del viñedo casi de un modo natural. El efecto está claro: poca producción pero de elevada concentración. Casi necesitamos la producción de cinco plantas para el producto de una botella… Pero merece la pena.

Con unos preparativos tan especiales, el vino debería tener un nombre especial y lo ha conseguido. Entredicho es un vino de pocos amigos pero de excelente calidad. Los 20 euros de cada botella se justifican en cada copa.

Si tenemos la suerte de disfrutar de una de sus 800 botellas, vamos a encontrar un vino sofisticado desde el color hasta la boca. No es un producto para andar con prisas, que insiste y se recupera. “Es un producto que recupera todas esas emociones de niño de las que hablo siempre. Me gusta que mis vinos nos hablen y nos cuenten historias de aquí y de allí… Es ese placer de compartir con otros bodegueros… Hay que compartir, que explicar los que es un olivar, un risco y una tarde de baile”.

FICHA

Vino: Entredicho

Precio: 22 euros 

Tipo de Uva: Molinera, Monastrell, Nebbiolo, Syrah, Petit Verdot

Bodega: Bodegas Tobar

Origen: Jaen

Web: www.vinosbiopedroolivares.com

Precio: 22 euros


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