Gourmet

Carlos Falcó: “A veces lograr lo que se quiere tiene un coste añadido”

Carlos Falcó, marqués de Griñón, ha convertido sus productos agrícolas en referentes del nuevo lujo en España. Sus vinos son un símbolo de la nueva viticultura y su aceite se cotiza entre los mejores del mundo. La jet agrícola también existe y su gusto por las cosas bellas le permite colocar sus vinos en la misma vitrina que un vehiculo de Ferrari o un bolso de Loewe. Como presidente del Circulo Fortuny, su visión de las marcas de lujo en España nos demuestra que la calidad es un valor en alza. Su finca en las cercanías del rio Pusa es un buen ejemplo de lo sofisticado que puede ser el mundo rural.

Parece que vamos a tener un buena cosecha…

Pues sí… Va a ser un poco tardía, y son peligrosos estos cambios climáticos tan bruscos. Tenemos la aceituna en un punto óptimo.

¿Tiene la sensación de crear micromundos con sus aceites y sus vinos?

Lo que más me gusta es que la gente valore los productos. En el caso del aceite, por ejemplo, cómo un producto que no se valora cuando cuesta tres euros la botella se puede convertir en un producto de alta gama, que se puede poner a la altura de un bolso de Louis Vuitton

Su manera de entender la agricultura tiene un punto de transgresión…

¡Por supuesto! Tengo que reconocer que he cosechado toda clase de multas. Recuerdo que hace unos años nos pusieron una multa por poner una referencia a los Montes de Toledo en la etiqueta de nuestro aceite, aunque ese misma aceite había sido denominada como el mejor aceite del mundo en su modalidad… La cosa quedó en una multa de 3.000 euros. A veces lograr lo que se quiere tiene un coste añadido.

¿Qué piensa de la obligación de servir el aceite en botella irrellenable y etiquetada?

Pues un acierto, porque eso nos llevará a una mayor consciencia sobre la calidad de un producto tan cercano a nosotros. Algo parecido sucedió con el vino hace unas décadas y ahora nos felicitamos de la decisión.

¿De todos sus vinos, tiene a algunos un cariño especial?

Los vinos son como los hijos. A todos se les quiere… No sé el motivo, pero ahora me siento muy cómodo con un vino llamado “AAA”, o las 3 A, en recuerdo a mis tres hijas. Es una mezcla de Graciano y Petit Verdot, uva de la que ya tenemos referencias con Plinio.

Parece que ahora todo el mundo quiere recuperar marcas y escudos para vincularlos a la industria alimentaria.

No es una cuestión de títulos. En mi caso tengo que estar muy agradecido a mi abuelo. A él le pedí una parcela para realizar mi proyecto agropecuario cuando tenía quince años. Ese fue también mi mayor compromiso, para desarrollar un proyecto en una tierra y sacar un producto de calidad.

¿Le sorprende la popularidad de su hija Tamara?

No. Siempre ha sido una persona muy espontánea y natural, con un trato muy cercano con la gente y eso es siempre bueno

¿Se valora en España el lujo?

Evidentemente. El Circulo Fortuny es un buen ejemplo de cómo las marcas están interesadas en posicionarse en un sector fundamental para la economía de la Unión Europea. En Europa se produce el 75 % de los productos de alta gama del mundo y las asociaciones que se integran en la ECCIA (European Cultural and Creative Industies Alliance) demuestran el interés de los países por ese sector comercial. Facturan más de 200.000 millones de euros y emplean casi un millón de personas. En el sector, España mueve más de 4.000 millones de euros al año.

¿Cree que se está creando una fractura entre el lujo y la calidad?

El lenguaje no debe llevar a equívocos. Hay que tener cuidado con los términos. Un botijo y una tortilla debajo de una encina puede ser un auténtico lujo, pero hay que ofrecer algo más. Debemos saber qué es lo que ofrecemos y lo que deseamos. No es lo mismo una marca de “Alta Gama” que una “Premium”.


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