Entre algunos puestos de penosa pizza, de repostería industrial vendida como casera y algún restaurante de falsa cocina tradicional, quedaba poca opción para la esperanza. Sin embargo, en medio de tanta turista mal escotada, falsos progres que sueñan con publicar en Anagrama y algunos hipsters que fotografían todo lo que comen, desde hace un año tenemos un lugar que dignifica la calle.

Viet Nam es algo más que un lugar para comer, es un restaurante donde se perdona la mala insonorización y el excesivo calor en verano, porque la comida es deliciosa. Aquí se come bien, porque se disfruta de lo que se conoce y no se andan con falsas zarandajas o ese trauma español tan frecuente del ‘quiero y no puedo’.

Una buena combinación internacional

Dos vietnamitas y un argentino, escisión del restaurante Sudestada, demuestran que la fusión tiene muchos lenguajes. La fórmula es sencilla: pocos platos, alta calidad y un servicio que sabe lo que necesita el que reserva una mesa. Con estas premisas y un buen menú de degustación por 32 euros, la visita es obligada.

¿Qué pedimos? Cada uno tiene sus gustos, pero los Nem Tom -rollitos de cerdo picado, gamba, brotes de soja, papel de arroz y salsa de pescado- son obligados. Un buen complemento puede ser los Com Chien -cuadraditos de arroz crocante, con cerdo seco y pasta de cerdo para untar- como plato principal.

Si a esto le unimos el Bun Cha -fideos de arroz, secreto ibérico a la parrilla con vegetales y hierbas salsa de pescado- o el Bo Xao Luc Lac -unos taquitos de ternera salteados al wok, con pimiento rojo, cebolla y patatas fritas- acompañado de una generosa ración de arroz blanco será perfecto. Por desgracia, el Com Rang no está a la altura de las circunstancias, aunque la opción de Pho Bo para los vegetarianos demuestra las muchas posibilidades de los fideos crujientes.


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