Puede resultar excesivo, pero queda claro que en Madrid sobra gente el resto del año, porque esta ciudad tiene el tamaño justo para los que se quedan en el mes de agosto. No solo se circula mejor, o se consigue más fácilmente la sonrisa de un camarero, hasta la colección de medidas recaudatorias y represoras de la inteligencia ayuntamientil, parecen más relajadas. Por eso es el momento de hacer algunas cosas que ahora apetecen más, sin necesidad de subirse a una azotea, ¡con los pies en la tierra se vive mejor!

Dejarse caer por la terraza del Ritz

Vamos a ver, en este sitio no se comen a nadie. Hay gente estupenda, el champán está a la temperatura adecuada, los camareros son amables y siempre hay alguna novedad en la carta. Si a esto unimos algunos de los árboles más bonitos de Madrid y una temperatura perfecta, la terraza del Ritz puede ser el lugar perfecto para esa cena que nunca nos hemos atrevido a realizar. Los caprichos deberían ser un derecho constitucional.

Los Perritos de New York Burguer outdoor

Cualquier hora es buena para una hamburguesa del NYB. En verano, entrar en la cocina debería estar prohibido y la opción de comer uno de los mejores hot dogs (6,90 euros) de la ciudad parece una sabia elección, más aún si lo hacemos en la terraza que la cadena de hamburgueserías ha abierto en Madrid. En plena Castellana, en la zona de Azca, con el buen servicio del equipo de la familia y con una ensalada de jamón que animan a coger el teléfono para reservar una mesa para esta noche.

 Las terrazas de Las Vistillas

Da igual el nombre del local, solo se pide que la cerveza esté fría, que el niño de al lado no haga ruido y que la pareja junto a nuestra mesa no sea muy empalagosa; aquí lo importante es el sitio. Las Vistillas es el corazón de Madrid. LaAlmudena enfrente, cerquita el Viaducto, San Francisco el Grande vigilando y los turistas paseando de un lado para otro. Si la tortilla no es muy mala, los boquerones tienen la dosis justa de vinagre y la camarera tiene un buen día, el éxito está asegurado. A veces, lo mejor es el escenario, y en esta ocasión merece la pena.

Las terrazas del Lago de la Casa de Campo

Los niños que hemos tenido la Casa de Campo como zona de juegos para compensar los ruidos de la Avenida de Portugal o el Paseo de Extremadura , siempre volveremos una vez -al menos en verano- al lago de la Casa de Campo. Runners, putas, mirones y algún que otro mendigo quedan a un lado cuando uno se sienta en esos bares escondidos entre los árboles que rodean al lago de la Casa de Campo. Cerveza Mahou en botella de tercio, aceitunas de Campo Real y Patatas Fritas de La Montaña son parte del ritual que supera a unos precios abusivos. Estos bares-cabaña que aguantan toda la temporada merecen una visita para poder sentir la energía de esa Casa de Campo que sigue siendo un cazadero real de emociones.

Olavide se alquila por horas

No sé dónde leí que la Plaza de Olavide se alquila por horas. Borrachos de serie B, poetas farsantes que declaman la misma poesía a las jovencitas del barrio y una colección de terrazas con nombres tan dispares como Puebla, Maracana, La Oliva, La Cruz de Malta, El Arco Iris, Méntrida o Kybey II van dejando su huella en una plaza que puede presumir de dar consistencia a esta parte del Barrio de Chamberí.

A la hora de comer, no seamos cursis. Tortilla de patatas, pimientos de Padrón, Calamares a la romana, patatas bravas y Morcilla de Burgos son motivos suficientes para unas risas y aguantar los rigores más tópicos. El “esto ya no es lo que era”, “este verano no hace tanto calor” o el “a mí el calor no me molesta” siempre son el principio de una gran amistad.


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