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Michelin: nueva guía, viejas críticas

Si no saben ustedes lo que es una información de plantilla, no se preocupen: yo se lo diré. En los tiempos en los que se convocaban manifestaciones en la Plaza de Oriente, los periodistas veteranos dejaban la información hecha antes de ir allí; eso sí, con un espacio en blanco para poner el número de personas que los que mandaban decían que habían ido, normalmente "un millón". Cubrían el hueco y, hala, a talleres.

Michelin y sus estrellas; nueva guía, viejas críticas: el cocinero David Muñoz durante la presentación de la guía (Gtres).
Michelin y sus estrellas; nueva guía, viejas críticas: el cocinero David Muñoz durante la presentación de la guía (Gtres).

Me da la impresión de que en la mayoría de los medios españoles la reseña de la Guía Michelin es, también, de plantilla; lo que pasa es que aquí lo que se deja en blanco es el número de estrellas ganadas o perdidas, los protagonistas... Lo demás, recordar año tras año lo malos que son los de la Michelin, lo cicateros que son con España... Siempre igual.

Injusto, por supuesto. Tendencioso. Todos los años se eleva el mismo coro de voces echando de menos más "tres estrellas"; como explicó el responsable de Michelin, en todo el mundo hay cien restaurantes triestrellados... de los 16.000 reseñados.

La Guía no regala estrellas

El coro general habla de las estrellas que "da" o "concede" la Guía. No es eso. La Guía (esta y cualquier otra, con la excepción de aquellas en las que deciden los propios interesados), no da nada. No regala nada. No tiene por qué. Simplemente, reconoce la categoría de algunos restaurantes. Otra cosa sí que sería "regalar" estrellas.

Las estrellas se ganan. Verán: nada me pone más furioso, como viejo periodista, que leer u oír que Fulanito "ha concedido" una entrevista. Las entrevistas se hacen cuando el personaje entrevistado tiene interés, no se conceden: se merecen. Aquí, igual. Haga usted las cosas bien y, más pronto que tarde, tendrá su estrella.

La Guía Michelín no regala estrellas. No regala nada. No tiene por qué.

Todo el que comenta la Michelin tiene, como es lógico, sus restaurantes de referencia y se enfada cuando no se les reconoce categoría de estrellados. ¡Si es que no puede ser! Michelin se ha ganado a pulso su fama de seriedad. ¿Qué su criterio no coincide con el nuestro? Pues puede pasar. Pero ¿qué ocurre? ¿Qué su criterio de usted merece más credibilidad que el de una guía que se elabora con visitas de inspectores expertos? Y quien dice estrellas Michelin dice soles Repsol.

Es como fiarse de los comentarios que los espontáneos cuelgan en algunos portales de Internet. ¿Me quieren decir que un ciudadano que acude ocasionalmente a un restaurante tiene capacidad de discernir? ¿Con qué elementos de comparación? Eso es subjetividad, y no lo de las guías.

El prestigio a los cocineros

Otra afirmación frecuente: la Michelin prestigia a los cocineros. Bueno, pues uno de los jefazos de la guía roja comentaba que eso, el prestigiar y dar a conocer a los cocineros, fue labor de aquella casi heroica generación de periodistas gastronómicos que partía de prácticamente cero. La Michelin lo que hace es reconocer ese prestigio y los motivos en los que reposa.

¡Naturalmente que echo de menos restaurantes entre los de una, dos y hasta tres estrellas! ¡Por supuesto que hay bastantes que me sobrarían! Pero es absurdo creer que el criterio de los demás tiene que coincidir con el propio. Así que bienvenida, Michelin 2016.

La Guía Michelin es una guía que nació para los automovilistas. Para los viajeros.

Vivimos momentos emocionantes en la Gala. Ver a todo el personal de Zaranda dando saltos para celebrar su segunda estrella; ver llorar, literalmente, a los propietarios de El Ermitaño al recuperar esa estrella que nadie supo nunca bien por qué perdieron. Muy bonito, de verdad.

¿Esperanzas defraudadas? Pues claro. ¿Sorpresas? Muy poquitas. La verdad es que no suele haber grandes sorpresas. Yo creo que todos los que tienen dos y tres estrellas se las merecen. ¿Hay más? En mi personal criterio, sí. Pero pocos más. Y seguro que mi criterio tampoco coincide con el de otros. Esto no es personal: esto es mucho más serio, con muchos más controles. Me fío.

Útil, informativa, seria

Hubo una divertida casualidad. Verán. El Zaranda, hoy en Mallorca, que recibió su segunda estrella, ocupó en Madrid el mismo local en el que ahora está Lúa, que, el mismo día, obtuvo la primera. Si yo ocupara ese local subiría el precio de un posible traspaso.

En fin, ya está aquí la Michelin 2016. Y, claro, los artículos de plantilla. Uno echa de menos imaginación, tratar de razonar, aportar razones algo más sólidas que la clásica "es que el profe me tiene manía", traducido aquí como "es que los franceses no nos pueden ver (falso), o nos envidian (¿qué?)" Y, como es natural en este tiempo, hay quienes se apuntan a una conspiración.

Finalmente: la Michelin es una guía que nació para los automovilistas. Para los viajeros. Los naturales y vecinos de cada ciudad tienen sus propios elementos de juicio: se conocen la zona. Más que los inspectores de Michelin. Pero no se trata de hacer una guía a mayor gloria propia, sino una guía útil, informativa, seria. Ellos ya saben que jamás contentarán a todo el mundo, entre otras poderosas razones porque es imposible y, no menos importante, porque no es esa la finalidad de la crítica ni de la selección.


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