Para lo bueno y para lo malo, sus creaciones son un golpe de genialidad desde la heterodoxia gastronómica. Por eso se entiende el éxito que tiene su manera de entender la cocina. 

Su pequeño local en el número 4 de la madrileña calle de Pradillo es un foco de luz para los que buscan comer bien a precios razonables. Por su menú de 13 euros compensa buscar una zona de aparcamiento azul para disfrutar durante dos horas de un buen almuerzo con los amigos de la oficina. Su colección de pinchos anima a sentarse en una mesa de su terraza, junto al local de la antigua sala Morasol, como si fuese a cenar con la mismísima Debbie Harry o Elle MacPherson. En este local se entiende la belleza y eso siempre se valora.

Desde un primer momento se comprende que ir de pinchos también puede ser elegante. Aquí, la oferta no sólo es variada de acuerdo con la temporada, sino también en el emplatado. Las ideas de Carlos implican toda clase de elementos, desde un pequeño serrucho hasta unos colines que recuerdan en aspecto a unos delicados palitos.

Como en todo local de categoría, hay que empezar por sus clásicos. Indudablemente el bocata de calamares o su tigretostón nunca deben faltar en esta carta. Posiblemente sean los competidores más serios de La lámpara de Aladino (cuscús de pato) o del Mahatma, un delicado platillo de tandoori de ciervo.

 Los rollitos de rabo de toro protegido en bolsa de plástico o ensaladilla rusa enlatadilla con crema de zanahorias parecen ser ahora los más de moda. Sería imperdonable el no probar su Harlem, que es un gofre con roast beef, bacon, queso Cheddar y algunos otros ingredientes que es mejor descubrir en persona. Es uno de los bocadillos más deliciosos que se pueden encontrar por poco más de 4 euros.

Los más glotones puede pedir un Evita Perón, que es una quesadilla de entraña de ternera fileteada con queso provolone con chimichurri de avellana, digna de los mejores bares de Buenos Aires, que compite con Viva La Pepa, homenaje a los bares de nuestra querida Cádiz constitucional. Para los clásicos, unas bravas muy especiales o una ensalada de las que nos recrean los ambientes de los fiordos de Noruega o las callejuelas de Verona. 

Además, el local tiene un valor añadido que no todo el mundo reconoce. Aquí se trata bien el vino a un precio razonable. Si comer es diversión, también lo debe ser el beber vino. A una oferta curiosa de riberas y riojas se une casi siempre un buen listado de vinos catalanes y aragoneses que animan a volver a este local para ver los nuevos caprichos de Carlos y sus amigos, que son el motor de una de las terrazas más cotizadas de la noche madrileña. El límite lo ponen los clientes.

ficha

Categoría: bar-restaurante

Nombre: Evboca

Dirección: calle de Pradillo, 4

Código postal: 28002          

Ubicación: Madrid

Teléfono: 91 519 55 64

Precio: menú, 13€; pinchos, a.p. 3,8€; precio medio, 15-20€; menú degustación, 35€.


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