Gourmet

Casa Peto: la elegancia de ser de pueblo

Es hora de olvidarse de tópicos sobre lo rural. Lo de pueblo puede ser profesional, elegante, sólido y -atención- también necesario. Ya sea para no perder el norte, para recordar nuestros orígenes, o simplemente para no olvidar lo que es la buena mesa. Casa Peto, un restaurante de los de antes pero abierto ahora, está destapando ese frasco de las esencias en pleno barrio de Salamanca, cerca del Palacio de los Deportes. Con discreción, pero con clase.

La familia Lizana sabe lo que es trabajar duro. Da igual, en el campo o en un despacho. Hay sitios donde el esfuerzo se valora y a la hora de comer no podría ser menos. Su idea de tener una casa de comidas moderna, se ha plasmado en esta dirección. Álvaro Lizana es la cara más visible de un negocio que apuesta por devolvernos los sabores de otro tiempo.

Una vez que se prueban, nos resultan extrañamente cercanos. Y todo ello sin que el resultado sea un experimento sin sentido. Un lomo de ciervo o un guiso de bacalao son sabores que todos reconocemos, y eso tiene un valor.

Pese a su privilegiada ubicación, estamos ante un negocio familiar en la mejor acepción de la palabra. Los Lizana saben qué es lo importante para que un local bueno crezca hasta convertirse en uno mejor, porque han vivido y experimentado tanto la ciudad como el campo. Desde el sur de Gredos, Cenicientos, la familia llega a Madrid, con un solo objetivo: trabajar, trabajar y trabajar. Tan sencillo como duro.

Pero si algo es importante en Casa Peto es precisamente la experiencia, no el cálculo. Los Lizana conocen muy bien el arte de comer bien y en familia.

Comer guarda el significado de disfrutar en compañía tu tiempo.

Comer guarda ese significado de disfrutar del tiempo libre en buena compañía y ese punto de sencillez que cada vez se echa más de menos. Es el momento de tomar unos callos a la madrileña, un wok de solomillo o una merluza al vermut. Los nombres suenan a casa de comidas, pero con la sofisticación suficiente para querer repetir.

Peto, sin ir más lejos, es el mote cariñoso de la madre del clan, aquel con el que todo el mundo conoce a la familia. Y esas ideas son las que sostienen todo el entramado del local, un negocio familiar en el que han depositado toda su ilusión y experiencia, ya sea en los negocios, como en la buena mesa.

Calidad y atención a partes iguales 

Las finanzas siempre son necesarias. Hay que saber ‘reutilizar’ su experiencia como economistas y asesores fiscales, que también es útil a la hora de sentarse frente a un mantel. Saben que la calidad y la atención se necesitan a partes iguales en un negocio de estas características.

Aquí la base del ‘capital’ son los fogones, empeñados en devolver su significado original a los guisos tradicionales. Los platos de cuchara generosos, con su cocido como plato de referencia, aunque las alubias son muy frecuentes. La ‘renta fija’ la podemos poner en las carnes que saben integrar al mango, con la caza o dejar que un wok dulcifique un solomillo. Para inversiones de riesgo, hay que esperar a los postres, ver la carta y compartir sin complejo alguno. Da gusto ese delicado crujiente de plátano, un apple strudel que nos lleva a los recuerdos de la receta de la abuela… ¿Algo más consistente? Tenemos ese brownie que sirve para cerrar la carta. (C/ Fernán González 2. Madrid. Telf.: 911109746).


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