Gourmet

Flandes: una revolución gourmet de cuchillo y tenedor

Seguro que Eddy Merckx pasará a la historia del ciclismo por su brillante palmarés, pero no todo el mundo conoce su buen gusto por la comida. Como buen hijo de comerciante, el “Canibal” tenía claro que en la mesa hay que disfrutar. En Flandes, tierra natal del ciclista, son muchos los que participan de esta filosofía. La comida es un placer y a veces una necesidad.

A los flamencos les gusta comer bien y esa fina ironía geográfica lleva a pensar que se debe en parte a ser la unión de la sofisticación francesa y la contundencia alemana. En esta tierra hay vida más allá de los mejillones. Además, están tan buenos que se pueden comer durante semanas de manera diferente cada día.

Tras el gusto flamenco por la cocina hay una cuadrilla de grandes cocineros que han revolucionado en los fogones.

Detrás de este gusto por la cocina hay una cuadrilla de grandes cocineros que han hecho una auténtica revolución en los fogones. Un viaje a Flandes tiene paradas casi obligadas. La figura de Geert Van Hecke es uno de los grandes referentes. De Karmeliet, su casa en el corazón de Brujas, es un laboratorio de emociones. Su comedor de aire clásico sigue guardando un aire de respecto por su maestro Alain Chapel. Un lomo de cerdo que homenajea a Duke de Bershire o su ravioli a la vainilla con manzanas confitadas emocionan a cualquier aficionado a la gastronomía. 

 Un ambiente muy distinto vamos a encontrar en Hof Van Cleve. Peter Goosens y su esposa, Lieve, son el ejemplo de la sofisticación. ¿Compensa pagar los 250 euros que cuesta una cena en su casa? Pues sí, siempre que se pueda. Sus colegas dicen que no hay nadie como él para integrar sabores.

Algo parecido sucede con Slagmolen: Bert Meevis apuesta por el diseño y la austeridad, pero su cocina saca partido a las patatas más sofisticadas de Europa o a su rable de conejo, que justifica sus numerosos premios. La parte sofisticada de estos pilares se puede dejar para Gert De Mangeller: su ensalada de tomate nos va a enseñar sabores muy diferentes. Gert es la parte radical de este grupo de sofisticados cocineros top, porque su entorno y su comida lo justifica.

Jóvenes rebeldes

Detrás de estos consagrados vienen sus alumnos. Más radicales, más asequibles económicamente y más interesantes. Cada local es un mundo. En Brujas, tenemos al gurú de la cerveza, Achim Vandembussche. Tatuado, hiperactivo y dispuesto a investigar sobre las muchas cualidades gastronómicas de la cerveza. Su restaurante Dyver, en Brujas, es un lugar muy popular los domingos cuando se celebra el mercado de antigüedades, donde es imposible salir sin algún regalo y sin probar alguno de los platos de Achim y sus creaciones con la mostaza Wostyn. Un fanático de los productos cercanos y de la cocina con cerveza.

En Flandes, la revolución está en marcha y nos esperan para paladearla.

Los hermanos Bernard y Benoit Dewitte son la sofisticación llevada al mundo rural. Su afición a los quesos le lleva a tener decenas y decenas de variedades. Con ellos, lo primario se puede volver muy selecto. Su menú de 90 euros de los fines de semana es siempre una sorpresa, aunque tienen otras opciones desde 35 euros. Sus detractores dicen que son muy provenzales, pero la experiencia de un día soleado en el campo justifica cualquier tipo de excursión.

Otra buena opción es la Broes Tavernier y su restaurante t’ Vijfde Seizoen. Este es un cocinero que no ha tenido prisa en montar su propio restaurante y en la ciudad de Aalter le conocen por ir con su viejo Citroën 2CV. El genio tranquilo tiene un restaurante de estética más moderna que sus maestros. Para él, cada temporada es una excusa para crear. Bacalao, setas, faisán o arándanos sirven para que este hombre se haya convertido en todo un nuevo agitador gastronómico. La revolución está en marcha y nos esperan para paladearla. ¡Salud y disfrute!


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