Antoni  Tàpies, Francis Bacon, Rufino Tamayo, Wassily Kandinsky, Henry Moore y Andy Warhol crearon etiquetas exclusivas para Château Mouton Rothschild, la bodega privada de la baronesa Philippine de Rothschild, referencia absoluta no sólo en la producción vinícola, sino también en el arte de envolver, con la mayor elegancia y estilo, las botellas de sus apreciadas cosechas.

La historia de las etiquetas de los vinos Rothschild comenzó, en 1945, como la celebración del barón Philippe de Rothschild al fin de la Segunda Guerra Mundial.  Las más recordadas desde ese entonces son, para muchos, las que realizó el cubista francés  Georges Braque en 1955, o la que se estrenó, en 1958, a cargo de Salvador Dalí.

A esas siguieron, en 1969, la intervención de Joan Miró, una abstracción en la que se impone un círculo rojo;  en 1970, la de Marc Chagall, quien plasmó una de sus visiones fantásticas. Andy Warhol creó un retrato del barón Philippe en tonos violeta, naranja y verde en 1975, y quince años más tarde, en 1990, Francis Bacon cedió la imagen de un par de brazos que sujetan una copa. La más reciente le tocó, en 2010, a Jeff Koons.

Es una larga y apreciada tradición. Más de medio siglo a lo largo del cual artistas internacionales han trabajado sin necesidad siquiera de que les persuadan para ello.  Es “el resultado de una mutua apreciación”, explicó en una ocasión la baronesa Rothschild en una subasta que hizo la firma de subastas Sotheby’s de su colección, que incluye botellas de gran tamaño -de hasta 15 litros- con un valor estimado de entre  570.000 y 885.000 dólares por botella, según la cosecha.

Bodegas con arte en España

Muchas bodegas en nuestro país se han dedicado a esta práctica que une al buen vino con el mejor arte. Sin embargo, una sobresale del resto. Se trata de las bodegas Enate. La casa productora aragonesa ha trabajado con Antonio Saura, Eduardo Chillida, Salvador Victoria, Antoni Tàpies, José Manuel Broto, Eduardo Arroyo, Gustavo Torner y más recientemente Vicente García Plana.

Las obras d estos artistas  se han convertido en las etiquetas de cada vino, en un claro intento de que el diseño de la botella simbolice el valor de su contenido. Los originales suelen ser exhibidos en exposiciones temporales organizadas por las bodegas. Enate, contenido y continente, una mezcla de arte y sabor que busca convertirse en un mismo objeto de deseo.

Destaca también entre los ejemplos españoles la iniciativa puesta en marcha por La Fábrica con su cosecha Bodega Matador. Este vino, que acompañó al Volumen O de la revista, llevaba el nombre de la artista estadounidense Roni Horn e incluía una etiqueta con una fotografía inédita de esta artista, una de las más interesantes de la actualidad.El vino, un reserva realizado por el enólogo portugués Álvaro Castro en la Quinta de Pellada, tuvo una edición limitada.

Otras denominaciones de origen y bodegas han impulsado el afortunado matrimonio entre arte y vino. Desde la comarca vitivinícola Tacoronte-Acentejo  un grupo de productores, entre ellos Bodegas El Lomo, Bodegas La Isleta y Bodegas Domínguez Cuarta Generación, se han afanado en convertir el cultivo de la vid en un quehacer estético.

Con su apoyo, se han organizado  más de cinco bienales en las que se ha reunido, alrededor del vino, a artistas como Domingo Ayala, Nareme Melián, Víctor Jaubert, Meritxell Barroso, Maloli Mardones, Leticia Zamora, Rebecka Skogh y Miguel Ángel Bethencourt.


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