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Los videntes y sus negocios más allá del tarot

Hay mucho individuo suelto que tiene un supuesto don sobrenatural para conocer el sino de los demás; un talento innato que requiere, en la mayoría de las ocasiones, de algún objeto en el que realizar esa ojeada sobre el futuro, como si de unas páginas amarillas del mañana se tratase. Barajas del tarot, cartas astrales, bolas de cristal y tiradas de piedras ancestrales son algunos de esos elementos de los que los futurólogos utilizan para realizar sus predicciones. 

La televisión ha popularizado a videntes, adivinos y cartomantes variopintos; profesionales del oráculo que se ganan el jornal diciéndole a personas anónimas mediante llamada a un número de alta tarificación qué destino le deparan las estrellas. Ya en los ochenta, Rappel tenía reconocido prestigio, tal como decía de él Mayra Gómez Kemp cuando el rubio que lucía tangas como nadie visitó el programa Un, dos, tres para hablar de su don. Rappel fue un pionero en los videntes mediáticos, pues fue el primero en tener su propio programa de llamadas a inicio de los noventa llamado La consulta de Rappel. Poco después, Aramís Fuster, le siguió en ese camino con La hora de Aramís Fuster y Destino Aramís, y tras ella infinidad otros tantos compañeros más.

La videncia estuvo de moda en los noventa en la pequeña pantalla, y poco a poco, cada programa se acostumbró a tener entre sus filas un vidente de confianza, como los ya citados, a los que luego se sumaría Flora Pino, Octavio Aceves, Esperanza Gracia y un largo etcétera. Años después, y con la televisión concebida de otro modo, una nueva hornada de videntes como Sandro Rey, Maruja Zorrilla o Silvia Raposo presentarían sus propios espacios de madrugada, y en los que compartían con los espectadores sus predicciones previo pago.

Libros que parecen de ciencia ficción

Sin embargo, no solo de adivinaciones viven los videntes, aunque parezca paradójico. Poco a poco todos y cada uno de ellos han ido abriendo su particular nicho de mercado en el que diversifican su oferta y le ofrecen al público aquello que supuestamente quiere para así llenar un poco más sus bolsillos. Un clásico son los libros: no hay vidente que se precie que no tenga uno, aunque hay quien los escribe como churros, como Octavio Aceves, que tiene más de 20. Del libro Ayúdate con la magia blanca de Esperanza Gracia se puede destacar cómo la bruja que te pregunta si hay algo que te inquieta, te atormenta o te perturba aconseja que para adelgazar debes realizar un dibujo en un pergamino, mirarlo varias veces al día y ya está: adiós kilos de más.

Rappel, que presumió de ser un brujo cristiano, escribió un libro titulado 'Mis vírgenes favoritas'.

Rappel, que de joven fue modisto de la abuela del actual rey, presumió durante años de ser un brujo cristiano, y por escribió dos volúmenes con diversas hagiografías llamadas Los santos que nos ayudan y Mis vírgenes favoritas. En ambos casos contenían un gran número de imprecisiones, datos incorrectos y -lo más fascinante- extraños  rituales para pedir la gracia de algún ser divino.

Pero si hay que destacar el libro de un vidente de la tele, ese es Aramís Fuster, la Bruja, donde la adivinadora de pelo rojo le narraba al lector cómo conoció a Drácula, a la Muerte, a Satán y al mismísimo Jesucristo. Por si fuera poco, Aramís descubre facetas poco conocidas de su vida como que ella es capaz de realizar exorcismos, o que en otra vida fue un puma. Una obra delirantemente divertida siempre que sea tomada como ciencia ficción, porque si no sería para hacérselo mirar.

Cartas y juegos infantiles

Otros productos que sacan muchos videntes son cartas del tarot propias. Rappel tiene una buena colección: el tarot del trabajo, el del amor, el del bienestar… Las hay originales, como la que Octavio Aceves lanzó junto a Agatha Ruiz de la Prada en los ochenta, mientras que Aramís Fuster tiene sus “cartas de la felicidad”.

Aramís Fuster vende fotos ‘picantes’ autografiadas por 150 euros.

Y es que el merchandising de los futurólogos es tan variopinto que incluso existe un juego de mesa llamado La bola astral que fue “asesorado y recomendado” por Rappel. Una bizarrada bastante cara (rondaba las 10.000 pesetas, 60 euros) que algún niño se pediría para Navidad. La casa juguetera CEFA fue la que lanzó este juguete en el que una bola supuestamente tenía que flotar en la nada aunque lo único que hacía era vibrar ligeramente… y solo si el cacharro tenía pilas.

¿Por qué no ganar también unos euros firmando autógrafos? Eso pensó Aramís Fuster, quien a través de su web vende fotografías dedicadas a sus admiradores. Por 50 euros, impuestos incluidos, te garabatea su nombre en una instantánea, y si quieres que dicha foto sea “picante”, te solicita el desembolso del triple de pasta: 150 euros por una foto de Aramís en lencería y con unas palabras de su puño y letra. ¿Tendrá mucha demanda?

Dar el cante

A los videntes de la tele también les gusta cantar y sacar discos. A inicios de 2014, Sandro Rey, el tarotista de pelo largo y rostro espigado, afirmó que estaba comenzando a darle forma a un trabajo discográfico del que no se ha vuelto a saber, y eso que nos prometió hacernos bailar este verano. Quizá debería haberle pedido consejo a Rappel, que sacó un álbum a medias con Ana Reverte en el que realizaba una especie de recitados con mucho retoque digital para disimular carencias vocales. O a Paco Porras, que grabó un disco en solitario hace unos años con temas como Ama de casa.

Lola Montero trabajó en la película ‘FBI’ y Octavio Aceves, en ‘Torrente 4’.

Incluso la Pitonisa Lola grabó un par de canciones en el disco de la película de Javier CárdenasFBI: Frikis buscan incordiar, donde regaló a sus admiradores éxitos como Mamarracho, donde entonaba aquello de “yo te pongo dos velas negra”'. Hasta Carlos Jesús, aquel señor que decía tener contactos con los marcianos en el programa de Alfonso ArúsAl ataque, llegó a grabar un trabajo donde narraba sus predicciones. Pero este no cantaba, conste; solo hablaba. Mucho. Compulsivamente.  

¿Se puede ser actor y vidente? También. Lola Montero trabajó en la citada FBI, y Octavio Aceves participó en Torrente 4. Aunque en ambos casos, quizá, habría que decir que más que actores son personas que han participado en una película. Un respeto para las personas que se dedican profesionalmente al arte dramático, por lo menos.


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