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Leonor: una comunión plebeya para la heredera al trono de España

Los reyes Felipe VI y Letizia han querido convertir la primera comunión de su hija Leonor, primera en la línea de sucesión a la Corona, en un acto privado, familiar y hasta plebeyo. Así, la ceremonia ha tenido lugar en un día laborable y en el entorno del colegio donde estudia la princesa de Asturias, en vez de hacer uso de la capilla de La Zarzuela donde el propio Felipe fue bautizado. Sin embargo, las decenas de escoltas que rodeaban la parroquia madrileña de la Asunción de Nuestra Señora, en Aravaca, y las fuertes medidas de seguridad adoptadas han hecho que pareciera un acto oficial más de la agenda real.

Durante los últimos meses, Casa Real ha tratado de convertir la primera comunión de la princesa Leonor en un acto familiar estrictamente limitado al ámbito privado de los Borbón-Ortiz. La elección de la fecha (un día laborable de mayo), el lugar (la parroquia de Nuestra Señora en Aravaca, a la que se encuentra adscrito el colegio religioso donde Leonor cursa sus estudios) y hasta la ropa de la futura reina de España (su uniforme escolar) no dejaban lugar a dudas de las intenciones de los monarcas. O más concretamente de la reina Doña Letizia, auténtica experta en materia tan delicada como es la de acercar al pueblo a una Monarquía muy castigada por escándalos de todo tipo. Las fuertes medidas de seguridad, sin embargo, han roto esa pretendida retórica de normalidad demostrado que la ceremonia de este miércoles tenía poco de habitual.

Alrededor de las 7:00 de la mañana comenzaban a llegar los primeros medios de comunicación a la parroquia de la Asunción de Aravaca. Aunque no se tratara de un acto oficial, resultó obligatorio plegarse al protocolo habitual: presentar las correspondientes acreditaciones del medio al que pertenecían los periodistas, enseñar los bolsos y transigir con que los perros policía olfatearan todas las mochilas. Los agentes de seguridad de Casa Real trataron de controlar en todo momento a los periodistas acompañándolos al “redil” para que ninguno pudiera salirse del recinto habilitado para la ocasión: ningún medio podía estar en otro lugar de la vía pública que no fuera el acotado a tal efecto por el personal de seguridad, y ello de grado o por fuerza. 

A su llegada, los vecinos vitorearon y aplaudieron a los reyes actuales, a los eméritos y a la princesa de Asturias.

Con los periodistas controlados, los primeros niños llegaban antes de las once de la mañana y se hacían sus primeras fotos con el uniforme escolar. Diez minutos antes de comenzar la ceremonia llegaba la protagonista indiscutible del día, Leonor, junto a sus padres los reyes y su hermana Sofía. A continuación entraban los abuelos paternos –los reyes Juan Carlos y Sofía–, los maternos –Paloma Rocasolano, Jesús Ortiz y su mujer Ana Togores– y la única bisabuela viva de la princesa, Menchu Álvarez del Valle. Los vecinos de Aravaca, un lugar con fama de pobladores ricos habitado por gente de muy modesta condición, vitorearon y aplaudieron a los reyes actuales, a los eméritos y a la princesa de Asturias. A punto de entrar en la iglesia, un cura se acercó al cortejo con intención de entregarle un crucifijo a Leonor. No pudo ser. Los reyes, diplomáticos, le convencieron de que lo recogerían a la salida.

Cercanía del público

Alegría entre el personal agolpado en los alrededores de la iglesia, emocionados casi por el hecho de haber visto a la familia real al completo en carne mortal, ya que algunos no esperaban la asistencia de los reyes eméritos, sobre todo del renqueante Juan Carlos I. La mayoría de los consultados por Marabilias daban muestra de haber asimilado a la perfección esa "retórica de normalidad" que los reyes Felipe y Letizia han querido imponer, congratulándose de que la niña fuera con el uniforme escolar, como el resto de sus 19 compañeros de colegio, y la comunión tuviera lugar en día laborable. Un éxito en toda regla de la "operación imagen" de Doña Letizia. Para el gentío agolpado en Aravaca, el hecho de que la joven princesa recibiera la comunión en un lugar público y a la vista de los ciudadanos, era un gesto de incontrovertible normalidad y cercanía, aunque ello haya supuesto romper la tradición de la familia, ya que tanto el actual rey como sus hermanas recibieron la suya en la ermita de la Zarzuela.

El oficiante de la ceremonia no quiso contar si Felipe y Letizia comulgaron.

Ninguno de los padres de los niños que han comulgado ha querido dar detalles de la ceremonia. Sólo una de las madres señaló a la salida que “ha sido una ceremonia con normalidad, tampoco ha habido nada de especial. Mi sobrino la hizo el año pasado y fue igual. No nos han dado ninguna instrucción”. Extraño resulta, por eso, que ninguno de los padres presentes en el interior de la pequeña iglesia quisiera hablar y todos se negaran de forma tajante a aceptar preguntas sobre los detalles de la ceremonia. 

El acto religioso fue oficiado por fray Javier, capellán del colegio, ayudado para la ocasión por monseñor Gregorio Roldán. El altar estaba decorado con grandes flores blancas, asunto del que encargó el colegio Los Rosales. Con los pequeños situados alrededor del altar, Leonor ocupó un asiento en el lado derecho, según aclaró monseñor, que ayudó a dar la comunión a los presentes, pero que no quiso confirmar si los reyes habían comulgado o no: “Son secretos personales. Ellos ya… las cosas de la intimidad no se preguntan. Esto es una misa normal y comulga el que quiere”, para concluir con la retórica habitual sobre "la normalidad" que había presidido la ceremonia entera.  

Leonor, "muy nerviosa"

Los reyes y Sofía se situaron en el segundo banco, como el resto de padres de los niños. Las últimas bancadas estaban destinadas a los abuelos y al resto de allegados. Según el lenguaraz monseñor, todos los niños participaron de alguna manera en la ceremonia aunque, como no podía ser de otro modo, fue Leonor la que jugo papel especial en las lecturas litúrgicas. Finalizado el acto, la princesa de Asturias se mostraba radiante junto a sus padres y hermana. La heredera confesó a los medios hallarse muy contenta pero también "muy nerviosa" y confirmó que la celebración tendría lugar después en su casa de Zarzuela. Su padre también se manifestó encantado, asegurando que todo había sido "perfecto". 

Todos posaron con Leonor menos Ana Togores, segunda mujer del padre de Letizia.

Llegó entonces el momento de inmortalizar el acontecimiento para la posteridad, es decir, la hora de las fotos. Primero los reyes y sus dos hijas. Después se incorporaron al cuarteto Juan Carlos y Sofía para, instantes más tarde, hacerlo Rocasolano y Jesús Ortiz. Y hubo un momento en el que la abuela Menchu quedó más sola que la una y sin saber qué hacer... Entonces apareció por sorpresa el rey Juan Carlos para dar a todos una demostración de saber estar y mejor hacer. En efecto, Campechano I fue raudo, es un decir, en su busca para conducirla hasta el resto del grupo familiar, de modo que pudiera participar en la sesión fotográfica. Tanta normalidad plebeya no incluyó a Ana Togores, la única que no posó con la pequeña princesa. Minutos después, los reyes daban por acabada la sesión fotográfica, para, en compañía de sus hijas, despedirse de los presentes con el tradicional agitar de manos. Letizia protagonizó entonces dos momentos cariñosos. Uno, acercándose a Ana Togores para susurrarle algo mientras le tocaba la espalda. Otro, cuando atendió a un niño, un compañero de Leonor que acababa de recibir su primera comunión, que se acercó a la reina para entregarle un sobre marrón. Letizia lo cogió sonriéndole y acariciándole la cabeza como signo de agradecimiento. Los allí presentes volvieron a estallar en vitores y aplausos enardecidos. El noble pueblo español es así. 


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