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Pilar Rubio, la gafe más sexy

“Pilar Rubio da a luz a un niño y se apagan seis canales de televisión”. Bromas como esta inundan cada día las redes sociales. ¿Esto es lo que ha quedado de una de las presentadoras más prometedoras de los últimos años? ¿Todavía está a tiempo de salvar su carrera o ya no tiene nada que hacer? ¿Es Pilar Rubio la mujer más gafe de la televisión? Hoy las razones de uno de los mayores fracasos de los últimos tiempos.

Nunca un fichaje estrella se desinfló tan rápido como el de Pilar Rubio. La presentadora pasó de ser el principal reclamo para el público a aniquilar cada proyecto en el que se atrevía a participar. Un veneno para la audiencia que acabó tanto con programas de larga duración como con nuevos formatos o series de ficción. Ningún reto era suficientemente alto para que Rubio consiguiera cancelarlo. Pero, ¿fue realmente su culpa o se trató de simples y puras coincidencias? Hoy tratamos de dar respuesta a esta pregunta a través de cinco sencillos datos.

Una cara bonita siempre justifica un fichaje millonario

Pilar Rubio venía de triunfar -sobre todo entre el público masculino- gracias a sus reportajes en el programa Sé lo que hicisteis... La colaboradora paseaba sus largas piernas por todo tipo de eventos y hacía gala de un humor entre inocente y sensual -que hacía las delicias de los directivos de todas las cadenas-. Así que no fue de extrañar que Telecinco llamara a su puerta para ofrecerle una proposición que, evidentemente, no pudo rechazar. Además, la cadena tenía el precedente de Sara Carbonero -a la que también habían tentado para que abandonara La Sexta, ha terminado convertida en una de las presentadoras más populares y en un aliciente para las marcas que todavía continúa-. ¿Cómo iban a pensar que el caso de Pilar Rubio iba a ser tan distinto?

Empezar con buen pie, pero no con el tuyo, sino con el de Belén Esteban

El primer encargo de Telecinco para la presentadora fue encargarse de¡Más que baile!, un formato que había triunfado con TVE y con el que la cadena esperaba repetir éxito. Para ello sacó su artillería pesada y fichó a Carmen Lomana -estrella en ciernes en aquel momento- y a Belén Esteban, el recurso que nunca falla. El programa arrancó con buenos datos y mantuvo el tipo a lo largo de sus quince galas. ¿Por Pilar Rubio? No, por la de San Blas. El público quería ver a Belén Esteban tratando de bailar y poco le importaba quien presentara el show. Aun así, Rubio estuvo digna en su papel. Sin mucha empatía, ni mucho carisma, pero actuó de forma correcta, en la estela de presentadores a los que estábamos acostumbrados hasta la llegada de Jorge Javier Vázquez.

Operación Triunfo, la prueba de fuego

Tras la experiencia de ¡Más que baile!, Telecinco vio en Pilar Rubio la sustituta natural de Jesús Vázquez, al que habían traspasado a Cuatro para dejarle descansar una temporada. El problema es que la presentadora todavía no había conseguido sentirse cómoda en el plató -una cosa es presentar un reportaje durante diez minutos y otra hacerse cargo de una gala de dos horas de duración-.

Pero ese no fue el problema de la octava edición de Operación Triunfo. El formato OT llevaba mucho tiempo agotado y si algo había conseguido mantenerlo a flote era la presencia de Risto Mejide como jurado. El público ya no se emocionaba con los concursantes, como ocurrió con Rosa, Bisbal o Chenoa, sino que quería ver como Mejide les ponía los puntos sobre las íes. Evidentemente, ante la ausencia del colaborador, la audiencia cayó en picado y el programa terminó siendo cancelado en la quinta gala. ¿Fue culpa de Pilar Rubio? No exactamente, pero tampoco contribuyó a mejorar nada.

Piratas, una serie maldita desde el primer momento

Telecinco pensó que si los concursos no eran el fuerte de Pilar Rubio, mejor probar otra cosa totalmente distinta, y la puso al frente de Piratas -una serie que pretendía revolucionar el panorama televisivo y que costaba la friolera de600.000 euros el capítulo-. La cadena preparó una promoción intensa y agresiva para su estreno y funcionó -también aprovechó para que Rubio se bañara desnuda en una cascada, que siempre alegra la vista- pero el globo se desinfló rápidamente.

La serie perdió casi un millón de espectadores en su segundo capítulo, y pese a los intentos de la cadena, aprovechando el tirón de Supervivientes, terminó siendo un fracaso. Ni el argumento, ni el talento interpretativo de la presentadora convencieron al público y Mediaset tiró a la basura un presupuesto de cuatro millones de euros. Ahí es nada.

El remate final, una nueva versión de El Semáforo

En 2012, Telecinco decidió dar una nueva oportunidad de la presentadora, que tenía una vinculación contractual con la cadena de tres años -con un sueldo de 300.000 euros al año-. Para ello, le ofreció el programa Todo el mundo es bueno, un concurso de talentos donde los participantes debían conseguir entreteneral público para que les dejara estar 100 segundos en el plató -un formato que recordaba mucho al mítico El semáforo, que presentó Jordi Estadella en Televisión Española-. Para dotar de más diversión al conjunto, ficharon a José Corbacho como copresentador.

Y como era de esperar, el programa duró seis semanas, hasta que fue cancelado por unos ridículos datos de audiencia. ¿Hubiera fracaso sin la presencia de Pilar Rubio? Posiblemente, pero el desastre de OT y Piratas había calado tanto en los telespectadores que ya nadie confiaba en el buen hacer de la presentadora.

Tras toda esta serie de despropósitos, Mediaset anunció que iba a romper el acuerdo con Rubio y que prescindiría de sus servicios por el momento. El drama llamaba a la puerta de la presentadora, al menos en el terreno profesional, ya que su vida privada iba viento en popa -Rubio había roto con su novio heavy de toda la vida y había empezado una relación con el jugador de fútbol Sergio Ramos, con el que acaba de tener un hijo-.

Ahora, tras un breve paso por La Sexta como invitada de honor de la versión para fin de semana de El Intermedio -que también acabó cancelada-, fichó por El Hormiguero, un programa seguro, fiable, asentado y en el que Pilar vuelve a tener un papel secundario. ¿Quiso abarcar demasiado la presentadora? ¿Le pasó factura tanta prisa? Y, sobre todo, ¿podrá desprenderse en algún momento de esa etiqueta de gafe? Sinceramente, lo tiene complicado.


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