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Diez razones para sustituir a Santa Claus por los Reyes Magos

Columnistas de los diarios económicos de todo el mundo se preguntan cómo es posible que España mantenga dos instituciones como los Reyes Magos y Santa Claus en medio de la actual crisis. Por separado, cada uno de ellos está detrás del mayor gasto anual en bienes no productivos; juntos componen narrativas irreconciliables. Muchos expertos han señalado que esta dicotomía llevará a nuestro país a la quiebra o a la esquizofrenia en menos de 15 años. Llegado el momento de decidirnos por uno u otro, Marabilias da las 10 razones por las que Santa debe ser rechazado en beneficio de los Reyes Magos.

El rey Melchor muestra su majestuosidad por las calles españolas un cinco de enero (Gtresonline).
El rey Melchor muestra su majestuosidad por las calles españolas un cinco de enero (Gtresonline).

10. La unión hace la fuerza

¿En qué valores queremos educar a nuestros hijos? Decimos que en los de solidaridad y trabajo en equipo, pero ¿hay peor ejemplo que un señor que vive solo en el Polo Norte y ha creado la mayor industria mundial de una sola persona? Ni un solo puesto de trabajo, aparte del suyo, para un emporio que mueve billones en todo el mundo. Frente a este oligarca insolidario, los Magos representan la colaboración, el esfuerzo y, no lo olvidemos, la integración: uno de ellos es un trabajador negro inmigrante, perfectamente adaptado a su entorno.

No hace falta mencionar que cada año contratan miles de pajes. Celebremos además que su empresa no aceptó el cambio de nombre que propuso Ignacio González (Vodafone-Reyes Magos), ni tampoco participar en la operación de rebranding sugerida por Ana Botella para que fueran conocidos como MEGABASA-Madrid.

9. Cuestiones de peso

Ponemos en un pedestal a algunos personajes y les presentamos como modelos para los niños. ¿Se supone que luego nos debe dar igual cómo actúen en público? Es obvio que Santa Claus tiene un problema de sobrepeso que intenta ignorar. Ya es complicado que los niños aprendan a comer de todo (con cientos de restaurantes que han rebautizado la comida basura como “menú infantil”) sin necesidad de que un personaje público como él lo haga todavía más difícil.

8. Falta de recomendaciones

La literatura antigua nos habla del buen carácter e intachable trayectoria ética de los tres Reyes Magos. Pero este Santa Claus ¿de dónde sale? Permítasenos poner en duda su versión, ya que no existen clínicas infantiles a menos de 2200 Km del Polo Norte. Y el hecho de que viva sólo ¿qué dice sobre su temperamento?

No daremos pábulo a comentarios malintencionados sobre por qué un solitario hombre de su edad quiere acercarse a los niños por la noche, pero nos preguntamos ¿qué oculta tras su descuidada barba? En fin, la idea de que pudiera llegar al portal de Belén siguiendo una estrella circumpolar hace que nos entren ganas de gritar ante tanta credulidad.

7. La cabalgata

Todavía no hemos oído a los ecologistas protestar ante el evidente peligro de transportar por aire un tiro de renos de más de 300 kilos cada uno, aparte del despilfarro de usar esta vía para el transporte de mercancías pesadas. No está claro cuál es la fuente de energía que utiliza Santa Claus, pero ya sea fuel tradicional o, como sospechan muchos, energía atómica, este procedimiento de envío es una grave amenaza al medio ambiente y un despilfarro energético, aparte del peligro para los animales.

6. Respeto a las instituciones

El único argumento que ofrecen los defensores de Santa Claus frente a los Reyes Magos es que éstos representan la tradición caduca de la monarquía. Pero esta afirmación se basa en una tergiversación de sus curricula, donde dice que son “hombres sabios de Oriente”. Ellos nunca han dicho que sean reyes. Además, ¿alguien ha visto al rey de España por la calle con corona? Claro que no. Esa es precisamente otra indicación de que no son reyes en el sentido estricto del término.

5. Abracemos la diversidad

Los defensores de Santa Claus (Hollywood entre otros) hace tiempo intentan que cale el mensaje de que tres moros que andan por las noches con unos sacos a cuestas deben necesariamente estar transportando drogas, armas, explosivos o, lo que es peor, CD pirateados. Esta imagen es sumamente injusta para quienes conocemos la gran labor humanitaria de Melchor, Gaspar y Baltasar. España debe esforzarse en mantener sus relaciones privilegiadas con los países Árabes, y renunciar a la centenaria tradición de los Reyes Magos sería un paso en la dirección equivocada.

4. Una cuestión estética

La indumentaria de los Magos ha servido de inspiración a los mejores artistas europeos. ¿Por qué entonces fomentar el ejemplo de un personaje cuya ridícula indumentaria sólo sirve de parodia? ¿Y ese reno ebrio? Por favor, todo en Santa Claus es un tremendo error estético que empeora con cada revamping.

3. Fomentemos el comercio justo

Incienso y mirra están exclamando “apoya el comercio tradicional”. Santa Claus, por su parte, siempre aparece manejando un gran contenedor de paquetes perfectamente embalados para su distribución masiva, lo que delata los intereses de la gran industria que le apoya.

2. Necesitamos una narrativa sólida

Los Reyes Magos tienen tras sí la gran construcción mitológica necesaria para sostener hasta los ocho años la ilusión y el escrutinio de millones de niños: apoyada por textos respetados, hay una clara línea argumental que explica el por qué de los regalos, el viaje, etc. Pero en Santa Claus todo es contradictorio ¿cuál es su motivación, para empezar? La convivencia de ambas narrativas exige a los niños un esfuerzo de credulidad que a la larga les perjudica, anulando los esfuerzos del sistema educativo por crear ciudadanos críticos.

1. Santa Claus es un anticlímax

Las Navidades son sobre todo la fiesta de los niños. Quien colocó la fiesta de los Reyes después de la Navidad y el Año Nuevo era un genio del timing: así se crea una maravillosa tensión ascendente que desemboca en el clímax de todas las celebraciones en el hogar, la noche con la que sueñan los niños durante todo el año, respetando a la vez el sentido de cada fiesta. Pero el chapucero oportunista que decidió repartir los regalos la misma noche de Navidad lo ignoraba todo sobre cómo funciona la tensión dramática, la evolución narrativa, la fantasía y unas fiestas familiares donde, por encima de todo, queremos que los niños sean felices y se porten bien hasta el final conservando la cordura entre la locura colectiva de los adultos.


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