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¡Salvemos a North West!

Desde hace varios días, un grito unánime viene inundando las redes sociales: ¡Salvemos a North West! La sobreexposición mediática de la hija de Kim Kardashian y Kanye West ha despertado el rechazo social y la preocupación por la integridad de la pequeña. ¿De verdad no hay un sitio mejor para una niña de año y medio que un desfile de moda? Algo se nos está yendo de las manos...

¿Alguien le ha dicho a Kim Kardashian que una niña no es equiparable a un bolso? La socialité más famosa del mundo parece que ha encontrado en su pequeña North West al complemento perfecto para sus estilismos. No solo la viste para que haga conjunto con su propio vestuario -la moda de vestir a los niños como si fuesen adultos en miniatura debería finalizar cuando choca con el sentido común-, sino que carga con ella a eventos, presentaciones, desfiles y alfombras rojas para, muy a nuestro pesar, asegurarse una cobertura mediática de mayor envergadura. La última de las Kardashian es una estrella con nombre propio y tiene el sitio reservado allí donde su madre decida llevarla, pero, ¿hasta qué punto es necesario?

No es que la sobreprotección que algunos famosos hacen de la intimidad de sus hijos sea, posiblemente, la mejor forma de enfrentarles a una realidad que les va a perseguir durante toda su vida -quiera o no, la hija de Beyoncé va a atraer la atención de los medios, pese a que se dedique a una profesión completamente opuesta a la de su madre-, y menos si, de forma paralela, posan con ellos cuando les resulta rentable -nos encontramos con situaciones tan inverosímiles como que los programas de televisión pixelen las exclusivas de las revistas donde sí se puede ver la cara de los pequeños-. Pero, sin duda, el abuso de la presencia mediática de menores no puede traer nada bueno

A la pobre North la hemos visto protestando en brazos de su madre mientras ésta asistía impasible a un desfile, refunfuñando y pataleando en eventos no pensados para la asistencia de niños y hasta llevando un chaleco antibalas debajo del vestidito por si ocurre algún atentado. Y no es la única. Los hijos de Victoria y David Beckham también están más que acostumbrados a asistir, desde muy pequeños, a eventos sociales, entre los que no pueden faltar las semanas de la moda y los desfiles de su propia madre -el único caso en que aún tendrían alguna justificación-. Una moda que también siguió Suri Cruise, hija de Tom Cruise y Katie Holmes, toda una it-girl cuando todavía no sabía ni sumar cuánto se estaban gastando sus millonarios padres en su vestuario. 

Las Kardashian están acostumbradas a documentar cada detalle de su vida en su reality Keeping Up with the Kardashians y, la verdad, les ha salido muy rentable. La familia más mediática de América ha mostrado sus lujos, sus miserias, sus embarazos, su relaciones sexuales -de acuerdo, en este caso sin querer-, sus enfados y sus reconciliaciones previo pago de auténticas fortunas. Claro, quién es el valiente ahora que les dice que dejen a North tranquilita, que la niña está para jugar y aprender, no para llevar abrigos de piel valorados en miles de dólares. El monstruo lo hemos creado nosotros y ahora nos llevamos las manos a la cabeza. ¡Aún nos pasa poco! 

Le pedimos serenidad y contención a los Kardashian-West mientras convertimos en noticia cada uno de los outfits que eligen, cada una de sus salidas de tono y cada una de sus declaraciones impactantes -¿de qué hablaríamos si Kim Kardashian no hubiese protagonizado aquella sex tape? ¿De Paris Hilton?-. Al menos, Belén Esteban se ha abstenido de pasearse con Andreíta por los eventos a los que haya podido asistir -y eso no evitó para que el Defensor del menor actuara, aunque sin demasiado fundamento-. ¿Se imaginan un '¡North, coño, cómete el pollo!' gritado desde una ventana de los Hamptons? Pues en esas estamos. Confiemos en que alguien se apiade de la niña lo antes posible. Por favor, #FreeNorthWest


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