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La ruina de apellidarse Pantoja

¿Qué precio hay que pagar por haber nacido con un apellido famoso? Puede que los simples mortales nos dejemos deslumbrar por el dinero fácil y la vida acomodada y nos demos cuenta de la cruz que supone llevar a cuestas un apellido como Pantoja -y más en estos momentos-. Pero si echamos un vistazo a la familia de la tonadillera, encontraremos de todo menos alegrías y satisfacciones. Y si no, que se lo pregunten a Anabel Pantoja, la última damnificada, que ha terminado enseñando las 'pantojitas' en portada.

Anabel Pantoja ha posado con Torito para la revista Primera Línea.
Anabel Pantoja ha posado con Torito para la revista Primera Línea.

Cada vez que Kiko Rivera acude a un plató de televisión para hablar, previo pago, de los recovecos que su vida privada que estén más de moda, se escuda tras el mismo argumento. “Soy hijo de Isabel Pantoja y Francisco RiveraPaquirri”. Cree el DJ que por haber nacido en el seno de una de las familias más populares de las últimas décadas merece un trato especial por parte de los que no han tenido esa suerte en la vida, o al menos, así nos lo deja entender. Sin duda, ser hijo de un personaje famoso es un estigma difícil de sobrellevar, sobre todo si uno quiere permanecer en un segundo plano -que no les engañe nadie, el que no quiere salir, no sale-, pero también reporta unas ventajas a las que la familia Pantoja está más que acostumbrada.

Los Pantoja han canalizado la fama de la matriarca de la peor forma posible.

Gracias a los movimientos de cola de la tonadillera, sus hijos, hermanos y sobrinos han podido pasearse por los eventos más rentables como si de estrellas se tratara, haciéndose fotos con los fans, firmando autógrafos y dejándose acariciar por la suave mano de la popularidad. Pero, ¿a qué precio? Los Pantoja han canalizado la fama de la matriarca de la peor forma posible. En lugar de aprovechar para labrarse un porvenir mediático sólido, han caído a la primera de cambio, protagonizando movimientos poco acertados y que han terminando con más penas que alegrías. Desde los intentos musicales de Agustín, hermano y protector de la cantante, que quedaron en nada, hasta las aspiraciones televisivas de Chabelita, un salto al vacío sin red que duró menos que un suspiro. ¿No podían haberlo hecho un poquito mejor? ¿Tan sólo un poquito? Echemos un vistazo y lo comprobarán:

Kiko Rivera, el DJ en horas bajas

Los intentos de capitalizar la fama de los miembros del clan Pantoja han sido muchos y variados. Kiko Rivera, el triunfador de la familia, el que recorre las discotecas españolas para posar junto a lo más nutrido de la juventud nacional, vio en la música un futuro asegurado. Se convirtió en DJ, paseó su arte por los principales sitios de marcha y ganó miles de euros. Todo estupendo hasta que decidió embarcarse en un reality de seguimiento para Mediaset, en el que se le podía ver como acudía a sus bolos con una profesionalidad no demasiado interiorizada. El resultado fue un golpe casi mortal para su imagen, acompañado de una bajada del caché, teóricamente por culpa de la crisis. Y no contento con esto, aparece en Gran Hermano VIP, dispuesto a comer y tumbarse en el sofá hasta que, a los quince días, recogió las maletas y se fue a su casa. ¿Agotamiento mental o un contrato pactado de antemano? Solo las mentes pensantes del concurso lo saben.

Anabel Pantoja, la eterna aspirante

Animada por el 'éxito' mediático de su primo Kiko, Anabel Pantoja también quiso ser famosa. Eso sí, directamente en segundo plano. La carrera de la sobrinísima es meteórica. Ha sido defensora de su primo, portavoz de su tía y gancho en Mujeres y hombres y viceversa. Y si con eso no tiene bastante, también se atrevió a ir a Supervivientes y tuvo que volver a la primera de cambio. Ahora, viendo que su futuro profesional está más tambaleante que nunca -mientras su primo ha estado en GH VIP ha podido ganar un dinero en los platós, pero ya se le ha terminado el tirón-, ha decidido desnudarse, muy elegantemente, en la revista Primera línea, con declaraciones maravillosas sobre felaciones y las incomodidades propias de los encuentros sexuales. Pero ojo, no le digan nada, que están hablando con la sobrina de Isabel Pantoja y eso, quieran o no, es mucho arte.

Chabelita, la it-girl con menos desparpajo

Chabelita, la estudiosa de la familia, la políglota educada en los mejores colegios, en cuanto llegó a la mayoría de edad siguió a rajatabla los pasos de su hermano. Posó en una revista presentando a su hijo recién nacido -en una ventanita pequeña, ya que los responsables de la revista tampoco querían darle mucho bombo al asunto-, fichó por un programa de televisión para convertirse en it girl y se cayó de la escaleta al segundo intento. Aprenderse un guion y recitarlo bien no era su punto fuerte. Dejó el faranduleo y pregonó que iba a dedicarse a estudiar en Londres, para tener una formación competitiva -con reportaje en exclusiva de por medio-. La intención ha sido buena, pero la constancia no es el fuerte de los Pantoja. Ahora prepara el bikini para concursar en Supervivientes. ¿Conseguirá aguantar en el reality y no abandonarlo como su hermano?

Imaginamos que la tonadillera, desde su descanso carcelario, observará como su familia va encadenando malas decisiones y algún que otro bochornoso comportamiento, pero, claro, ¡qué más da! ¡Si provienen de una de las familias más importantes del país! ¿No creen que podrían haber aprovechado la popularidad con un poco más de cabeza? Sabemos que es mucho pedir, pero, ¿no les da un poco de pena? Adopten a un Pantoja. El mundo se lo agradecerá.


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