Francisco y Cayetano Rivera empezaban el año de forma muy distinta. El mayor, el primogénito -el que decidió ponerse Paquirri como nombre de torero- parece haber encontrado el amor junto a Lourdes Montes, una abogada que en cuanto olió los frutos de la fama, abandonó su vocación jurídica para convertirse en diseñadora de moda y 'señora de', un oficio mucho más rentable y menos esclavo -y, de paso, aprovechó para darle un empujón a la carrera de modelo de su hermana-. Francisco y Lourdes protagonizaron una boda muy alejada del primer matrimonio del torero, con duquesas, catedrales y coronas de perlas y diamantes. El diestro decidió avergonzar a todos los asistentes -entre los que no estuvo su hermanastro Kiko Rivera- obligándoles a llevar chistera durante la ceremonia y banquete. Puede que Fran creyera que estaba celebrando una boda en Ascot, cuando, en realidad, lo estaba haciendo en una polvorienta finca en Ronda. Un despiste lo puede tener cualquiera.

Ya casado, enamorado y hablando de tener hijos, Francisco empezó 2014 en plena batalla legal por la custodia de su hija Cayetana. Para ello, no dudó en acudir a platós de televisión, presentaciones de productos o entregas de premios a contar su dramática historia y la poca confianza que tiene ya en la justicia -la misma justicia a la que no duda en acudir cada vez que necesita proteger su honor-. Tal vez por esta complicada situación, tal vez por su incierto futuro ahora que se encuentra separado del toreo, tal vez por las huellas que el tiempo le va dejando llegado a la cuarentena, o tal vez por todo junto, Francisco Rivera es un hombre triste. No importa que diga que se encuentra feliz, que quiere pasar el resto de su vida con su mujer o que está ilusionado con volver a ser padre, su voz, su gesto y su mirada denotan una tristeza tan absoluta que invitan a cambiar de canal de televisión rápidamente. 

Cayetano no interesa desde que se separó de Eva González

Pero no crean que Cayetano ha tenido mejor suerte. El guapo de los Rivera, el que hizo sus pinitos como modelo antes casi de ser torero, no ha conseguido ni estabilizar su vida personal. Separado de Eva González desde 2013 -aún llegaron a acudir juntos a la boda de Fran y Lourdes, chistera incluida- el torero no sabe qué hacer con su vida. Ahora, lejos de los ruedos y de las fiestas, ha decidido dar una vuelta al mundo en ochenta días, narrada en exclusiva para la revista ¡Hola!, para recaudar fondos para ayudar a los menos favorecidos. El problema es que la iniciativa es tan necesaria, por su objetivo, como aburrida, por su protagonista. Cayetano no interesa más allá de por su físico, su educación y un porte que mantiene mucho mejor que su hermano. No es divertido, no ha nacido con el don de contar historias y, desde que ha perdido los favores de Eva González, ya no interesa ni a las revistas del corazón. Y puede que él esté contento con desaparecer del mapa, pero viendo su incierto futuro profesional, de algo va a tener que vivir Cayetano.

No han sabido mantener el legado de su madre

Los hermanos Rivera lo han tenido todo y nada a la vez. Una madre como Carmina debe marcar la infancia tanto como un padre como Paquirri, y más cuando la desgracia hizo que casi ni le conocieran. Pero Carmen Ordóñez tenía un magnetismo, un control de los medios y una entrega que sus hijos no han heredado. Francisco y Cayetano serán siempre famosos. Les viene de cuna y no podrán evitarlo aunque traten de jugar en la lista del ‘famoso anónimo’, es decir, aquellos personajes populares que únicamente quieren serlo cuando el viento les sopla a favor -ser famoso para cobrar una exclusiva millonaria pero no serlo para ir a dar una vuelta en bici-. El público, la sociedad en general, tolera mucho mejor a aquellas celebrities que son consecuentes con sus actos. No importa que sean muy simpáticos o totalmente desagradables, siempre que sepan mantener una línea argumental, al menos, se ganan el respeto de los demás. Y las críticas, claro, pero eso viene unido a exponerse.

Francisco y Cayetano hace tiempo que no ven el norte y se les nota. ¿Dónde han quedado aquellos chicos guapos, jóvenes y graciosos que acudían a los lugares más exclusivos de Sevilla? Ahora vemos a dos hombres que no encuentran su estilo, ni su sitio, ni su diversión. Aunque si les comparamos con sus otros dos hermanastros, Julián Contreras Junior, el portavoz de la familia aunque parezca que nadie se lo ha pedido, y Kiko Rivera, el vividor transformado en padre amantísimo, no sabemos cuál de los cuatro nos provoca más tristeza y/o aburrimiento. ¿Es este el star-system que tenemos en España? Normal que luego nos quedamos fascinados con las historias que nos llegan desde Hollywood, porque lo nuestro... Lo nuestro no tiene nombre.


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