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Peluqueras antes que famosas

La peluquería es un comercio clave en cada calle y en cada barrio. Un negocio en el que los tratamientos de belleza y la psicología doméstica se dan la mano. Clientes y sobre todo clientas le cuentan a su peluquera de cabecera sus problemas del día a día, así como lo que opinan sobre lo divino y lo humano que cuentan las revistas del corazón.

La relación entre peluquerías y prensa rosa es algo que parece que siempre ha estado ahí; no se sabe desde cuándo, ni tampoco quién fue el primer oficial que pensó que el ¡Hola! y el Diez Minutos interesarían muchísimo a sus clientas. Precisamente, esas páginas de papel couché que las clientas ojean mientras esperan su turno, están llenas de estrellas, famosas y famosillas, las cuales, en ocasiones, también se dedicaban en el pasado al arte de teñir, peinar y marcar.

Las divas peluqueras

Marta Sánchez es una cantante de éxito internacional que incluso coqueteó con el cine en aquella mítica e incomprendida película Supernova. Lo que muchos no saben o no recuerdan es que la intérprete de Desesperada cogía el secador antes que el micrófono. De hecho, hay quien afirma que si formó parte de Olé Olé fue porque el difunto Juan Tarodo la descubrió lavando cabezas. Personas cercanas a la artista afirman que Marta tiene muy buena mano en esta disciplina, y que ella misma se peina de maravilla a sí misma, sabiendo cómo sacarse el mejor partido capilar.

Entre Marta Sánchez y Mariah Carey podría trazarse cierto paralelismo. La cantante norteamericana, que también tuvo un gran batacazo cinematográfico cuando quiso hacer sus pinitos como actriz en el séptimo arte con Glitter, comenzó de peluquera al igual que la española. Mientras intentaba abrirse paso en el mundo de la música, la Carey realizó todo tipo de trabajos para sobrevivir, no solo en peluquerías, sino también en negocios hosteleros en los que hacía las veces de camarera, costeando así sus primeras maquetas.

La familia de Rociíto

Dos mujeres relacionadas con la vida de la actualmente presentadora Rocío Carrasco han trabajado también con el mundo del cabello, y casualmente, ambas han acabado como diplomadas en la universidad de la prensa rosa con máster en concursar en realities.

Por un lado está Rosa Benito. La cuñada de Rocío Jurado acompañó a la chipionera más universal durante sus giras y era la encargada de arreglar el pelo a la más grande. Rosa y solo Rosa era la responsable de que el agujero de la capa de ozono creciese paulatinamente, sin pausa pero sin prisa, cardando el pelo a la Jurado con la mejor laca antes de que ésta entonase el Como una ola o Como yo te amo. De vez en cuando, Benito cuenta por televisión que no tiene un euro, pero parece que entre sus planes de futuro no está el volver a peinar a nadie, y que ya su perfil profesional es el de tertuliana, no el de asesora de belleza.

Por el otro, está la que fuese madrastra de Rocío Carrasco, Raquel Mosquera. Raquel era una joven peluquera, humilde y pizpireta, que fue a enamorarse del exboxeador Pedro Carrasco, del que le separaba una notable diferencia de edad. Como el amor no entiende de años, ambos acabaron casándose y convirtiéndose en una de las parejas más divertidas y amables del corazón. Ya por aquel entonces, Raquel compaginaba sus labores de famosa, entre las que estaba asistir a telemaratones o dar exclusivas, con la rutina que implicaba dirigir su propio negocio, el mismo en el que los peines, las mechas y las permanentes eran tan importante o más que los periodistas que la esperaban en la puerta.

Mosquera defiende que su dedicación al universo de la belleza es algo más que vocacional, y que si a día de hoy realiza tratamientos de queratina o coloca extensiones es porque ya desde pequeña peinaba y maquillaba a sus muñecas.

Dueñas de su propio negocio

La actriz Belén López, de Amar es para siempre, y que ha trabajado con cineastas tan destacados como José Luis Garci (Holmes & Watson. Madrid days), es una profesional no solo de la interpretación sino también de los tratamientos de belleza, labor en la que comenzó bajo la tutela de su madre. Su envidiable currículum como artista no le ha hecho alejarse de las tijeras, y de hecho, regenta su propio negocio de peluquería y estética llamado Bel&Co en su Sevilla natal.

¿Cómo podría calificarse a Rupert? ¿Como peluquero, como showman, o sencillamente como una estrella? Su arte con el peine le grajeó una nutrida clientela de personajes famosos, y esas amistades le llevaron a acudir a programas de televisión como entrevistado o colaborador en más de una ocasión. Mítica fue aquella pelea en el programa Con T de tarde a finales de los noventa enfrentándose a Carmen Ordoñez después de que la divina no le permitiese tocar su frondosa melena tal como indicaba el guion. El maestro del peinado, ese que diseñó el pelo bicolor de Mónica Naranjo originalmente para Madonna, en un ataque de ira le dijo a Carmen: “Si yo no te toco, no te va a ir bien”. Ordoñez no se dejó tocar, y ya sabemos cómo acabó la pobre. ¿Sería acaso una maldición del peluquero?

De celebrities a peluqueras

Por otro lado, artistas que durante un tiempo tuvieron cierta fama y que años después acabaron dedicándose a la peluquería y la estética, tal como es el caso de la cantante Princessa (que primero tuvo una etapa Disney y luego se reinventó como diva de los 40 principales) o Nikki Blonsky, la rolliza norteamericana que protagonizó el filme Hairspray (que curiosamente significa laca) junto a John Travolta.

Como broche de oro, cabe destacar todos aquellos concursantes de realities españoles que comenzaron entre trenzas y cardados y que luego fueron pequeñas estrellas del show business con más o menos recorrido, desde Silvia Casado de Gran Hermano 1 a las gemelas de Los Palacios de Gran Hermano 9, pasando por ‘triunfitas’ como Mireia Montalvés y Verónica Romeo.


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