Ha sido el lugar donde Michael Douglas ha vivido los momentos más felices de su vida (el último, este mismo año, su reconciliación con Catherine Zeta Jones), pero ha llegado el momento de decir adiós a Mallorca. De acuerdo con el diario británico Daily Mail, el actor y su primera esposa habrían decidido poner a la venta la finca S’Estaca, ubicada en la localidad mallorquina de Valldemosa, por un precio aproximado de 50 millones de euros.

Comprada por Michael Douglas y Diandra Luker cuando se casaron, S’Estaca es una espaciosa finca de 100 hectáreas con varios pabellones con nombres tan evocadores como la cása árabe ubicada en la piscina o la casa italiana. En el terreno, dispuesto en terrazas ajardinadas, hay también viñedos y huertos de producción ecológica. La prensa ha podido publicar a lo largo de estos años multitud de imágenes del interior y las piscinas de S’Estaca, aunque no con el actor dentro: a partir del divorcio de su primera esposa, Douglas compartía la casa con ella por periodos de seis meses y a Diandra siempre le gustó hacer posados en el interior de la mansión.

La presencia de Michael Douglas en Mallorca supuso durante años un imán para autoridades y políticos locales. 

El intérprete de Un día de furia, por el contrario, trató siempre de evitar la mirada de la prensa, llegando a levantar un muro ilegal que le supuso un conflicto con las autoridades locales a mediados de los años 90. El Ayuntamiento y el Govern balear trataban de proteger el valor histórico del complejo, ya que un siglo antes de los amoríos de Douglas, S’Estaca había sido el escenario de la pasión que Luis Salvador de Austria, enamorado de la isla que llegó a ser conocido como S’Arxiduc, sentía por la mallorquina Catalina Homar.

A pesar de los problemas urbanísticos derivados de las obras iniciadas por el hijo de Kirk Douglas, su presencia en Mallorca supuso durante años un imán para autoridades y políticos locales. Douglas pasó a ser un miembro destacado de la comunidad, asistiendo a actos junto a los entonces felices duques de Palma o levantando espacios culturales multiusos como Costa Nord que luego acabarían siendo comprados –por el doble del dinero invertido inicialmente– por el gobierno autonómico de Jaume Matas. Centro cultural, todo sea dicho, que había sido construido como compensación por haber levantado aquel otro muro antipaparazzi.


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