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El gafe de las chicas de Michael Bay

Cada vez que Michael Bay estrena película, dos sonidos se suceden simultáneamente y en sucesión: el de la caja registradora y los cuchillos de los críticos afilándose.

Armageddon, Transformers, La Roca, Dos Policías Rebeldes... El cine del californiano fue desde su principio el epítome de la histeria y sensualidad videoclipera, de los amaneceres eternos de los noventa, la destrucción de ciudades europeas -¡bah! extranjeros...- y los campos de batalla urbanos; todo ello entre macizas y estereotipos raciales. A Michael Bay, realizador procedente de la publicidad, no le interesa explicarnos nada, sino introducir al espectador en un mundo en el que las supermodelos se pasean entre cañones del ejército, cochazos product placement y también muchas, muchas cosas que explotan. Y por eso y para celebrar el Apocalipsis, o mejor dicho, la Extinción, les presentamos a las chicas del mayor director de películas de verano que camina vivo sobre la tierra.

A pesar del desprecio de Bay por la narrativa en sus películas, nosotros respetaremos el órden cronológico y comenzaremos por el principio. A la pobre Téa Leoni, el adorno femenino de Will Smith y Martin Lawrence en Dos Policías Rebeldes(1995), las cosas no le fueron demasiado bien. Su matrimonio con David Duchovny fue como poco tempestuoso, debido a la adicción al sexo del actor. Y su carrera se estancó tras el éxito de Deep Impact, una de las dos cintas de meteoritos estrenadas en 1998. A Gabrielle Union, su sustituta en la nigga secuela de 2003 -descrita por alguien como la película más llena de odio de la historia- las cosas le fueron todavía peor: tras una poco interesante filmografía y algunas intervenciones en series de televisión fracasadas -su último trabajo data de 2009-.

Liv Tyler, hija del cantante de Aerosmith Steven Tyler, había debutado a primeros de los noventa y muy pronto Bernardo Bertolucci la echó el ojo para Belleza Robada, el filme que la consagró. Y de Bertolucci a Michael Bay solo hay un paso, eso todo el mundo lo sabe: la joven apenas había llegado a la mayoría de edad cuando hizo de interés amoroso de Ben Affleck e hija de Bruce Willis en Armageddon (1998), un triángulo familiar con barras y estrellas encima y el montaje de despedida 'coolest ever'. Tyler intervino después en la trilogía de los anillos de Peter Jackson e incluso coprotagonizó otro blockbuster, El increíble Hulk, pero su carrera perdió interés a marchas forzadas. En estas circunstancias su retirada a la televisión era cuestión de tiempo y honor: al menos, lo ha hecho con una de las principales series de HBO para la presente temporada, la recién estrenada The Leftovers.

Llegamos al meollo metálico de hoy. Lo reconozco: la tetralogía Transformers, cima del arte de Michael Bay -si el arte fuera una maciza disparando un mortero mientras coches de otro planeta vuelan sobre edificios art déco un atardecer de verano-, es el verdadero motivo de estas marrulleras líneas. La primera entrega de 2007 nos descubrió a ritmo de Drive, de The Cars, el erotismo animal del más bello producto salido de un remolque sureño en Estados Unidos. Megan Fox era su nombre, y se paseaba por el plano como si el mundo fuera su pasarela y nosotros sus esclavos.

Tras abrir el capó de nuestros sentimientos, en la mejor escena de erotismo adolescente jamás filmada, Megan resultó menos dócil de lo que los productores esperaban. Solo tuvo que llamar 'nazi' al director y 'subnormales' a sus fans para acabar de patitas en la calle antes de la tercera película y redondear el mito de la bocazas de Megan. Su reemplazo inmediato fue la británica Rosie Huntington-Whiteley, vieja conocida de Bay a raíz del trabajo de ambos en Victoria’s Secret, ella delante y él detrás -de las cámaras-, en la imposible película de El lado oscuro de la luna. La presentación del personaje, con su culo en primer plano subiendo unas escaleras en pornográfico contrapicado, nos anunciaba que iban a por todas con la calificación por edades. Pero era evidente: aunque Rosie pronunciaba bien y actuaba mejor, no era Ella, carecía del carisma choni de Megan, nuestra Megan. Tranquilos, la historia tiene un final feliz: la americana termina convertida en responsable madre de familia, hace las paces con nuestro ídolo y protagoniza su próxima producción, la reflexiva adaptación de la obra gráfica ahora titulada Ninja Turtles (estreno 26 de septiembre).

Llega el turno de Transformers: La Era de la Extinción y de Nicola Peltz, sustituta de las anteriores a la hora de correr con explosiones detrás y lidiar con semejante subtítulo. Con 19 añitos y la serie Bates Motel a sus espaldas, Nicola tiene dos horas y tres cuartos para encontrar la historia en la nueva película mientras los críticos se dan de bofetadas en sus propios carrillos. Ella podría ser la prueba de que Michael Bay no es gafe para sus actrices. Algunas como Scarlett Johansson, que protagonizó su filme menos exitoso, La Isla (2005) y Kate Beckinsale, vista en Pearl Harbor (2001), han logrado permanecer en el candelabro durante años y por sus propios méritos, sean cuales sean éstos. Pero las triunfadoras no nos interesan, a nosotros nos gustan las otras, las que se quedaron en la cuneta pero permanecen en nuestro recuerdo. Sí, nos seduce el épico aroma del fracaso, la fragancia del pelo y los pendientes de aro, entre pólvora y explosiones.


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