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Ponga un Wert en su gabinete

Quizá para mí el punto a su favor que destaca sobre la media al Ministro de Educación José Ignacio Wert es que como no tiene ningún tipo de aspiración política ulterior puede desarrollar con libertad la tarea encomendada, que no es otra que enderezar de una maldita vez nuestra errática y también herratica política educacional.

Antes de nada decirles que Wert es un señor que está licenciado en Derecho con premio extraordinario y también tiene el premio Calvo-Sotelo, lo digo para aquellos que pretenden saber si el titular de una cartera que tiene casi todas las competencias trasnferidas (primer error, pues a mi entender debe ser ésta política de Estado) pasaría un hipotético examen. Además, ha sido asesor de Adolfo Suárez o del presidente del BBVA en materia de tendencias sociológicas.

Fundador de empresas de opinión y trabajador de RTVE en los años difíciles, el ministro es incapaz de transmitir claramente lo que pretende; mejorar un sistema que no funciona y cuyas leyes siempre han sido las que imponía el PSOE. El 25% de nuestros estudiantes abandonan la educación obligatoria sin concluirla y tenemos una tasa bajísima de alumnos excelentes, son datos no opiniones.

Esto por no hablar de lo mal que está aquí la FP y que parte del tiempo de Wert se dedica a aclarar prejuicios, despejar mala fe y aclarar las cosas que se dicen de su LOMCE pero que no son ciertas pues pocos la han leído. De hacerlo se darán cuenta que destila sensatez por los cuatro costados. Tan es así que ningún partido político plantea alternativa alguna para subsanar las graves carencias educativas que algunos creen que se solventan siendo menos exigentes.

Desayuno en Europa Press

Para los que no han leído esta nueva ley de Educación les hago una sinópsis, copia todo lo bueno que hacen nuestros socios europeos adaptados a las especificidades de España. Estamos en un mundo globalizado, afirmó el ministro en el desayuno informativo de Europa Press, y por tanto nuestros chicos se deben enfrentar no a sus compañeros de clase, ni siquiera a sus vecinos europeos, sino a los mejores de todo el planeta, por lo que tiene bigotes que haya que explicarle a la gente la no conveniencia de suprimir la Selectividad, que también en Cataluña la gente pueda y deba estudiar en español, que se exija más a quienes pidan ayudan estatales (por eso no me gustó que redujera su exigencia del 6,5 al 5,5) y comentó que la Religión es optativa y que el PP lo único que hace es seguir el acuerdo con la Santa Sede suscrito y renovado desde 1979. 

Entre las preguntas se pudo ver a un ministro rápido, ingenioso, con mucho sentido del humor y un punto malévolo que llegó a recordar a Ramón y Cajal para justificar sus ataques decibélicos, “si no dices la verdad o no haces gran cosa en la vida nunca tendrás enemigos, aunque los míos no son tan dignos como los de don Santiago”, remató. Por tanto, no le preocupa que le echen pues él llegó a su cargo para hacer una tarea concreta y una vez concluida podrá volver al sector privado, donde tantos éxitos ha cosechado. 

Entre el público pudimos ver al presidente de la SGAE, Antón Reixa, inolvidable intérprete del grupo Os Resentidos, muy preocupado por la propiedad intelectual (Antón, todo el mundo sabe quién es el padre de la canción Fai un sol do carallo) o al rector del CEU, Juan Carlos Domínguez Nafría. También estaba el director del Instituto Cervantes, una red de embajadas españolas que la gente no valora en su justa medida, Víctor García de la Concha, o el presidente de Unesa, Eduardo Montes, que conoce a la perfección la educación que se da en Alemania y que les ha hecho ser la locomotora de Europa. 

La no siempre bien educada Celia Villalobos, vicepresidenta segunda del Congreso, escuchaba con suma atención a su compañero de partido mientras todos los asistentes miraban de reojo a Montserrat Gomendio, secretaria de Estado de Educación, a ver la cara que ponía al escuchar a su chico en la tribuna de oradores. Como dicen los cursis, son pareja sentimental y Gomendio acumula uno de los mayores patrimonios declarados por el actual Gabinete. Rafael Puyol, ex rector de la Universidad Complutense de Madrid, se marchó junto a sus mofletes antes de que acabara el acto para evitar, suponemos, la siempre compleja salida de público y autoridades.   


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