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Eduardo Torres-Dulce también se pone amargo

El problema que tiene poner a liberales al frente de instituciones jerarquizadas es que después no obedecen a quienes les nombraron, sino que su profesionalidad les lleva a apostar siempre por las cosas que son mejor para el país y no para el Gobierno de turno. Ejemplo claro es el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, que aunque todos dicen que es el fiscal del Gobierno no tiene reparo en contradecir algunas cosas que defiende el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, por tanto, su jefe. 

Foto: Efe.
Foto: Efe. Torres-Dulce (la pinta), Ana Botella (la niña) y Zaplana (la Santa María).

En el Club Siglo XXI, que a veces está muy animado y otras no tanto, quiso Torres-Dulce amargarnos la velada hablando de lo mal que funcionan las cosas en la Justicia española. Cómo se nota que no se lee usted el CIS, señor fiscal general. Como es hombre leído (número uno de su promoción) retomó el guante lanzado en 1882 por el entonces ministro de Justicia, Alonso Martínez, para al hilo de la ley de enjuiciamiento criminal, repasar todo lo que no se hace en los tribunales en España y que los convierte profundamente en injustos. Torres-Dulce, que es un gran cinéfilo y ha escrito hasta guiones para el cine, dijo que en las pelis siempre el malo es el fiscal, incluso en las que sólo hay buenos. 

El fiscal general del Estado vino a decir que llevamos 200 años con los mismos problemas.

Su introductor fue Eduardo Zaplana, que le deben hacer de trabajar ahora pues portaba sendas ojeras, y que dijo de él que es un madridista infatigable. Zaplana preside en la actualidad el Club Siglo XXI pues la fundadora, Paloma Segrelles, se encuentra en la vanguardia del pensamiento. 

El Fiscal general del Estado vino a decir que llevamos 200 años con los mismos problemas, que en su ámbito se resumen en uno: la justicia no funciona porque si no es rápida -y un millón de cosas más- no resulta justa. La sobrecarga de trabajo en los juzgados, que haya una verdadera policía judicial, la introducción de nuevas tecnologías y que no todo problema se quiera solucionar en los juzgados podrían ser algunos acordes para empezar el baile.

Pocos efectivos

Parece que tenemos también pocos efectivos, tanto de jueces como de fiscales, y recordó, en un mundo tan mediatizado, que un ciudadano no pasa a ser reo hasta que le condena un juez, algo que olvidamos frecuentemente tanto periodistas como público en general. Bien es cierto que a ello ayuda la filtración interesada de los llamados sumarios secretos. Hay que hacer un buen código procesal penal y no se puede trabajar con una justicia que según la comunidad autónoma en la que te encuentres tiene un sistema informático distinto y a veces hasta incompatible con las otras, pues eso no es precisamente el imperio de la ley: palabras textuales del fiscal. 

Ana Botella levanta pasiones hasta entre asistentes tan conservadores como los que acuden al Club Siglo XXI.

Entre el público se pudo ver a Ana Botella, que ya levanta pasiones hasta entre asistentes tan conservadores como los que acuden al XXI (de hecho andaba entrando y saliendo pues tenía cita con otro XXI, el del diario El Mundo y su enésima fiesta porque ellos lo valen). Gente del mundo legal como el presidente de la Audiencia Nacional, Ángel Juanes, no se quiso perder las palabras del colega Dulce, pero para cariñoso el encuentro que protagonizaron el expresidente de Sacyr, Luis del Rivero con la exministra de Vivienda, Beatriz Corredor. El arquitecto Antonio Lamela y su particular forma de no anudarse la corbata causaron sensación entre el sastrecito valiente, como algunos desalmados llaman al heredero del fundador de Cortefiel, Gonzalo Hinojosa

Otro asistente que es para tener cuidado con él como agarre un micro es Manuel Núñez, el que fuera presidente del Tribunal de Cuentas.  Según una información difundida por la agencia Colpisa, y ya que estamos recordando el pasado de algunos, es posible que Núñez Pérez llegara a compatibilizar la dirección de la comisión de obras del PP al mismo tiempo que presidía el Tribunal de Cuentas, que es el organismo que debe supervisar y vigilar las cuentas de los partidos políticos. Ahí va esa magra. 

Gonzalo Robles, en su momento delegado contra el Plan Antidrogas, ocupaba la primera fila mientras que periodistas como José Luis Balbín, con una austriaca ideal para cazar en Baviera o José Luis Sánchez, muy amigo de los sindicatos de Telemadrid, escuchaban atentamente las explicaciones del jurista invitado. 


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