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Margallo, el ministro más 'gallo' de Moncloa

Medio Gobierno no ha tenido problema en acudir al desayuno informativo que organizaba Europa Press para acompañar al titular de Asuntos Exteriores, algo que mi amigo Wert no consiguió tan sólo una semana antes. Como estamos haciendo amigos, quiero comentar también cómo Asís Martín de Cabiedes, presidente de esta agencia de noticias, señaló con amargura lo malo que era el salón en el que este martes nos ubicaban. “Fa caloreta”, decían los asistentes valencianos.

José Manuel García-Margallo fue introducido por Javier Solana y las señoras decían que Solana estaba muy mayor. Javier es sobrino-nieto de Salvador de Madariaga y recoge el pacifismo de su antepasado procurando ser una persona de izquierdas pero no sectaria, lo que le hace ser asumible por la derecha. Resultado: siempre hay un cargo para él, pues es persona de gran valía. Como es un soñador, habla también de los Estados Unidos de Europa. En todo caso desunidos para mi modesta opinión.

La verdad es que lo único que dijo de Margallo, que ya estuvo en la génesis de la Constitución española, es que es una mezcla perfecta entre un buen conocedor de la política exterior y un experto en comercio internacional. El ministro, que se ha leído los libros de memorias de todo el mundo, incluidas las de Alfonso Guerra, recordó a Charles De Gaulle diciendo que para hacer política lo primero hay que conocer bien a tu país. Parece que aquí también tratamos de restañar los efectos de Zapatero y empezamos a ser considerados, pues aunque América es muy distinta a España, es lo más parecido que hay en la tierra. Hay que solucionar la sangría que supone que 8.000 universitarios se vayan de nuestro país todos los meses y para esto se están llevando a cabo unas reformas como nunca antes en toda nuestra historia se han producido.

La Troika ha abolido la siesta

Margallo sí puede pronunciar el nombre de Bárcenas en alto y dice que no es la noticia que más le gusta, pues echa por tierra la marca España que tanto esfuerzo supone, aunque aclaró que los más críticos con nuestro país son los propios españoles. Bromeó con que la siesta es un derecho constitucional abolido por la Troika y recordó que el Rey va a Marruecos la próxima semana pues es un socio comercial importante y porque el monarca es nuestro mejor embajador. Para respaldar su dañada figura no irá con muletas, pero sí con todos los ex ministros de Asuntos Exteriores de España que quieran acompañarle, pues su majestad les ha invitado.

Aclaró que lo de Evo Morales y su avión es otra chorrada inventada por los que no perdonan a la ex Metrópoli y me alarmé al escucharle decir que Joaquín Almunia, como es español, tratará de favorecer los intereses españoles. Si esto fuera así todos los países querrían tener el mayor número de comisarios. Yo siempre  pensé que se les nombraba para defender los intereses comunitarios.

Entre el público acalorado e incómodo por lo ajustado del espacio pude ver a Jorge Cosmen, presidente de Asla y ejemplo de que los españoles pueden mandar sobre los británicos; a Fernando Martín, que a pesar de protagonizar una de las mayores quiebras empresariales no tiene reparo en acudir a todos los sitios muy saludador, o a Ramón de Miguel, que aprovecha ahora para la empresa privada sus muchos años al servicio público. Manuel Soriano, presidente del Consejo de Telemadrid, aclara a quien le pregunta la necesidad del canal autonómico, conocido como el club de la lucha, y cerraban cartel el marqués de Cubas y el duque de Huéscar, dos clásicos que no pueden faltar en todo acto de postín. Son como los Ferrero Rocher que anuncia la cursi de Paloma Cuevas. Por cierto, estos dos nobles estuvieron en un tris de ser cuñados pero por desgracia para el hijo de la duquesa de Alba, lo suyo no cuajó.


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