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Montoro vuelve a la cátedra

Con un lleno absoluto en el Villa Magna y bastantes ganas de guasa, el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro Romero, casado y con dos hijas, quiso dar clases de economía delante de un aforo de economistas y periodistas económicos, quizá porque somos los más peligrosos. 

Pues con la ayuda de la maléfica Bruselas, dijo Montoro que espera mensajes de más cohesión y más positivos y no en clave de desconfianza, se hace muy difícil que la ciudadanía entienda los enormes sacrificios que el pueblo español está llevando a cabo. “Sólo la estabilidad económica nos puede sacar de la crisis”, llegó a decir para tratar de justiciar que los esfuerzos macro (devaluación interna, desapalancamiento financiero, recorte del gasto público, aminoración del déficit) hacen que estemos en la senda de la recuperación y que los ciudadanos vayan paulatinamente recibiendo estas bondades.  Prueba de la presión que el ministro sufre es que durante el acto no hacía más que cambiarse el anillo de casado (lo hacía pasar por todos los dedos de la mano) y recomendó al personal leerse la contabilidad nacional, pues este catedrático de Hacienda Pública denuncia que demasiada gente se guía por lo que lee en la prensa sin atender a los datos reales de la situación de nuestro país. Los primeros, FMI, OCDE, UE, Troika y tantos otros que no creían que lo fuéramos a conseguir, dijo con sonrisa sardónica.

Garantizó que no se subirán los impuestos sino que se recaudará mejor y certificó más crecimiento económico del anunciado y creación de empleo en términos de afiliados a la Seguridad Social en 2014 y 2015. "Habrá bajadas selectivas de impuestos para estimular el crecimiento" y sobre el IVA cultural, se compensará con una fiscalidad más favorable y con subvenciones. 

Atención periodistas porque en breve, dijo el ministro, conoceremos los nombres de los grandes defraudadores españoles pues se va a modificar la ley tributaria del 95. Sobre el dinero que destina a Fondos de Liquidez Autonómica y planes de proveedores dijo también, con esa sonrisa malévola que tanto le critican, que no hay nada más grato que salvarse a sí mismo, tratando de decir que al final todo es deuda pública española y que hay que pagarla sí o sí. Yo creo honestamente que la intención de la pregunta era saber de qué forma se va a hacer para que no se genere más déficit y no haya comunidades fuera de control. Para eso se aprobó el artículo 155, creo yo, don Cristóbal.

Entre el público tenía gente para darle las palmas sordas, como Elvira Rodríguez, presidenta de la CNMV; Fátima Báñez, ministra de Empleo a petición del propio Montoro; y el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, al que su médico y el presidente Rajoy le han recomendado que limite sus alocuciones públicas. No entiendo por qué, pues es el único valiente que iba de verdad, con la navaja cabritera a recortar la sangría autonómica.

No sé si el head hunterJorge Seelinger, presente en el acto, ficharía a Montoro, demasiado hiriente creo yo, pero la agente de cambio y bolsa Isabel Estapé parecía asentir bastante con la cabeza ante las cosas que el ministro afirmaba. Allí estaban también el presidente de Morgan Stanley, Luis Isasi, y el maestro Fernando González Urbaneja, que ni siquiera la proximidad con Alfredo Urdaci le hizo estar a punto de romper la mesa del desayuno de un cabezazo. 

Como miembros del comando itinerante podemos destacar al vicepresidente de CEOE, Arturo Fernández, que se fue a medio desayuno a ver si remata la venta de la mitad de su grupo empresarial para pagar a Hacienda; a Mario Armero, vicepresidente de Anfac, o el expresidente de FCC, Baldomero Falcones, que al retrasarse en la entrada tuvo que esperar a la llamada silla caliente, esa que pronto se abandona, para aposentar sus reales en el Salón Principal. A Iñigo Sagardoy también se le vio abandonar el salón de encuentro antes de que el ministro concluyera su clase magistral.

Por cierto, no tuvo reparo Montoro en afirmar que igual es que el Gobierno comunica mal. Tome nota señora Carmen Martínez Castro, secretaria de Estado de Comunicación. Que no todo es servir de pañuelo de lágrimas del presidente Rajoy.     


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