Alguien se ha tomado la molestia de recopilar todas estas fotos que ellos mismos cuelgan en Instagram y hacer un blog anónimo en Tumblr que las recopila. Se ven todas de golpe y, como es natural, da más rabia. El tema es único: cosas que hacen los hijos de los ricos en sus momentos de ocio, que son muchos.

La temática es muy variada: estancias varias en súper mansiones (Los Hamptons o Saint Tropez son destinos favoritos); viajes en jets privados; fiestas en las que el Dom Pérignon solo sirve para concursar en concursos de miss o mister camiseta mojada; aterrizajes en helipuertos privados donde imagino sus comentarios desde el aire… “Fijaos chicos, ahora Hermès también diseña helipuertos” (la “H” de asemeja al logo de la firma)...

Sus instantáneas han sido comentadísimas en el propio blog y se obtienen dos conclusiones sin matices: o los odias, o los amas. La prepotencia no es bienvenida ni en el mundo del espionaje, por mucho que Bond lo haya exportado al cine. A nadie le caen bien los prepotentes. Esos que van por el mundo dejando bien claro que si las cosas funcionan es porque ellos están detrás, velando por el curso de los acontecimientos. Los que lanzan al interlocutor una pregunta que pudiera parecer retórica: ¿Qué hubiera sido del mundo de no ser por nosotros? La callada por respuesta es la mejor salida para no retarse en duelo. 

Pero nuestros Rich Kids son otra cosa. Su prepotencia en las fotos se limita al mundo del ocio. No dan lecciones de nada ni tienen tiempo para el bullying, un verdadero arma letal entre los adolescentes de ahora que hay que combatir, como hizo Jennifer Livingston desde la CBS jugándose el tipo. Sólo muestran al mundo su manera de divertirse. 

Y, confesad: ¿A quién no le gustaría desayunar con Dom Pérignon, vestirse de pies a cabeza con Hermès, viajar en jet privado y hospedarse en las mansiones más lujosas de la tierra? Ellos han nacido así. A mí se me está ocurriendo el contraataque: Adolescentes obreros de Instagram: tortillas de patata gigantes; botellón con tetrabriks, pañuelos de cuatro nudos en la cabeza y la banda con Paquito el chocolatero de fondo... aunque no sé por qué me da que glamour, lo que se dice glamour, no va a tener el mismo.


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