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George Clooney: "Se agrava el sufrimiento del pueblo de Sudán"

Por su interés, reproducimos el artículo que el actor George Clooney acaba de publicar en la revista Vice sobre la situación que vive el pueblo de Sudán. 

George Clooney en Darfur como mensajero de la paz de la ONU (GTresonline).
George Clooney en Darfur como mensajero de la paz de la ONU (GTresonline).

Amparado por la oscuridad y sin la mirada escrutadora de unos medios de comunicación más pendientes de las crisis de Ucrania, Siria y la República Centroafricana, el gobierno de Sudán ha reactivado con más intensidad su estrategia genocida en las principales zonas de conflicto del país. No se permite el acceso a ningún medio de comunicación y las pocas organizaciones de ayuda humanitaria que pueden operar allí deben hacerlo bajo el más estricto de los silencios. Asimismo, la misión de la ONU en Darfur recientemente se ha visto implicada en una importante maniobra de encubrimiento institucional tanto del grado de devastación del país como del papel directo de su gobierno en la crisis.

Aunque quizás en Sudán se esté librando el conflicto más sangriento del mundo, el sufrimiento de su pueblo ha sido ofuscado, silenciado, expurgado.

La palabra genocidio resulta incendiaria y posee una gran carga semántica. El derecho internacional define genocidio como el asesinato o exterminio “con el intento de aniquilar, parcial o totalmente, un grupo étnico, racial, nacional o religioso determinado”. Al margen de la nomenclatura que se quiera aceptar, la persecución de ciertos grupos étnicos está siendo especialmente encarnizada en tres zonas de Sudán azotadas por la guerra: Kordofán Meridional, el estado del Nilo Azul y, nuevamente, Darfur. En nuestros viajes a la zona escuchamos testimonios desgarradores de los supervivientes con demasiada frecuencia.

Ya son más de 2,5 millones de personas las que han perdido la vida en los conflictos de Sudán durante los últimos veinte años. Cuando resultaba casi inconcebible que la situación pudiera ir a peor, la escalada de violencia está alcanzando cotas sin precedentes, como queda patente en la sección de Ben Anderson del episodio de VICE en HBO de este viernes.

El gobierno de Sudán, artífice de estas atrocidades, encarna su papel de villano ejecutando los elementos más sanguinarios de su campaña. Hace una década, las milicias yanyauid alcanzaron notoriedad internacional cuando el genocidio de Darfur alcanzó su punto álgido. Sin embargo, estas bandas de asesinos errantes han dejado de estar en el radar internacional. Tal como señala Akshaya Kumar en un informe que Satellite Sentinel Project y Enough Project publicarán próximamente, los yanyauid han regresado para vengarse bajo el estandarte de las recién creadas Fuerzas de Apoyo Rápido. Estas fuerzas están mejor equipadas, coordinadas de forma centralizada y completamente integradas en el aparato de seguridad del estado y gozan de inmunidad de enjuiciamiento. En esta ocasión, el régimen de Sudán ni siquiera se está tomando la molestia de fingir que los yanyauid 2.0 no son su responsabilidad.

Para el pueblo de Sudán, el terror que infunden los yanyauid en tierra solo se ve superado por el que inspira el gobierno desde el aire. La Fuerza Aérea de Sudán se ha provisto de bombarderos más precisos y de bombas más destructivas con los que intensificar sus asaltos aéreos a objetivos civiles en zonas de guerra, desafiando las fútiles resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. A través de nuestro Satellite Sentinel Project, hemos podido capturar imágenes por satélite de comunidades arrasadas por los bombardeos, pruebas que hasta ahora se han ignorado.

No debemos olvidar que el gobierno de Jartum también es responsable de varios crímenes y atrocidades. Este régimen ofrece santuario a Joseph Kony y al Ejército de Resistencia del Señor en un enclave de Darfur meridional, auspician los ataques de los yanyauid en nombre de la milicia Séléka cometiendo graves violaciones de los derechos humanos en la República Centroafricana, ofrece apoyo a grupos rebeldes que han desestabilizado el vecino Sudán Meridional, facilita la caza furtiva y la creación de redes de contrabando de oro, diezmando la población de elefantes y forzando el desplazamiento de decenas de miles de indígenas residentes en zonas en las que se han hallado yacimientos de oro.

¿Por qué el gobierno está actuando de ese modo? Sencillamente, para mantener el poder y obtener riqueza por cualquier medio. Su estrategia de contrainsurgencia —secar el lago para coger el pescado— es de las más antiguas; aniquilar y desplazar civiles de las zonas rebeldes facilita la localización de los mismos. Un rediseño demográfico con el que se obliga a millones de personas a abandonar sus tierras cultivables y ricas en minerales y morir de hambre en el desierto. Con la invasión del Sáhara y el cambio climático, la supervivencia se convierte en un verdadero desafío, una nueva forma de genocidio por desgaste, agravada por el bloqueo de la ayuda humanitaria por parte del gobierno.

Entretanto, los altos cargos del régimen se adueñan de la riqueza del país tomando el control de las tierras fértiles, robando a la gente su ganado, que casi siempre representa su único patrimonio, y consolidando la extracción de oro y petróleo. Con esa riqueza robada, el gobierno financia a los yanyauid, los órganos de seguridad nacional y la Fuerza Aérea y se asegura de que estos sanguinarios instrumentos de control estén en manos de un reducido círculo de altos cargos del gobierno. Mediante el Satellite Sentinel Project pretendemos llevar a cabo una investigación forense y dar a conocer los mecanismos de financiación de esta trama de destrucción.

Puede parecer que ya no queda esperanza, pero no es así. Los EUA pueden ayudar a resolver esta crisis. No es la primera vez que este país hace uso de su influencia para contribuir a mejorar la situación en Sudán. En 1995, la administración Clinton logró que el Consejo de Seguridad de la ONU impusiera sanciones a Sudán por su implicación en el terrorismo internacional, lo que tuvo como resultado la expulsión de Osama bin Laden del país y el fin de otras relaciones desagradables. El gobierno de Bush contribuyó a las negociaciones para poner fin a la cruenta guerra Norte-Sur de Sudán en 2005. Finalmente, en 2010 la administración Obama presionó al gobierno de Sudán para que permitiera la celebración de un referéndum pacífico sobre la independencia de Sudán Meridional. Actuando de forma bipartidista y generando alianzas internacionales, el gobierno de los EUA puede contribuir a que se produzca un cambio en Sudán.

Resulta algo idealista pensar que es posible mantener la atención pública centrada tantos años en un lugar a miles de kilómetros de distancia y con el que tan poco tenemos en común. Lo realmente raro es que Darfur lograra ser el centro de la atención del resto del planeta durante unos cuantos años, pero era predecible que esa atención acabaría diluyéndose. El foco de luz es inconstante, ya lo hemos visto con Siria. Para volver a atraer la atención, es necesario disponer de nueva información y nuevas ideas sobre el conflicto. No basta con decirle a la gente que debe mostrar interés simplemente porque ya lo hicieron hace 10 años.

Sin embargo, ahora los Estados Unidos sí tienen motivos de preocupación por la escalada de violencia sin precedentes en Sudán, porque está en los intereses nacionales del país americano. Por lo que respecta al terrorismo, Sudán ofreció refugio a Bin Laden y ha estrechado las relaciones con el régimen de Irán. En relación con las relaciones entre China y Estados Unidos, Sudán representa una gran oportunidad para la cooperación chino-americana para lograr un proceso de paz, teniendo en cuenta la inversión de 10 mil millones de dólares de China en la industria petrolera de Sudán. En lo referente a la persecución religiosa, Sudán está lanzando ataques a los musulmanes que no comparten la visión del Islam del partido gobernante y reprime a los cristianos de Jartum. Por último, respecto a los derechos humanos, no hay que olvidar que el bloqueo de la ayuda humanitaria está acentuando la hambruna en algunas partes de Sudán.

No es necesaria la intervención militar en Sudán. Tampoco hace falta ninguna operación de ayuda humanitaria de costes desorbitados. Existen dos formas en que los EUA pueden contribuir a la pacificación de Sudán.

En primer lugar, es necesario que los EUA intensifiquen las relaciones diplomáticas para lograr iniciar un proceso de paz único e inclusivo en Sudán, con el que puedan abordarse los problemas de base y emprender una transformación democrática real. Ayúdanos a hacer presión para que se envíe un mandatario estadounidense a Sudán que se dedique exclusivamente a trabajar en el proceso de paz con la ayuda de un pequeño equipo de expertos y diplomáticos que presten apoyo a los mediadores africanos y de la ONU.

En segundo lugar, los EUA deben reforzar su influencia en Jartum, y la mejor forma de hacerlo es echando mano a la cartera del régimen. El gobierno americano debe proporcionar al Departamento del Tesoro los recursos necesarios para realizar un seguimiento del dinero que financia estas atrocidades masivas y aplicar sanciones a los cómplices. Dejando de lado la posibilidad de una intervención militar, que no se contempla, la intervención sobre la riqueza robada del régimen lograría captar la atención de sus líderes más que cualquier otra acción.

Durante los últimos diez años, los contribuyentes de EUA han aportado miles de millones de dólares que se han destinado a Sudán en forma de ayuda humanitaria y guardianes de la paz. Una pequeña inversión en diplomacia preventiva e investigación forense podría representar un gran ahorro a la larga y ayudar a suavizar uno de los conflictos más cruentos del mundo, del que solo los que de él son víctimas saben que continúa.

George Clooney es cofundador delSatellite Sentinel Projectjunto con John Prendergast, quien también fundóEnough Project. Artículo cortesía de Vice.


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