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Elvira Fernández, tres años con una desconocida en La Moncloa

Se cumplen tres años de gobierno del Partido Popular. Tres años desde que Mariano Rajoy aterrizó en La Moncloa con una promesa de mejorar las cosas -algo que hoy podría calificarse de ciencia ficción- y una desconocida Elvira Fernández a su lado. La mujer del presidente se ha convertido en su mayor secreto. Ajena a la vida pública e institucional, tan sólo se ha dejado ver en contadas ocasiones. Pero ¿forma todo parte de un plan? ¿Trata de desvincularse de la imagen de primera dama a lo Ana Botella? ¿O, simplemente, prefiere mantenerse en un discretísimo segundo plano? Indaguemos un poco en la mujer detrás del hombre. Un clásico en España.

¿Serían ustedes capaces de reconocer a Elvira Fernández, la mujer de Mariano Rajoy? En la corta historia de la democracia española, no habíamos tenido una primera dama más esquiva que la actual residente de La Moncloa. Ni siquiera Sonsoles Espinosa, su predecesora en el 'cargo', consiguió mantenerse en un perfil tan bajo -y eso que se autoimpuso la discreción como patrón de conducta, aunque acabó rompiéndola en no pocas ocasiones-.

Elvira Fernández permanece ajena a la vida pública e institucional de su marido -una consecuencia lógica si tenemos en cuenta las reticencias del propio Rajoy para comparecer en público-, accediendo a acompañarle únicamente en actos muy señalados y renunciando a una agenda como figura mediática, algo que, por otra parte, ha sido común a casi todas las anteriores primeras damas, muy alejadas del protagonismo que acapara, por ejemplo, Michelle Obama.

La asesora más discreta del presidente

Durante los tres años de legislatura del Partido Popular, hemos podido ver a Elvira Fernández con cuentagotas. Desde que Rajoy le diera un espontáneo beso en el balcón de la calle Génova, animado por la euforia de haber ganado las elecciones, Elvira -Viri entre sus allegados- se ha dedicado al cuidado de su familia, a su trabajo y a recortar el gasto de La Moncloa -Fernández ha prescindido de asesores, secretarios, estilistas y demás personal-. Pese a que sí ha ejercido de primera dama en alguna visita oficial a países de América latina, donde la figura de la esposa del presidente tiene un papel más destacado que en Europa, siempre ha tenido claro que los ciudadanos votaron a su marido, no a ella, y así ha decidido organizar su estancia en La Moncloa. Eso sí, como en los casos de sus predecesoras, sus amigos y conocidos coinciden en señalarla como la perfecta asesora de su marido, quien se fía a pies juntillas de su instinto. ¿Y por qué no gobierna ella directamente? Tal vez nos hubiésemos ahorrado muchos problemas.

“Desde el primer momento sentí que aquella mujer no me iba a dejar indiferente de por vida”, escribió Mariano Rajoy en sus memorias

La historia de amor entre el presidente y la primera dama fue breve, intensa y tardía. Rajoy contaba ya con 37 años y una extensa carrera política, cuando conoció a Elvira, una joven de 28, en un bar de Sanxenxo. El flechazo fue instantáneo y, como el actual presidente escribió en sus memorias: “Desde el primer momento sentí que aquella mujer, tan guapa y con una personalidad muy marcada, a la vez que discreta e inteligente, no me iba a dejar indiferente de por vida”. Y así ocurrió. Tras cuatro años de noviazgo y siendo ya ministro en la era Aznar, la pareja se casó en la capilla de Las Conchas, situada en la isla de La Toja -las malas lenguas rumorean que Aznar presionó para no tener solteros entre las filas del partido, aunque como todo en España, no son más que rumores-. Elvira conoció a Rajoy siendo ya una figura política y con ello vive desde entonces -para muchos, resignada-. Al menos, tuvo la suerte de toparse con Ana Botella como primera dama, para aprender todo lo que no hay que hacer.

Calificada como la ‘anti Ana Botella’

Desde que llegó a la Moncloa, Elvira Fernández ha sido calificada como la 'anti Ana Botella'. Mientras la esposa de José María Aznar no perdió ocasión para ejercer de primera dama -para enfado de algunas instituciones como la Casa Real, que veía demasiado protagonismo en Botella- y aprovechó el empuje de su marido como trampolín político, Elvira Fernández parece que sólo piensa en el momento en que su marido abandone la primera líneade la política para poder recuperar su vida normal. Olvídense de verla acudiendo a la peluquería con coche oficial o sepultando cualquier ciudad española bajo toneladas de basura. Con una ya hemos tenido bastante. Aunque, posiblemente, con un presidente que comparece a través de plasma también hemos tenido bastante.

Ahora, el panorama político se presenta más convulso que nunca. No parece previsible que Elvira Fernández repita estancia en La Moncloa para la próxima legislatura, pero ¿quién ocupará su puesto? ¿Será la también desconocida Begoña Fernández, esposa de Pedro Sánchez? ¿O, por el contrario, será Tania Sánchez la que se quede con el 'cargo' de primera dama? Esta opción, sin duda, es la que plantea más dudas, por lo novedoso de la situación. ¿Continuaría la actual diputada en la Asamblea de Madrid con su puesto en Izquierda Unida o renunciaría para acompañar a su novio, Pablo Iglesias? ¿Podrían llegar a coincidir en La Moncloa el presidente del gobierno y la presidenta de la Comunidad de Madrid, de dos partidos, además, diferentes? España es un hervidero y nosotros no nos lo queremos perder.


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