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Ornella Muti la sigue armando

Acaba de cumplir 60 años y como ella dice: “Cada uno es lo que es, la edad es solo una invención”. Parapetada tras esos ojos y ese físico, desde luego. Con mucho humor y pensamiento positivo, se enfrenta a la condena de ocho meses de cárcel y 30.000€ de multa que le impusieron el mes pasado por fraude fiscal y falsedad. Todo porque la pobre, que no tenía voz, suspendió su obra de teatro y se fue a Rusia a cenar con Putin. 

Ornella, que en realidad se llama Francesca Romana, jura y perjura que actuó de buena fe y que una cosa es tener que recitar y cantar en una actuación en el Teatro Verdi de Pordenone (pequeña localidad al norte de Italia) y otra acudir a una cena con el Presidente Putin, en la que probablemente se limitó a comer, beber y sonreír. Sobre todo porque lo que quería Putin era tenerla a su lado mientras les hacían fotos para una causa benéfica. Muti presentó el certificado de un médico ruso y las autoridades italianas lejos de comprender, le han acusado además de falsedad documental.

Ornella fue la mujer más bella del mundo en la década de los 90 (1994), ha tenido dos maridos, dos divorcios y tres hijos y sus relaciones con la justicia italiana están plagadas de anécdotas: encuentros y desencuentros. Ya en 1979 la retuvieron durante una hora en el aeropuerto de Fiumicino mientras se estaba divorciando de Alessio Orano, su primer marido, por cuestiones relacionadas con la patria potestad de su hija Naike. Le retiraron el pasaporte.

Durante la década de los 90 fue condenada a pagar casi un millón de euros.

Durante los 90 (concretamente los ejercicios fiscales de 1995-1998) le condenaron a pagar cerca de un millón de euros por evasión de impuestos. Las investigaciones del fisco también invadieron sus declaraciones de los años 1.999 y 2.000 y entre multas e impuestos evadidos le salía una cantidad superior a 1,3 millones de euros.

Muti se lió la manta a la cabeza y trasladó su residencia a Montecarlo, que es como Andorra para nosotros, pero las autoridades ya han comprobado que a pesar de empadronarse en el Principado, su vida habitual estaba en Italia.

Con los grandes directores

Ornella, que está espléndida, ha participado en casi 30 películas y a pesar de que la crítica siempre la tacha de actriz mediocre, ella ha trabajado con directores como Woody Allen, Pedro Masó, Peter Greenaway o Vicente Aranda y ha compartido cartel con Rupert Everett, Marisa Berenson y Rossy de Palma (People, 2004); Alec Baldwin, Roberto Benigni y Penélope Cruz (To Rome with Love, 2012); y con Imanol Arias y Loles León (El amante bilingüe, 1992).

Debutó con 14 años en el cine (Sola frente a la violencia) y desde entonces y a pesar de la crítica, se la rifan. Deben ser sus ojos. Aunque hechizar al juez y al fisco... le va a ser más difícil que hacerlo con la cámara.


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