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¿Quién quiere contratar a mi famoso?

En la semana que hemos descubierto los -escandalosos- sueldos de Belén Esteban y Kiko Rivera en Gran Hermano VIP, nos preguntamos: ¿quién contrata a toda la fauna de famosos que pueblan nuestro país? Y no nos referimos a todos estos concursantes de realities y programas de citas que amasan pequeñas fortunas acudiendo a discotecas y firmando autógrafos, sino a famosos de los de siempre, de los que salen en las páginas de las revistas. ¿Hay tanto negocio para alimentar sus hambrientos estómagos?

Periódicamente nos asaltan noticias sobre las remuneraciones que obtienen algunos famosos, sean de la categoría que sean, por asistir a eventos, participar en concursos o dar besos a los niños y abrazos a los ancianos. Buscan nuestro sobresalto, nuestro enfado y nuestra queja en las redes sociales, para que los pocos seguidores que nos leen también se sobresalten, enfaden y quejen a su vez.

Como diría cualquiera político -no importa el signo ni el color-, se trata de una cortina de humo para que no hablemos de otras cosas. ¿Para qué creen que se han filtrado los astronómicos sueldos de Belén Esteban y Kiko Rivera en Gran Hermano VIP? Pues para que obviemos otros problemas del formato y nos centremos en las barbaridades monetarias que suman cada semana -65.000 y 50.000 euros respectivamente-. Cuanto más hablemos, mejor. Objetivo conseguido.

Sin embargo, el problema no es el dinero. Si una empresa privada quiere pagar una cantidad determinada a un personaje porque cree que así van a aumentar sus beneficios, puede hacerlo sin ningún obstáculo -otra cosa es que consideremos que sea éticamente aceptable-. Diferente sería si se tratase de un ente público, financiado con impuestos, el que invirtiera cantidades desorbitadas en cachés sin justificación.

No nos sorprende que las empresas contraten a estrellas internacionales.

Aunque incluso a esto últimos nos hemos acostumbrado. Pero la cuestión que más nos sorprende es: ¿quién quiere contratar a determinado tipo de famosos? Entendemos perfectamente que una marca quiera contar -si tiene el presupuesto necesario- con la presencia de Shakira, por no decir Beyoncé o Katy Perry, estrellas internacionales que proyectan una imagen determinada y convierten en tendencia casi todo lo que tocan, pero, ¿quién se identifica con Fran Rivera?

Existe un nutrido grupo de ‘celebrities de siempre’, acostumbradas a tener su cuota en las revistas del corazón, que aprovechan su tirón mediático para hacer caja ofreciendo su imagen a marcas y productos. Es el sueño de todo famoso. Un sueldo por unos pocos minutos de trabajo y unas cuantas e incómodas preguntas que tienen que esquivar con más o menos gracia. E imaginamos que debe funcionar, ya que las marcas consiguen algo de repercusión y, si son hábiles, un reportaje patrocinado en un medio de tirada nacional.

Aun así, no deja de sorprendernos. ¿A ustedes no les ocurre? ¿Se rascarían el bolsillo para que Julián Contreras Jr. acudiera a su restaurante y les pusiera unas tapitas a los clientes mientras los fotógrafos inmortalizan el momento? ¿Llamarían a María José Campanario para que luciera sus productos de joyería e invitara a todo el mundo a adquirirlos? ¿Confiarían en Mónica Cruz para que fuese la cara visible de su empresa de productos para los niños? ¿Qué les aportaría todo esto?

El negocio de la fama

El negocio de la fama no hace más que evolucionar. Cada día nos llegan notas de prensa anunciando que Carolina Cerezuela va a presentarnos un revolucionario producto para limpiar los cristales o que Beatriz Trapote se va a dejar caer por un centro comercial donde se hará una demostración de pulido de uñas. Y así todos los días. ¿De verdad alguien quiere que la novia del hermano de Jesulín de Ubrique sea la madrina de todo su esfuerzo comercial? ¿A qué público va a atraer?

Pero no crean que estos famosos por parentesco son los únicos que se aprovechan. ¿Cuántos productos puede anunciar Rafa Nadal? ¿Qué confianza nos da un tenista para vendernos seguros? ¿Acaso es su profesión y todavía no nos hemos dado cuenta? Y por no hablar de la modelo y actriz Martina Klein, la mujer anuncio de los últimos tiempos, o las sartenes recomendadas por María Patiño. Ya saben, una periodista del corazón sabe mucho de filetes asados. Es lo suyo.

Las empresas, sean del tipo que sean, no tienen remilgos para rascarse el bolsillo y contratar a la mejor cara conocida -dentro de su ajustado presupuesto- para que cuente las maravillas de sus servicios. ¿Cuánto les costaría el contrato de la cantante Rebeca para anunciar neumáticos? ¿Y Carmen Lomana comiendo hamburguesas en una bañera? ¿Y Pilar Rubio comprando y vendiendo productos de segunda mano? Seguro que todo minucias en relación a los ingentes beneficios que consiguieron. O eso queremos pensar. ¡Aprovechen los saldos de los famosos! ¡Llévense una ex Miss España de regalo por la contratación de Julio Iglesias Jr.! La semana fantástica de las celebrities no tiene comparación. Y si encuentra otra oferta mejor, le abonamos la diferencia. No nos digan que todo esto no resulta inquietante, porque nosotros temblamos de miedo.


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