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¿El verdadero lobo de Wall Street?

La carita de ángel de Leonardo DiCaprio le impulsó hasta la cima de lo más alto a mediados de los 90. Éste estaba a punto de protagonizar la película Titanic y pasaba parte de su tiempo libre junto a Dana Giacchetto -un exinversionista bancario y miembro del grupo de música new wave Breakfast in Bed- en su ático de Broadway y Cortlandt, en Manhattan.

Cada uno tenía una cacatúa, llamadas Ángel y César, que se llevaban tan bien como los dueños y organizaban lujosas fiestas a las que invitaban a las personas más poderosas de la industria del cine, de la moda y de las finanzas de ese momento: Michael Stipe, Andrew Cuomo, Kate Moss, Winona Ryder, Harmony Korine, Alanis Morissette y otras celebridades.

Los invitados de DiCaprio hacían en las fiestas hacían tratos de un millón de dólares.

Entre las cosas que se suelen hacer en juergas que terminan a las tantas, como derramar botellas de champán carísimo por todos lados o una guerra de caviar, a medida que la noche avanzaba, algunos de los invitados hacían tratos de un millón de dólares; al menos eso es lo que cuenta Giacchetto en este reportaje de Vice.

Sin embargo, esta vida de derroche acabó en el año 2000, cuando fue arrestado y declarado culpable porhaber cometido fraude según la Ley de Asesores de Inversión. Tras esto, fue abandonado por gran parte de su clientela y el Tribunal lo sentenció a una condena de 57 meses en la cárcel por apropiarse indebidamente de aproximadamente nueve millones de dólares.

Gracias al tiempo que cumplió en prisión, a su buena conducta y a su voluntad por entrar en un programa de rehabilitación abandonó el calabozo antes de tiempo, pero su vida no ha vuelto a ser la misma.


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