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¡Que alguien pare a los Bustamantes!

Son la pareja más enamorada de España. Paula Echevarría y David Bustamante llevan ocho años casados y han hecho de las redes sociales su campo de batalla. Desde sus respectivas cuentas nos demuestran lo mimosos que son, lo divertida que es su vida y lo bien que se lo pasan juntos. Pero, ¿es necesaria tanta felicidad? Deberíamos hacer algo con 'los Bustamantes'. Y deberíamos hacerlo ya.

Empecemos con buen pie. Cada uno es libre de hacer con sus redes sociales lo que le plazca. Desde los que las aprovechan para generar negocio, hasta los que prefieren mostrar aspectos desconocidos de su vida o incluso los que las utilizan como un escaparate de sus gustos y aficiones. Todo tiene cabida en este mundo libre y virtual que nos hemos encontrado. ¡Faltaría más! No obstante, los demás, los espectadores, también tenemos derecho a opinar sobre lo que se hace público, siempre que nos mantengamos en la corrección necesaria. Actuemos con conocimientos. No le digamos a Iker Casillas que lance a su hijo al mar a ver si flota. Demostremos que no vamos a caer en estas bromas fáciles solo porque nos creemos con el ingenio suficiente para hacerlas. Asumamos que la vida no es como Twitter.

Dicho esto, hay algo que empieza a chirriar de tal modo que hace necesaria la intervención de la cordura. Me refiero a la pareja formada por Paula Echevarría y David Bustamante. Es fácilmente entendible que se trata de dos jóvenes, hijos de su tiempo y que, además, tienen la suerte -o la desgracia- de vivir de su imagen. Sí, también de la música y la interpretación, pero qué es el mundo del espectáculo sino imagen. Paula y David han encontrado en internet la forma perfecta de combinar el trabajo, el placer y los fans. Ellos saben que hay muchas personas mirándoles y quieren ofrecer lo mejor. El problema es que de tan dadivosos acaban siendo agotadores. Uno puede estar feliz un día, querer demostrarle a su pareja su amor, preparar un escenario ingenioso y despertar una sonrisa de sus admiradores, pero, ¿todos los días? ¿A todas horas? ¿El exceso de azúcar no acaba siendo perjudicial para la salud?

¿Cómo no sobrepasar los límites de la intimidad?

Paula y David se aman y necesitan gritarlo a los cuatro vientos. Y en lugar de decírselo el uno al otro, aprovechando sus momentos de intimidad, prefieren hacerlo a través de las redes sociales, con la humanidad como testigo. Ellos mismos, luego, reclaman su parcela de intimidad, piden respeto y sacan las uñas por sus seres queridos, como debe ser. Pero, claro, cuando es uno mismo el que evidencia la intimidad, ¿cómo van a saber dónde parar los demás? Paula y David son conscientes de su popularidad y saben que gracias a ella van a poder mantener su profesión mucho tiempo, así que no tienen inconveniente de darse un baño acompañados de su hija y de treinta reporteros haciéndoles fotos. Ese es el precio de darse besos virtuales a través de Instagram.

Pero no se queda ahí la cosa. David y Paula se felicitan los cumpleaños, los aniversarios, los San Valentines, las Navidades y las vacaciones. Ponen caras tristes cuando tiene que reunirse con sus entrenadores personales. Se disfrazan con narices de payaso para hacernos reír. Lucen cuerpazo en bañador en Ibiza. Y se declaran su amor constantemente. Y perdónennos por ser los 'Grinch de la felicidad', pero tanta perfección nos inquieta. Cuando uno está feliz, ¿tiene tanta necesidad de demostrar su felicidad? Cuando uno quiere preservar su intimidad por el bien de su familia, ¿tiene tanta necesidad de desnudarse -metafóricamente- en público? Algo no acaba de cuajar en casa de los Bustamante y nos gustaría saber qué es. No dudamos de su amor, ni de su matrimonio, ni de sus vidas perfectas donde todo parece sacado de un cuento de hadas, pero, ¿puede alguien tener una vida así sin morir en el intento?

Paula y David viven pegados a una sobreexposición que no puede terminar bien. Cada día hay una noticia nueva. Si no es una escapada romántica, es una entrevista donde la actriz asegura que no se estudia los guiones de las series en las que trabaja o un posado en bañador en sus interminables vacaciones en la playa. Pongámosle freno a esto. Hagamos algo para que nuestros queridos Bustamantes se retiren una temporada al campo, sin conexión a Internet y alejados de sus dispositivos móviles. Que nos dejen descansar de tanta felicidad. Lo necesitamos.


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