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Cómo tomarle el pelo a la gente al estilo Paula Echevarría

La famosa mano negra cada día tiene más trabajo. Poco importan la falta de profesionalidad, la poca vergüenza o las ganas de tomar el pelo al público; si una carrera profesional no despega o se ve truncada en su mejor momento, la culpa no es de las malas decisiones sino de una misteriosa mano negra que todo lo puedo. Ahora, esa mano se ha aferrado al cuello de Paula Echevarría y con razón.

Que los famosos nos engañan es algo que tenemos asumido. Ni son tan perfectos como quieren aparentar en las portadas de las revistas, ni tan simpáticos como cuando presentan su último trabajo, ni tan inteligentes como cuando un redactor edita cada palabra de todas sus entrevistas. Pero este engaño cada vez es más profundo. Ahora los famosos cuentan, además, con asistentes que se encargan de actualizar sus redes sociales, hacerles fotos para Instagram, escribir sus blogs y diseñar cada uno de sus modelitos y de sus movimientos. Eso no quiere decir, desde luego, que no haya famosos más honrados, o menos inconscientes, que se tomen su tiempo para contentar a los fans, pero la mayoría están durmiendo plácidamente la siesta mientras un becario les sube interesantes comentarios a su Twitter.

¿Por qué pensará Paula que la eligen las marcas entre cientos de actrices españolas? ¿Por su buen hacer en la pantalla o por la legión de fans que arrastra gracias a sus estilismos?

El caso de Paula Echevarría es todavía más especial. La actriz se ha convertido en la it girl española, en el icono de estilo que todas las mujeres quieren imitar, en el prototipo de elegancia, clase y saber estar. Pero nada de esto es casual. Poco queda de aquella chica más bien del montón que se dejaba ver con José Coronado allá por 2003. Entonces Paula no era, desde luego, la mujer con clase en que se ha -¿la han?- convertido. Pensarán que puede ser un error de juventud o una vida económica más modesta, pero no se engañen, todo es cuestión de estilista. En cuanto llegaron las series de televisión y las películas candidatas a los Oscars, la imagen de Paula cambió radicalmente. De repente prestaba atención a sus prendas, se vestía con modelitos más exclusivos e iba bien maquillada y perfectamente peinada, algo bastante llamativo para alguien que dice no seguir las tendencias, no saber nada de moda y no tener ningún interés al respecto. La gente evoluciona, ¿pero tanto?

Tras su boda con David Bustamante, Paula no tuvo suficiente consigo misma y decidió animar a su marido a que dejara su aspecto de macarra de polígono, se apuntara al gimnasio, luciera abdominales y se convirtiera en un Ken perfecto para esta Barbie morena. Juntos forman una de las parejas más rentables del famoseo español y todo gracias a la moda y al estilo. Ellos se empeñarán en decir que esa no es su vida, que no prestan más atención de la justa a su imagen y que viven de sus profesiones, pero no dudan en sacar partido de cualquier campaña de publicidad o photocall al que acudir. Desde luego, tienen todo el derecho de rentabilizar su imagen, ¿pero no sería más lógico asumirlo, en lugar de ponerse a la defensiva? ¿Por qué pensará Paula que la eligen las marcas entre cientos de actrices españolas? ¿Por su buen hacer en la pantalla o por la legión de fans que arrastra gracias a sus estilismos?

Plagio bloguero

Pero el colmo del absurdo ha llegado esta semana. Desde hace tres años, Paula actualiza su blog Tras la pista de Paula Echevarría, alojado en la web de la revista Elle, con sus estilismos diarios. En él explica dónde se compra las prendas, cómo las elige, cómo las combina, da trucos de maquillaje y hace buena publicidad de las marcas que la patrocinan. Y gracias a este trabajo -porque no olvidemos que esto es un trabajo- se ha convertido en la reina de las blogueras de moda y acumula cientos de miles de fans que copian y analizan cada uno de sus movimientos. De hecho ha sido, durante mucho tiempo, la famosa española más buscada en Internet. El problema ha aparecido cuando se ha descubierto que ella, a su vez, también copia los estilismos de otras blogueras menos conocidas. Pero no es que coincida en una prenda, o en un conjunto casual, es que hablamos de varios modelos, combinados de forma idéntica e incluso, con la misma postura corporal en la fotografía.

Paula ha sacado la teoría de la conspiración y dice que todo es una invención de Telecinco para hundir su carrera.

De entrada podrá parecer una tontería, pero cuando pensamos en la cantidad de marcas que confían su imagen en Paula debido al impacto que tiene entre sus potenciales clientas, el asunto se vuelve más peliagudo. De ahí que, ante el riesgo de ver su negocio tambalear, la actriz haya decidido sacar la artillería pesada. ¿Para qué dar una explicación razonable pudiendo echarle la culpa a otro? Todo el mundo entendería que, en los tres años que lleva actualizando su blog, pueda haberse “inspirado”, aunque fuera casualmente, en alguna otra bloguera. Todos tratamos de copiar lo que nos gusta. Pero no, Paula ha preferido sacar la teoría de la conspiración y decir que todo es una invención de Telecinco para hundir su carrera. Entonces, siguiendo el “razonamiento Echevarría”, cuándo un medio destapa un caso de corrupción, la culpa es del medio, no del infractor. ¡Qué gran política se está perdiendo España!

Y eso no ha sido todo. También ha afirmado que su religión le prohíbe ver programas de Mediaset (la empresa matriz que agrupa a los canales de Berlusconi en España), que no piensa decir nada para no darles más publicidad y que ella no tiene un blog de moda, que tiene un blog de su vida y que pone sus looks porque la gente se lo pide. Además, ha recalcado que es una mujer normal, que compra en Zara y que se levanta a las cinco de la mañana para salir de casa a las seis. ¿Acaso ser una mujer trabajadora es una excusa para no dar explicaciones? ¿Por qué Paula Echevarría se empeña en hacernos creer que no tiene nada que ver con esta polémica? ¿Qué cifra de negocio se esconde detrás de todo esto? Posiblemente Paula no supiera nada de las inspiraciones en otras blogueras, posiblemente se trate de una decisión poco acertada de un estilista, pero aquí la que da la cara es ella y a los que se les toma el pelo es a nosotros. ¿Tan difícil es actuar con un poco de profesionalidad? ¿Tan duro reconocer los errores? Si estos son los modelos que seguimos, normal que nos vaya así...


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