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Esposa y madre en la vida: las famosas entierran el feminismo

Mientras las grandes marcas tratan de subirse al carro del feminismo, ya que consideran que está de moda, algunas famosas no sólo reniegan del movimiento, sino que sus declaraciones y comportamientos nos devuelven a una época que ya considerábamos superada. ¿Esposa y madre en la vida? ¿Es eso a lo que aspiran las famosas?

Por mucho que no queramos, el mundo se compone siempre de extremos. O de izquierdas o de derechas, o de Antena 3 o de Telecinco, o del Barça o del Madrid, o proconsulta o anticonsulta, y claro, o feminista o no feminista. Mientras Karl Lagerfeld decidía organizar una manifestación en pro de las mujeres en su desfile de la semana de la moda de París -no porque el responsable de Chanel sea feminista, sino porque cree que el feminismo está de moda y, por tanto, vende-, algunas famosas continúan ancladas en modelos de comportamiento más propios de mitad del siglo pasado que del momento actual.

¿Dónde han quedado las mujeres liberadas, que luchan por una igualdad profesional real, por sus derechos civiles y sociales y por un futuro mejor que el actual? ¿Hemos vuelto a la época en la que las mujeres que abandonaban su carrera tras la boda mientras sus maridos salían de casa para proveer a la familia? La respuesta parece afirmativa.

Esta semana, sin ir más lejos, asistíamos impasibles a unas declaraciones de Alba Carrillo, modelo, empresaria y actual contertulia del programa Amigas y conocidas, en las que afirmaba que estaba deseando casarse por la Iglesia con su novio, el tenista Feliciano López, porque le da seguridad -aunque no terminamos de entender si es por la boda, por el hecho de que sea por la Iglesia o por tener a un marido a su lado-. Pero no es la única famosa que se manifiesta en el mismo sentido. Cada vez resulta más común encontrarnos con celebrities que esperan deseosas el día de su boda, que llevan soñando con él desde que tienen uso de razón y que pasan de ser profesionales de éxito a glamurosas amas de casas y esposas. ¿Es este el espejo en que nos queremos mirar? No es que una famosa, por el mero hecho de serlo, tenga que convertirse un modelo de conducta a imitar, pero, queramos o no, la influencia social está ahí, aunque la miremos de reojo. Aun así, ¿es culpa de las famosas o de los medios que las entrevistan?

¿Son los medios o el público los responsables?

Cada vez que un rostro conocido -sobre todo si es mujer- se encuentra con un micrófono tiene que enfrentarse a tres preguntas imprescindibles: '¿Tienes novio?', en caso de no tenerlo; '¿Cuándo será la boda?', en caso de no estar casada; y '¿Estás pensando en tener hijos?' o '¿Para cuándo el próximo?”, en caso de haber parido recientemente. No importa quién sea el destinatario de las preguntas -recordemos que se lo llegaron a preguntar al tenista Rafa Nadal cuando éste no había cumplido ni la veintena-, ni qué condiciones vitales le envuelvan, si no puede responder afirmativamente a este cuestionario, su vida es un fracaso y recibirá un 'Pero así estás muy bien, ¿verdad?' seguido de una mirada de comprensión por parte del reportero. ¡Tantos años de lucha para terminar anclados en la concepción más tradicional de la sociedad! ¿Es culpa nuestra? ¿Estamos condenados a permanecer impasibles ante la evolución? ¿Somos nosotros los que boicoteamos nuestros propios avances?

Puede que parte de toda esta corriente, llamémosle conservadora, se deba a la imagen perversa que se ha ofrecido del feminismo. No son pocas las estrellas que se declaran a favor de la causa de las mujeres, pero antifeministas por encima de todo. Lana del Rey, Lady Gaga, Katy Perry o Taylor Swift se han apresurado a apearse del movimiento feminista, no sea que se las tome por mentes radicales y tengan que sufrir la ira de la industria.

Tengan en cuenta que quedarse en casa, al cuidado de los niños y del marido bajo la excusa de 'quiero dedicarle más tiempo a mi familia', está bien visto, pero lanzarse a la calle con los ideales por bandera es una provocación que merece ser acallada como si nos encontráramos en la Rusia de Putin. Y es que el mundo, como les decía, son todo extremos. O sigues la corriente o estás contra ella, y si esperas tener una imagen pública exitosa y duradera, más vale que estés calladita, que así, evidentemente, estás más mona.


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