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Fabio McNamara, la estrella de la Movida

Pintor, cantante, compositor, artista… Fabio McNamara lo ha sido todo en esta vida. Poseedor de una de las mentes más brillantes que se escondieron detrás de lo que se bautizó como ‘La Movida’, hizo lo que quiso en cada momento. Ahora, tras una temporada en el infierno, vive rodeado de cuadros y fe. Hoy echamos un vistazo a la trayectoria de una auténtica superstar.

Cuenta Mario Vaquerizo que le costó seis años convencer a Fabio McNamara para que le dejara escribir sus memorias. No es que el artista no se sintiera dispuesto a ello, pero no encontraba el momento adecuado para hacerlo. Al final, se reunió con el periodista y le dijo: “Ahora, Mario, es el momento y solo tú puedes encargarte de hacerlo”. Y es que la vida de Fabio de Miguel ha sido de todo menos corriente. Se puso el mundo por montera durante los últimos coletazos del franquismo, paseó por un Madrid tomado por el miedo con los modelos más extravagantes que podía encontrar, vivió la llegada de la democracia, cantó con Almodóvar, comentó el ¡Hola! en la mítica casa de los pintores Costus, pintó, escribió, compuso e hizo lo que quiso sin pensar en las consecuencias, incluso aquellas que le afectaban a sí mismo. Y es que Fabio fue y es un espíritu libre.

¿Por qué no aprovechar el gran momento de popularidad de Mario Vaquerizo para dar a conocer la figura de McNamara?

A la hora de enfrentarse al proyecto, Vaquerizo pensó debía completar la visión de McNamara con la de sus coetáneos, personas con las que ha ido compartiendo las diversas etapas de su vida -y quién mejor que Vaquerizo para acceder a personajes como Alaska, Nacho Canut, el pintor Juan Maximiliano o el productor musical Capi, algunas de las figuras clave para contextualizar la vida de McNamara-, pero en cuanto empezó a reunirse con él, se dio cuenta de que no iba a ser necesario. Fabriografía son unas memorias contadas en primera persona, aunque escritas por otras manos. Una forma honesta de presentar un libro, y de la que deberían aprender otros muchos personajes populares que se empeñan en hacernos creer que tienen las dotes necesarias para ser escritores. Además, ¿por qué no aprovechar el gran momento de popularidad de Mario Vaquerizo para dar a conocer la figura de McNamara?

De Ciudad Pegaso para el mundo

Fabio de Miguel nació en Madrid, en Ciudad Pegaso, sin darse cuenta -o tal vez sí- de que iba a convertirse en uno de los símbolos de la capital. No era mal estudiante, le gustaba ir al colegio, pero sabía que lo suyo estaba en otro sitio. En plena adolescencia se trasladó al centro y empezó a dar rienda suelta a su creatividad. Se juntó con el cantante Tino Casal, con los pintores Juan y Enrique Costus, con Alaska y los Pegamoides, con el productor musical Miguel Ángel Arenas Capi y se convirtieron en lo más moderno de Madrid. Fabio se instaló en Casa Costus y empezó a pintar y a salir. Vivían en un caldo de cultivo de creatividad y lo aprovechaban al límite. Por allí pasaron escritores, cantantes o periodistas, además de todo el mundo que quería ser alguien en Madrid. Crearon el Chochonismo ilustrado, actuaron para Warhol, les prometieron que les llevarían a Nueva York a exponer y acabaron riñendo con todo el mundo.

Almodóvar se hizo íntimo de McNamara y empezaron a cantar juntos. Fabio creaba y Pedro ponía orden.

Fabio siempre tuvo una capacidad innata para generar decenas de frases míticas cada segundo y, claro, eso no pasó desapercibido para Pedro Almodóvar. El director se hizo íntimo de McNamara y empezaron a cantar juntos. Fabio creaba y Pedro ponía orden. Explotaron sus respectivos talentos hasta el límite y consiguieron hacer algunos bolos por la península. Almodovar, además, siempre contaba con McNamara para todos sus proyectos. Le convocaba al set de rodaje y le decía: “Fabio, ponte ahí y haz lo que quieras”. Su relación continuó hasta ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, la primera película “seria” de un Almodóvar más consciente de su faceta de director y que, por tanto, ya no admitía tanta improvisación y locura. Aun así, continuaron siendo amigos.

Adicciones, ingresos hospitalarios y fe

Pero poco a poco, McNamara fue alejándose de todo. Su adicción a las drogas, que había empezado con los primeros años de la Movida, se incrementó alarmantemente. Ya no pintaba, ni componía, únicamente trataba de conseguir algo de dinero para droga. Se volvió insoportable, tal como cuenta en Fabiografía, y sus amigos empezaron a distanciarse. Fabio vivió un infierno del que trató de salir en varias ocasiones, pero sin éxito. Tanto Tino Casal, como el doctor Enrique Monereo, como sus propios padres le pagaron tratamientos de desintoxicación, pero no fue hasta el último momento, cuando ingresó en el hospital pensando que ya no saldría vivo que McNamara cambió. Vio la luz, se acogió a la fe y dio gracias a Dios por conseguir seguir con vida.

Ya no hay drogas, ni salidas nocturnas, ni casi veladas sociales.

Desde entonces, Fabio McNamara es otro. Ha continuado cantando, aunque de forma más puntual, sin giras, ni obligaciones, únicamente cuando le apetece, y dedicándose a su verdadera pasión, la pintura -cada nueva exposición de sus cuadros es un éxito, como la última, celebrada en la Fresh Gallery madrileña-. Ya no hay drogas, ni salidas nocturnas, ni casi veladas sociales. Ahora McNamara disfruta una vida tranquila aun sabiendo que, como le dijo Warhol en su vista a España, siempre será una estrella.


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