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Abel Azcona, el artista favorito de Cristina Cifuentes

A veces el arte consigue unir universos que, de entrada, nos parecerían totalmente opuestos. La candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid por el Partido Popular, Cristina Cifuentes, ha aprovechado muchas de sus últimas intervenciones mediáticas para hablar del artista Abel Azcona. ¿Todavía no le conocen? Pues acaba de realizar en Madrid su proyecto ‘Las Horas’, donde ha compartido intimidad con veinticuatro desconocidos.

Cualquiera que se haya acercado a la obra de Abel Azcona, ya sea por interés como por casualidad, habrá podido comprobar que no resulta sencillo olvidarse de ella. Ya no solo por la carga emocional presente en cada una de sus acciones, sino también por la capacidad para remover algo dentro de los asistentes y participantes -a veces involuntarios- de forma absolutamente inesperada. No esperen encontrarse con una faceta amable de la vida -pese a que tampoco sea su intención perturbarles-, aunque tengan claro que, si profundizan un poco, les fascinará. Y, de paso, aprenderán mucho de la vida, de la realidad y de un mundo al que, en muchas ocasiones, permanecemos ajenos.

Cifuentes invitó personalmente a Azcona a visitar la Delegación del Gobierno en Madrid.

Esta aura que rodea cada una de las performances de Azcona debió ser la que sedujo a Cristina Cifuentes, hasta ahora delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid y candidata a ocupar su Presidencia. Tanta es la fascinación de la política que no ha dudado en referirse al artista en muchas de las entrevistas que ha concedido desde su proclamación como candidata. Y aunque no debería sorprendernos, nos sorprende. Primero, porque estamos acostumbrados a un tipo de político al que le interesa muy poco el mundo del arte -y ya si, encima, hablamos de arte fuera de las exposiciones del Museo del Prado, menos todavía-. Y segundo, porque las performances a las que nos tiene acostumbrados Abel Azcona no entran dentro de ese espectro 'políticamente correcto' del que tanto abusan los representantes públicos. De ahí que la idea nos parezca aún más atractiva.

La relación entre el artista y la política, como el propio Azcona definía en una reciente entrevista en el programa Wisteria Lane de Radio 5, es de amistad. Cifuentes siempre ha mostrado gran interés por el trabajo del artista, al que invitó personalmente a la Delegación del Gobierno para hacerle un recorrido por las instalaciones -allí fue donde Azcona confundió con una obra de arte las piedras que Cifuentes guarda del enfrentamiento entre policías y manifestantes durante la Marcha de la Dignidad-. De hecho, esta amistad entre ambos les ha costado más de una crítica, tanto por parte de los seguidores del artista, que no entienden cómo puede acercarse a un determinado perfil político, como de la propia Cifuentes, que deben considerar que las obras de Azcona son demasiado 'escandalosas' como para darles coba. El mundo, ya saben, está lleno de gente intransigente.

Hace pocas semanas, Azcona fue agredido y detenido por pasear desnudo por las calles de Pamplona durante una ‘performance’.

El currículum artístico de Azcona es apabullante, si tenemos en cuenta su juventud. Ha trabajado en decenas de países, ha expuesto en centenares de galerías y ha recorrido el mundo a través de su arte, tomando como punto de partida una infancia y juventud nada sencilla y aprovechando esta base emocional para explotar los grandes temas de la historia, desde el sexo hasta la religión, la política, el feminismo o las discriminaciones sociales. En su último trabajo en nuestro país, titulado Las Horas, el artista ha compartido una hora de intimidad con veinticuatro desconocidos -dos días enteros-, los cuales a cambio de un precio -100 euros que se donan íntegramente para ayudar a los hombres que ejercen la prostitución- pueden hacer lo que consideren durante esa hora. Un proyecto que volverá a repetirse en mayo y del que se guarda el anonimato de sus participantes. ¿Estaría Cristina Cifuentes entre estos veinte primeros? ¿Repetirá en la próxima edición?

No obstante, no todos los proyectos del artista se desarrollan de forma tan pacífica. En una de sus acciones, Azcona fue agredido y detenido por pasear desnudo por las calles de Pamplona durante una performance. Como consecuencia, se le impuso una sanción administrativa de 300 euros. Rápidamente, el apoyo a la iniciativa del artista y la repulsa a la actuación de la policía inundó las redes sociales, llegando a crearse una petición ex profeso en la plataforma change.org. Como siempre, el mismo debate: ¿dónde se fijan los límites del arte? O mejor, ¿hay que fijarle límites al arte? Sin duda, la obra de Abel Azcona nos sirve, y mucho, para reflexionar sobre el tema, y tan solo por ese pequeño detalle, ya deberíamos estarle agradecidos.


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