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Resacón en los Goya: una gala llena de llantos, chistes y errores, muchos errores

¿Fueron ustedes de los que aprovecharon el sábado noche para quedarse en casa, solos o acompañados, y disfrutar de 'la gran fiesta del cine español'? De ser así, hoy estarán muertos de sueño y lamentándose de su decisión. Pero si fueron de los que prefirieron quemar la noche, no se preocupen, aquí venimos a contarles todo, desde lo bueno -si es que hubo algo- hasta lo malo. Empieza, en sus pantallas, 'Resacón en los Goya'. Cojan las palomitas.

Nerea Barros no ha podido contener la emoción al recoger su Goya a la mejor actriz revelación ni sobre el escenario ni en la sala de prensa posterior (Gtres).
Nerea Barros no ha podido contener la emoción al recoger su Goya a la mejor actriz revelación ni sobre el escenario ni en la sala de prensa posterior (Gtres).

La ceremonia de entrega de los premios Goya empezaba con una alfombra fucsia -si el rojo funciona en los Oscar, no importa, en España siempre nos hemos querido creer que vamos por delante- y decenas de medios repitiendo lo de 'la gran fiesta del cine' a lo largo del día. No por mucho repetir la palabra 'fiesta' van a conseguir que se borren de nuestra retira el cúmulo de despropósitos a los que asistimos durante tres horas y media de gala, que nos recordó más a un 'Noche de fiesta' de José Luis Moreno que al impecable show de Tina Fey y Amy Poehler en los Globos de oro. Está claro que nos gusta la tradición, los referentes patrios y meter un número de chistes sobre catalanes con la excusa de que 'siempre funciona'. Es lo que llamamos marca España. Pero no nos adelantemos a los hechos y vayamos por partes:

Los estilismos

Si la gala de los Premios Feroz nos dejó un estupendo sabor de boca, los Goya no han corrido con la misma suerte. Pocos aciertos vimos en una alfombra rosa que pasará a la historia por la vuelta al redil de Penélope Cruz, con un vestido de Oscar de la Renta que no fue su mejor elección -puede que sí fuese un estilismo digno de una aparición estelar, pero la actriz parecía más bajita y corpulenta de lo normal, todo lo contrario de lo que se busca en una alfombra roja-. En la parte de los aciertos, Blanca Suárez de Zuhair Murad, Bárbara Lennie de Cavalli Atelier -la mejor de la gala-, Elena Anaya de Sybilla -pese a que el vestido podría haberle sentado mejor- y sí, Carmen Machi de Nicolás Vaudelet, la única que entendió que un estilismo es integral, vestido, peinado, joyas y actitud.

Los espantos fueron muchos y sonados. No entendemos qué ha hecho Lorenzo Caprile con Carolina Bang, si ambos hubiesen podido estar mucho mejor. No entendemos a Pilar López de Ayala en su conjunto -¿no había dormido?-. No entendemos a Manuela Vellés vestida de burbuja de Freixenet con transparencias -a la lentejuela dorada no le hacen falta más complementos-. No entendemos a Elena Furiase convertida en una estatua de bronce. Y no entendemos a Nieves Álvarez, que sí, iba estupenda con su Stephane Rolland Haute Couture, pero ni es la estrella de la gala, ni va recoger un premio, ni pinta demasiado en este tipo de eventos. Cuestión distinta son Macarena Gómez, Rossy de Palma, Loles León o Ana Belén, que iban vestidas de ellas mismas y así, siempre se acierta.

Los hombres, pobres, continuaron en un segundo plano. Y pese a que ya hemos manifestado en más de una ocasión que esta desigualdad de trato entre sexo no nada propicia a estas alturas de siglo, resulta muy complicado no aburrirse cuando la práctica totalidad de los asistentes optó por el negro y la pajarita. ¿Qué vamos a comentar? ¿Que a Quim Guitérrez y a Andrés Velencoso les sentaba mejor? Rodolfo Sancho se atrevió con el negro riguroso, Carles Francino Jr. con el azul y Adrián Lastra con el rojo. Todo igual de aburrido, previsible y anodino. En estos momentos es cuando echamos de menos a un Jared Leto con trenza que nos alegre la alfombra roja masculina, sea para bien o para mal.

La gala

Si la alfombra roja no brilló, menos lo hizo la ceremonia. Y eso que debemos reconocer que empezó bien, con Ana Belén, una verdadera estrella de nuestro 'show business', cantando nada m´sa comenzar la gala, pero pronto nos topamos con la cruda realidad. ¿Era necesario contar con Hugo Silva como cantante? ¿Tenía que aparecer Lolita, presente en casi todos los eventos de las últimas semanas, para recoger el testigo vocal de su madre? Y, sobre todo, ¿patrocinaba la gala el cantante Miguel Poveda? No sólo se marcó un cante final en el primer número musical -donde ya no venía a cuento-, sino que también torturó a los espectadores con un mini concierto en mitad de la gala, a la una de la madrugada. ¿Nadie va a ofrecer explicaciones de esta elección? ¿Qué relación tiene el cantante con la Academia de cine? ¿Ningún partido político va a llevar el caso Poveda al Congreso? Muy generosos nos estamos volviendo.

Pero, sin duda, esto no fue lo peor. Dani Rovira aguantó el tipo sin demasiada gracia -y nos hizo echar de menos épocas pasadas con la gloriosa Rosa María Sardà-, salió al escenario sin pantalones -a nadie le hizo gracia-, nos contó unos cuantos chistes -a nadie le hicieron gracia- y se llevó un Goya que dedicó a su novia, Clara Lago, pese a que ya sabemos que ellos no hablan de su vida privada. Alex O'Dogherty se marcó un número musical con unos teclados y una trompeta que hizo sonrojar, posiblemente, hasta a su propia madre, y un par de cómicos acompañados de dos copazos nos deleitaron con chistes de andaluces y catalanes y nos retrotrajeron a la época más 'casposa' de Televisión Española.

Por lo demás, la gala fue larga, larguísima -aprovechando que era sábado, suponemos-, y aburrida, aburridísima. ¿Para que se organizaron grupos de tres actores para dar los premios si no tenían ni una frase para cada uno? ¿Por qué se aplaudió únicamente a los actores y actrices fallecidos que trabajaron en televisión si estábamos en la 'gran fiesta del cine'? ¿Por qué Antonio Banderas leyó su primera novela como agradecimiento por el Goya Honorífico? ¿Por qué Natalia Tena estaba nominada a actriz revelación si ya la hemos visto en varias películas de Harry Potter y en la serie Juego de Tronos? ¿Por qué Maxi Iglesias estaba sentado en primera fila? ¿Por qué no hemos aprendido nada de ritmo, contenido y escenografía si llevamos ya la friolera de 29 ediciones de los premios Goya? Algo está pasando en España y todavía no sabemos lo que es.


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