Estilo

¿Dónde ha ido a parar el topless?

¿Qué les pasa a las chicas de ahora que ya no hacen topless? ¿Acaso son más puritanas que sus madres? ¿Por qué ya no se reivindica a golpe de seno?

El topless pasó un tiempo de tabú, pero hace tiempo que se ha normalizado (Gtresonline).
El topless pasó un tiempo de tabú, pero hace tiempo que se ha normalizado (Gtresonline).

Dudamos mucho de que la moda del topless haya pasado por puritanismo y por una vuelta a los valores familiares de las jóvenes de hoy como asegura algún sexólogo que otro. La verdad, no nos encaja mucho que por una copa gratis se haga un mamading y luego dé reparo enseñar las ‘vergüenzas’ en la playa. Es cierto que la noche nos confunde, pero no tanto, ¿no?

Todavía recordamos con nostalgia esos momentos de Brigitte Bardot en Saint Tropez con las lolas al aire, a ese Alfredo Landa y secuaces poniéndose las botas en Torremolinos viendo pasar a las francesitas con sus pechos descubiertos y a nuestra amiga Lola que, con una talla 95D, jugaba alegremente a las palas en la orilla del Mediterráneo para solaz y deleite de los beach boys. ¡Qué tiempos aquellos! ¡Qué liberación sexual la de esos días! Acabamos con el recato en un pispás.

Del bikini al monokini

En fin, a estos pensamientos filosóficos nos dedicamos estos días junto a Nelson, el cubano que nos prepara nuestros daikiris diarios en el chiringuito de nuestra adorada playa de Les Deveses. “En Varadero las playas están llenas de alegres chicas en monokini”, nos comenta Nelson, “no entiendo por qué aquí no...”. ¡Ay querido! pues porque lo dicen los franceses, que gracias a Dios -y como dice Woody Allen- existen. El 90 por ciento de las francesas ya no le ven sentido a destapar sus pechos y nosotras tampoco, ¡Vive la France! Ya no tendremos que embadurnar nuestros atributos con kilos y kilos de protección solar para evitar las quemaduras de tercer grado.

Pero como en toda regla existen honrosas excepciones y todavía hay féminas que nos hacen pasar nuestros buenos ratos en las siestas playeras.

La primera y más común: la campista

Esa mujer de treinta y tantos, liberada, que a teta limpia persigue a su bebé con un tupper de fruta en la mano por toda la playa. Suele llevar la braguita del bikini remetida a modo de tanga y remata la faena con una gorra desvaída y mal encajada en la cocorota mientras su pareja siestea en el iglú de Quechua que han comprado para la ocasión. ¡Viva la liberación y la acampada libre!

La segunda es el gran clásico de las playas españolas: la alemana vintage

Ese especimen medio colorado, medio tostado, que pasea frenéticamente playa arriba, playa abajo. Siempre de la mano de su Herr y con las lolillas retozando sobre su barriga a cada paso. Un espectáculo que se merece otro daikiri, Nelson.

La tercera y más tierna: la inglesita que viene por primera vez a la costa patria

Es la única que baja de la treintena y la favorita de Nelson. Por su inexperiencia solar y sus ganas de sintetizar vitamina D destapa sus turgentes encantos al lorenzo a la mínima de cambio. Cuidado Minnie, que el sol o Nelson te pueden quemar…


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