Estilo

Guerra al colesterol playero: cómo disfrutar del chiringuito sin engordar

Es difícil resistirse a los numerosos placeres del verano; es más, es que no nos da la gana resistirnos, lo confesamos. Y para que este año no nos entren en septiembre los remordimientos y culpabilidades, comenzaremos la maratón del picoteo con unas buenas bases de participación. Nos han prometido nuestros expertos en nutrición que si lo seguimos fielmente, no habrá arrepentimiento postvacacional.

Primer aliado de las terrazas veraniegas: El refresco light. No es una cañita con su espumita rebosante, no,  pero los hay muy ricos y con mucha chispa. Otros refrescos que también resultan ideales para esta época son las aguas con gas, las gaseosas y los ice tea. Refrescan, hidratan y no tienen ninguna caloría. La mejor opción para un aperitivo es combinarlos con encurtidos o, como dirían en nuestro pueblo, con los vinagres. Pepinillos, berenjenas de almagro, cebollitas, guindillas... y si cae una patata frita, pues tampoco pasa nada, pero solo una, ¿eh? Eso sí, es muy importante no tomarlos cerca de las comidas principales, puesto que interfieren en la absorción de algunos nutrientes, sobre todo del calcio.

¿Qué podemos beber?

Si aun así no nos podemos resistir a la cerveza, no problem, tenemos dos opciones: o nos decantamos por la cerveza sin alcohol, manteniendo todo el sabor y el gratificante aporte de la cebada, o rebajamos el efecto convirtiendo la caña en clara. Cuanta más gaseosa le echemos, más calorías neutralizamos.

Cuidado con los zumos: hay que dosificarlos si no queremos que nuestra insulina se vuelva loca.

Con el tinto de verano, la mejor opción es la casera, es decir, la hecha en casa de toda la vida. Los tintos de verano ya preparados están llenos de azúcares y conservantes, así que, en cualquier bar, un vinito con gaseosa a la antigua usanza y con una rajita de limón, será la solución ideal para evitar picos glucémicos que nos abran el apetito a deshoras.

Cuidado con los zumos: aunque quede superbien ver a las celebrities con su megavaso de zumo por la calle, hay que tener cuidadito con ellos. Normalmente llevan el triple de la fruta que nos tomaríamos por piezas y, con ello, tres veces más azúcar. Hay que dosificarlos si no queremos que nuestra insulina se vuelva loca.

Tapas sí, pero no todas

Hay que huir de las sabrosas aceitunas y patatitas y sustituirlas por otros aperitivos igual de sabrosos pero con menos grasas. Una buena alternativa, forrarnos a boquerones en vinagre, a berberechos con limón o a jamón con un poquito de tomate. Para opciones más sofisticadas que el chiringuito de playa, también podemos recurrir a las crudités con mozzarella.

Huyamos de los fritos y los rebozados y entreguémonos a otras delicias como los pimientos asados con ventresca.

Otra buena opción consiste en cambiar los helados por el yogur helado o el polo de hielo. Normalmente todos los yogures helados están hechos con leche desnatada y el aporte de azúcar es mucho menor que el de los helados al uso, aproximadamente un 15%. Los hay de sabores deliciosos y con toppings de frutas puede ser una cena ideal.

Y por último, las benditas tapas. Nunca renunciaremos a ellas, pero aunque nos pese hay que declararle la guerra al colesterol playero. Huyamos de los fritos y los rebozados y entreguémonos a otras delicias como los pimientos asados con ventresca, la sepia, el salmorejo, los mejillones al vapor, el pulpo a la gallega, el jamón de pata negra... Dios, se nos está haciendo la boca agua... ¡Camarero!


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