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5 síntomas definitivos para dejar tu trabajo

Tiempo estival: el mejor para replantearse los grandes problemas de la vida. ¿Qué hago, me divorcio?... Cocino hoy, ¿o no?... Enveneno con el café al jefe ¿o espero a septiembre?... Ante tanta problemática infinita y variopinta, de momento focalicémonos en el trabajo: ¿envenenar al jefe y dejar pistas? Olvídalo si no eres un psicópata nato.

¿Tienes alguno de los síntomas definitivos para dejar tu trabajo? / Gtresonline.
¿Tienes alguno de los síntomas definitivos para dejar tu trabajo? / Gtresonline.

Este pensamiento indica que ha llegado el momento de que cambies de trabajo. No te hagas el remolón, tu cuerpo -que es más sabio que tú- tiene maneras de decirte que ya has cumplido en ese sillón y que toca levantarse y buscarse otro. Claro que siempre puedes, al más puro estilo Matrix, elegir la píldora azul que te permita seguir vegetando sin querer saber nada más… Aquí van los cinco síntomas ineludibles por los que tu subconsciente envía un mensaje inequívoco: ¡Cambia de trabajo, ya!

Los dolores de estómago los domingos por la noche

¡Ayyy qué ardores! Te fogueas por dentro pero no encuentras el motivo. Has dejado la dieta Dukan, te has abonado a lo macrobiótico, luego a lo vegano, luego has pasado directamente al ayuno ayurveda… y nada. ¡Pues claro! ¿Todavía no te has dado cuenta que no es la comida? Lo que te enferma es tener que volver a trabajar el lunes con el mismo mal rollo… Como decían Los Amaya (esa joya del flamenco setentero): “Vete”.

Haga lo que haga, siempre se te adelantan

Llevas diez años en la misma empresa pero has visto cómo te pasaban por la derecha y por la izquierda los recién llegados, los enchufados, los que tenían más experiencia que tú, los que eran más altos que tú, los que eran más bajos y olían peor… ¿Y todavía no has entendido que hagas lo que hagas jamás prosperarás ahí? Otra vez Los Amaya: “¡Vete!”

Viajas como loco y lo estás deseando

Sólo para ver por décima vez en el avión la trilogía entera de El señor de los anillos.Si antes soñabas con hacer un largo viaje para aprovecharlo y preparar informes, entrevistas, reuniones, citas… Ahora te sabes de memoria los nombres de Rivendel, los parientes de Gandalf y los peores lupanares de Mordor… ¿Qué te ha pasado? ¿Te lo digo? “¡¡Vete!!”

Te piensas hasta los chistes de Chiquito

Ya no te atreves a decir nada en público no vaya a ser qué… Piensas cada palabra que dices, ya sea para invitar a alguien a tomar un café o para pedirle a la secretaria que te traiga un informe. Sin citar las horas que te lleva escribir un mail, eligiendo cada palabra para no herir ninguna susceptibilidad… “¡¡¡Vete!!!”

Las carcajadas desaparecieron

Es más, si te ríes, te sientes mal y ves cómo los demás clavan sus miradas en ti. ¡Pero si hasta hace nada se te caían los lagrimones con el director financiero! ¡Si los ataques de risa en el café eran proverbiales! Sólo se me ocurre recurrir de nuevo al estribillo -y eso que ya están un poquito hasta los… de repetírtelo-. Los Amaya atacan de nuevo “¡¡¡¡VETE!!!!”.


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