Estilo

El (millonario) arte de la alta costura

Con el desfile de Atelier Versace, este domingo 25 se abre el telón la Semana de la Alta Costura de París, un conjunto de desfiles de las selectas casas que se dedican al arte más sublime de la moda.

Vestidos de ensueño con bordados, pedrerías y cristales. Una pasarela que se transforma en un bosque encantado o un escenario futurista, a petición del creador. La Alta Costura es el espectáculo de la moda con mayúsculas. Si estás ahí no es porque quieres, sino porque puedes. Y es la muestra más exquisita de lo que pueden conseguir las agujas y las tijeras con los tejidos más suntuosos que haya sobre la faz de la tierra.

Solo un puñado de casas desfilarán los próximos días (del 25 al 29 de enero) en París, entre las autorizadas y los miembros invitados: Atelier Versace, Schiaparelli, Christian Dior, Giambattista Valli, Alexis Mabille, Chanel, Giorgio Armani Privé, Alexandre Vauthier, Elie Saab, Jean Paul Gaultier, Valentino, Zuhair Murad… Formar parte de la Alta Costura está estrictamente vigilado y regulado por la Cámara Sindical de la Alta Costura, una institución que se creó en 1868 para salvaguardar esta industria, que en Francia está protegida por la Ley. Las especificaciones -establecidas en 1945 y modificadas únicamente en 2002- establecen que cada casa debe tener un atelier en París, un staff mínimo de 20 personas, desfilar en enero y junio, mostrando un mínimo de 25 looks, totalmente hechos a mano. Para hacernos una idea, un vestido puede suponer entre 400 y 800 horas de trabajo (1.000 horas si es de novia).

Los detalles son fundamentales en la Alta Costura

La Alta Costura se lleva practicando desde hace 150 años. A su alrededor convivían algunos talleres de artesanos, de donde salen los detalles más sublimes de las creaciones tales como los bordados de Lesage y Montex, los sombreros de Maison Michel, la orfebrería de Goossens, los botones y bisuterías de Desrues o los especialistas en plumas de Lemarié. Esta última casa era una de las más de 300 especializadas en plumas en el París de 1900. Hoy es la única que existe. Sus negocios perviven solo gracias a la Alta Costura y muchos se han visto obligados a echar el cierre. En 1997 Chanel comenzó a comprarlas, para asegurar su supervivencia y buen hacer, y las agrupó en una filial llamada Paraffection (‘por afecto’ en francés).

La Alta Costura es un negocio deficitario, pero muy lucrativo en lo relativo a la publicidad

Como puede imaginarse, la Alta Costura estáprotagonizada por las casas de moda con más músculo financiero, las que pueden permitirse formar parte de un negocio deficitario en lo que a venta de vestidos se refiere (Versace estuvo ocho años sin desfilar y se reincorporó en 2012 cuando había superado sus problemas), pero muy lucrativo en lo relativo a la publicidad. Pensemos por ejemplo en la pierna de Angelina asomando por la abertura de su vestido de Atelier Versace en la alfombra roja de los Oscar. O en las zapatillas deportivas que llevaron Cara Delevingne y el resto de modelos del desfile de Costura de Primavera/Verano 2014 Chanel…No hay ganancias de la costura, pero sí beneficios millonarios de la publicidad que se obtiene, tanto en las reproducciones virales en redes sociales como apariciones en prensa.

Y pese a todo, las ventas han comenzado a subir, después de años de recesión o de mantenerse en stand by. Las de la colección de primavera-verano 2014 de Chanel crecieron un 20% y las de Valentino entre un 30 y un 35%, según un informe de la revista WWD, especializada en el negocio de la moda.

Ser clienta de Alta Costura no es barato

Un vestido puede costar entre 25.000 y 60.000 euros (hay pisos en Madrid con ese precio), lo que explica lo selecto de su reducida clientela que ya no está formada, por cierto, por grandes damas de la jet estadounidense. Ahora son rusas, chinas y sobre todo mujeres procedentes de Oriente Medio, de Qatar, Arabia Saudí, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos, muchas de familia real. Algunas ni siquiera van a los desfiles, porque compran en salones privados.

Entre el precio de los vestidos y los viajes para realizar las pruebas, la factura asciende hasta un límite que sólo millonarias pueden permitirse

Ser clienta de Alta Costura no es barato. No ya solo por el precio de los vestidos (las mujeres árabes pueden comprar 25 por temporada, para lucir uno nuevo en cada fiesta y en la temporada de bodas), sino porque esa compra supone viajar a París para las pruebas (que son entre tres y cinco), lo que añade a la factura final el transporte, alojamiento y estancia de lujo en la capital francesa. Pocos bolsillos aguantan eso, pero la mayoría son millonarias que no están dispuestas a gastarse 5.000 euros por un vestido de una línea de prêt àporter de cualquier firma de lujo, para que luego otra millonaria como ella lo lleve también.

El número de clientas ha pasado de un par de miles a solo unos cientos. Jean Paul Gaultier por ejemplo reconoce que sus clientas de Alta Costura son entre 60 y 80 personas, y en Giambattista Valli la cosa se resume a menos de una cuarentena, aunque el número está creciendo. Lejos de lo que la gente piensa, entre las clientas no hay actrices famosas que sílucen esos vestidos en la alfombra roja pero, como Cenicienta, lo hacen solo durante unas horas porque cuando se apagan los focos tienen que devolverlo.


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