No sé qué es lo que me gusta más, si esos torsos en los que nadar a braza como dice mi amiga del alma, esos bíceps a medio cortar en la foto, o la estampa central en la que recae mi atención sin casi quererlo y cuyo nombre, dice el refrán popular, tiene nombres mil.

Me pregunto qué es lo que venden en realidad. Creo que es la posibilidad remota de pensar que tu Manolo (que no Blahnik) puede alcanzar la gloria enfundándose un modelo cualquiera de los que luce el chulazo de la foto (por cierto, qué buen ejemplo fue Rappel con aquel tanga leopardiano de lo más in para esta temporada que se lleva tanto el animal print).

Yo un verano fui adicta a Sex and the City, adicta de verdad, de tragarme 4 y 5 capítulos diarios. Terminé viendo por la calle a los morenazos a cámara lenta y melena al viento siempre, como si tuvieran un ventilador de los que les ponen a las modelos en las sesiones de fotos. Y mientras caminaban a cámara lenta siempre, giraban la cabeza para lanzarme una mirada de esas que te llegan hasta los tobillos para que empiecen a temblar como flanes. Me dije ¡basta! (de Sexo en Nueva York, claro).

Ahora que sólo veo calzoncillos me temo que el peligro es aún mayor. Pero… ¿Y ellos? Porque queridas, la competencia es brutal. Ahí están ellas con esas curvas de escándalo, esas piernas infinitas a lo Charlize (que hacen que me cuestione siempre mi inclinación sexual), y esos traseros (que tienen menos de mil nombres seguro) redonditos cual manzanas que nos ponen a todas en entredicho. Esa presentación bombazo de los ángeles de Victoria. Que en lo que menos te fijas siempre, claro está, es en las enormes alas.

¿Sabéis lo que os digo? Que lo natural está de moda y que todo eso, como dice mi amigo Alex García (el prota de Tierra de lobos) “es mentira”. Que lo que de verdad nos pone es ver a nuestro partner con esos boxers de algodón que señalan hasta lo que no se tiene (calabacín o pepinillo) y a ellos, os lo digo, les encanta que nos disfracemos un poquito por dentro, tengamos manzanas, mandarinas o melones. Y si queréis llevar alas, pues mejor. Ánimo y atención, lo importante es no caer nunca en las comparaciones y dejar libre a la imaginación para encontrar más nombres si cabe. Todos somos estrellas en ropa interior... ¡Y sin ella!


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