Estilo

Madrid gana a Hollywood en el último duelo de alfombras rojas

Este domingo por la noche, mientras Europa estaba pendiente del resultado de las elecciones griegas -o del debate de Gran Hermano VIP-, el mundo del cine se vestía de gala en dos grandes citas del año: los premios del Sindicato de Actores, uno de los más prestigiosos de Hollywood, y los premios Feroz, la cada vez más firme competencia de los trasnochados Goya. Producto nacional vs. Importación extranjera. ¿Quieren saber qué alfombra roja fue la mejor? Pues atentos.

No se dejen llevar por la costumbre. Sí, tenemos claro que en una batalla de alfombras rojas -en eventos relacionados con el cine-, las de Hollywood tienen todos los puntos para ganar. No sólo pueden presumir de tener algunas de las estrellas más rutilantes del momento, sino que, además, en Estados Unidos se preocupan de cuidar el star system. Hollywood está plagado de estrellas. Cuando menos te lo esperas, aparece Barbra Streisand o Jane Fonda -por no hablar de la eterna Meryl Streep- y te levantan la noche. Eso, en España, no sabemos hacerlo. O al menos, no tan bien. ¿Por qué perdemos el tiempo invitando a modelos/presentadoras que no pintan nada en el evento y no reclamamos la presencia de, por ejemplo, Ana Belén? Desde luego, nos iría mucho mejor su recurriéramos a nuestro plantel de estrellas para que dotaran del glamour necesario a esta muestra de poderío.

La alfombra roja de los premios SAG volvió a castigarnos con aburrimiento.

Dicho esto, ayer España quedó mucho mejor que Hollywood. La gala de los premios del Sindicato de Actores (SAG) volvió a castigarnos con el aburrimiento que ya vimos en la entrega de los Globos de Oro -y, encima, no estuvo Jennifer Lopez para animar el cotarro-. Mucho vestido monocromático, mucho escote y mucha mano en la cintura, pero volvimos a ver una alfombra roja que no pasará a la historia por ser una de las más atrevidas. De hecho, las que repitieron eligieron el segundo mejor descarte de los Globos de oro y se lo plantaron como si no pasara nada. ¡Lo bien que iba Naomi Watts hace unas semanas y lo insulsa que apareció anoche! Incluso Emma Stone, que siempre acierta, llegó correcta sin más. Y eso sin hacer demasiada saña con las protagonistas de Orange is the new black, que continuaron con su afición a generar drama estilístico en las alfombras rojas. Eso sí, Laverne Cox quiso hacerse un J.Lo, pero acabó pareciéndose más a Ana Obregón. Una pena.

En el otro extremo situamos a Julia Roberts (sobria, discreta y sí, aburrida, pero impecable), a Rosamund Pike (no porque fuese muy bien, sino por hacernos olvidar el desastre de los Globos de Oro y a Julianne Moore (que siempre acaba siendo fiel a su estilo y le sienta como un guante). Pero, sin duda, la triunfadora absoluta de la noche, estilísticamente hablando, fue Jennifer Aniston. La actriz más ninguneada de lo que llevamos de año -su interpretación en Cake iba a coronarla como reina de Hollywood y no se ha llevado ni una triste nominación a los Oscar- quiso dejar claro que puede que no le den premios, pero ni los quiere, ni falta que le hace. Su vertiginoso escote de John Galliano, decorado con un collar que se adentraba en los misterios que, de momento, sólo conoce Justin Theroux, dejó a todos los presentes sin palabras. Al final, se quedó sin estatuilla, pero se llevó la victoria encima.

Sorpresa en los Feroz

Y mientras Hollywood se rendía a los encantos de la actriz de Friends, en España nos vestíamos de gala para acudir a la segunda entrega de los premios Feroz -seguro que hoy han leído muchas veces eso de la antesala de los Goya; ya saben lo que nos gusta un tópico-. Y sí, todos nos llevamos una sorpresa. Primero, por la múltiple, variada y potente asistencia de hombres en una alfombra roja. Estamos hartos de levantar la mano para pedir más presencia masculina en este tipo de eventos -algunas actrices de Hollywood han aprovechado el momento para denunciar el escrutinio al que se las somete, mientras sus compañeros hombres salen de rositas-, y ayer nos quedó claro que, en España, los que llevan la moda a rajatabla son los hombres. Y segundo, por la mesura en las excentricidades de las actrices nacionales. Apostaron por diseños poco convencionales -algunas, ya que otras, como Leonor Watling, confió en el negro riguroso- y salieron victoriosas. Mucho más de lo que hemos visto en América en los últimos tiempos.

Ingrid García dio la nota discordante en los Feroz: acabó pareciéndose a un maniquí de sex shop.

Aunque si tenemos que poner una pega, una nota discordante, esa fue la de Ingrid García. La actriz apareció con un conjunto de transparencias y superposiciones que quiso llevarnos al que lució Julia Roberts cuando recogió el Oscar -eso le dirían a la pobre para vendérselo-, pero que acabó pareciéndose más a un maniquí de un sex shop. Para llevar estos modelitos imposibles hace falta actitud, pocos miramientos y estar muy segura de lo que se hace. Ingrid no lo estaba. Es comprensible. Aunque siempre puede pensar que no todo el mundo fue igual de estupendo que Quim Gutiérrez. Los hombres acertaron en su mayoría, y los que no, pecaron de no tener un estilista que les echara una mano -es el problema de no dedicarse habitualmente a acudir a eventos, como puede ser el caso de los directores-. Ya mostramos nuestra simpatía por los atrevidos en las alfombras rojas -léase Jared Leto-, en un intento de acabar con tanto traje negro, pero si se apuesta por el clasicismo, hay que llevarlo bien, no con la corbata suelta y torcida como Aitor Luna. O todo, o nada.

Ahora nos queda la batalla final. Los Oscar versus Los Goya. Y pese a que España se lo está poniendo difícil, tenemos tantas esperanzas puestas en Hollywood, que luego nos pasa lo que nos pasa y nos llevamos las manos a la cabeza ante la falta de innovación. Es el riego de criticar desde la comodidad del sofá.


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