Estilo

Lo que los hombres se hacen en las cabinas de estética

El hombre ha pasado de 0 a 100 en la incorporación a los tratamientos de estética no quirúrgico. Del hombre peludo al hombre pelado.

Aún no llegan al nivel de las mujeres, ni mucho menos. Pero esos hombres para los que antes era un misterio lo que ocurría dentro de las cabinas de estética, ni lo sabían ni se atrevían a preguntar, ahora se han incorporado como clientes, y el cambio ha sido rápido en pocos años. “La evolución ha sido de 0 a 100 en apenas tiempo. Muy brusca. Es similar, en mi opinión, a la adaptación a la era digital. Por establecer un símil sería ‘Atrapados en la red_-Atrapados en la estética’ -dice el cirujano plástico Moisés Martín Anaya-. Un hombre ha pasado por sentir molestias por el vello de las piernas y quitarse un poco de las zonas donde más lo notaba a la depilación integral. Ha pasado de parecer un oso a no tener ni un pelo”.

Los hombres prefieren someterse a cirugía antes que a tratamientos estéticos no quirúrgicos.

Sin embargo, el doctor matiza: “Los tratamientos estéticos no quirúrgicos más demandados suelen ser los menos. Ellos prefieren un quirófano a una cabina. “El hombre no contempla la consulta como un lugar para relajarse a la vez que se somete a un tratamiento estético. Es cierto que cada día los demanda más: depilación, peeling, tratamientos faciales a base de mascarillas… pero no es menos que es más radical a la hora de acometer el tema de la belleza. Quiere un cambio y lo quiere lo antes posible, por lo que suele inclinarse por la cirugía. Ni siquiera es partidario de injertos grasos u otros tratamientos de relleno. Si de repente es consciente de que tiene bolsas en los párpados, llega a la consulta y pide información y presupuesto para hacerse una blefaroplastia. No busca atajos ni tarda en decidirse tanto como las mujeres”.

Pese a ello, cuando quieren entrar en cabina suelen pedir depilación (primero cera y cuando se afianzan, láser), masajes con fisioterapeutas y consultas sobre nutrición y adelgazamiento, según explica Paz Torralba, propietaria de The Beauty Concept, centro de referencia en cuidados estéticos en Madrid, a punto de abrir su segundo espacio en la capital.

Una cuestión de peso

“Les preocupa mucho el tema del peso y muchos preguntan por la cavitación, que en el caso de los hombres funciona mucho mejor que en las mujeres. En general, cualquier tratamiento para adelgazar es más efectivo entre el público masculino porque pierde peso antes. Otro tratamiento que les va fenomenal es la carboxiterapia abdominal y el trabajo con asesores nutricionales deportivos. En nuestro centro hay muchos chicos conocidos cuidándose que han pasado por un gran cambio, como Dani Muriel o Fernando Tejero. Por último, también les interesa mucho la medicina regenerativa a partir de su propio plasma. Escuchan en las noticias que Rafa Nadal se recupera con este tratamiento y ellos también quieren”.

El perfil de los hombres interesados por la estética “sorprendería a muchos”, sostiene el doctor Martín Anaya. “Abarca todo el abanico de posibilidades que uno pueda imaginar, tanto socioeconómica como estéticamente hablando. Desde el hombre más preocupado por su aspecto, el más moderno, pendiente de las nuevas tendencias, al que acaba de descubrir que existe la hidratante para el rostro. El hombre ha girado 360º en este sentido, siguiendo una tendencia social que aprecia lo bello, lo estético, como algo saludable. Lo de ‘el hombre como el oso, cuanto más feo más hermoso’ ha quedado atrás”.

Lo que sí les diferencia por completo de las mujeres es cómo tratan el asunto de cara a los demás, mientras que a ellas no les cuesta reconocer que se han sometido a una mesoterapia o una radiofrecuencia, y de hecho lo comentan abiertamente llegado el caso, no es ocurre lo mismo con los hombres.

A los hombres todavía les cuesta reconocer que se han retocado.

“A la hora de reconocer que se han hecho algo, por pequeño retoque que sea, la mayoría lo niega. Es el siguiente paso es la aceptación general de la estética como una cuestión al margen de la guerra de sexos. Parece que el hombre todavía teme que le tachen de cursi, presumido o, en casos peores, afeminado”, apunta el cirujano.

Paz Torralba coincide: “Todavía creen que si se lo cuentan a sus amigos se van a creer que son gays. No han perdido el pudor. La mayoría no lo cuenta a sus amigos tomando una cerveza (pero igual sí se lo cuentan a una chica que se han ligado). Nosotros tenemos un cliente que va a traer a su madre y no quiere que le digamos que él se hace nada…”.

Eso sí, cuando se ponen en manos expertas, ya no hay vuelta a atrás. Se fían ciegamente de sus consejos y no cambian de profesionales para futuras consultas. “Son muy decididos, una vez que han consultado. Esta situación se debe, en gran medida, a un cambio en las estructuras familiares. Las separaciones ponen a muchos hombres de nuevo en posiciónn de búsqueda de pareja y, de repente, se ven gordos, con tripita, calvos… No les gusta lo que ven en el espejo y deciden ir a la consulta y arreglarlo lo antes posible”, concluye el doctor Martín Anaya.


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