Estilo

Lo que Manuela Carmena no debe copiar de la moda de otras políticas

Manuela Carmena tiene un millón de problemas de los que ocuparse cada mañana cuando se levanta. Sin frivolizar sobre el asunto, uno de ellos -de los más pequeños, claro- es elegir el vestuario. La nueva alcaldesa de Madrid recoge el testigo de la que fuera la primera de la historia de la capital, Ana Botella que no dejó una herencia estilística impecable, por tanto está en su mano mejorar la imagen de este importante cargo. Manuela ya no puede esconderse tras la toga negra de jueza y su armario debe estar preparado. 

El look para la sesión de investidura de Manuela Carmena fue muy correcto (Corbis).
El look para la sesión de investidura de Manuela Carmena fue muy correcto (Corbis).

El look para la sesión de investidura de Manuela Carmena fue muy correcto. Mantuvo el peinado y las gafas a las que nos ha acostumbrado, pero se dio un toque más sofisticado con la simple elección de un blazer blanco que combinó con un top básico y pantalón negro. Optó por un maquillaje dulce y natural con labios rosados, mini pendientes blancos, un bolso beige y un reloj negro muy sencillo. Sin ostentaciones, elegante. Un outfit que encaja con el protocolo del evento, que no le echa años encima y que envía un claro mensaje: “Sé la edad que tengo, conozco mi cuerpo y mis posibilidades, quiero ir elegante pero manteniendo mi estilo discreto”.

Imagino que no utilizará abrigos de piel cuando vaya a visitar espacios con trabajadores en huelga, pero hay otros errores de la mujer de José María Aznar que Carmena podría evitar. Por ejemplo, el abuso de los broches (una tendencia popular que siguen María Dolores de Cospedal y, sobre todo, Esperanza Aguirre). Las convierte a todas en una suerte de gemelas que buscan quién lo tiene más original, algo que ni aporta ni ayuda a su puesto.

También podría tomar nota de otros patinazos de políticas como Angela Merkel y el escotazo desmesurado que lució en la inauguración de la nueva ópera de Oslo en 2008. Una líder no puede equivocarse de ese modo en un acto público porque acaban sus pechos como tema de discusión internacional durante días.

Tampoco debe caer en el ‘uniforme’ como la canciller alemana. Imagino su vestidor con miles de perchas de las que cuelgan trajes de chaqueta y pantalón ordenados por gama cromática. Aburrimiento total. Ojo también con el cabello, el corte de pelo ‘a lo champiñón’ que muchas mujeres a su edad eligen no ayuda a rejuvenecer su aspecto, grabado a fuego tenemos el que lucía Margaret Thatcher, así como sus bolsazos y perlas, algo que no funcionaría para Carmena por coherencia con su discurso e ideología y porque ya hemos tenido bastantes bolsos mezclados con mujeres alcaldesas.

Tendrá que tener cuidado con no bajarse las gafas a la punta de la nariz.

Hablando de Rita Barberá, de la ex alcaldesa de Valencia podría aprender a no bajarse las gafas al filo de la nariz cuando tienes decenas de fotógrafos apuntando. La imagen de un líder político de esa guisa en el atril provoca el sentimiento opuesto a lo entrañable de encontrar con las gafas caídas a la abuela mientras lee en el sofá de casa. Poco profesional.

La nueva alcaldesa de Madrid debe confiar en un asesor de imagen que impida que, como Hillary Clinton en 2012, aparezca sin maquillaje por poco importante que le pareciese entonces a la ahora aspirante a la presidencia de EE.UU. No es tema baladí, una buena base de maquillaje es clave para el aspecto de cualquier mujer y más si se trata de una política que está en el ojo del huracán como es su caso.

Su mayor reto es permanecer fiel a su estilo y cumplir con el protocolo sin dejar de lado el estilo y la clase. Es la oportunidad perfecta para que apoye marcas y diseñadores locales y nacionales, que fomente la moda sostenible y el reciclaje, repetir modelito ya es una constante en la vida de mujeres relacionadas con la representación pública como la Reina Doña Letizia o Catalina de Cambridge.

La etiqueta define

Otro de los momentos más complicados serán los actos que requieran vestido largo por etiqueta. En estas alfombras rojas suelen tropezar a menudo las políticas. Para situaciones así Manuela tiene que fijarse en Michelle Obama, la primera dama estadounidense, pese a ser más joven que la exjueza, le sirve como ejemplo porque ha encontrado una silueta que le favorece, se atreve con colores, elige diseñadores con cabeza y (suele) acertar.

Y no hay que tirar de presupuesto, las cesiones de prendas están a la orden del día en la industria. Así que la moda no tiene por qué verse comprometida por un ajustado presupuesto de época de crisis como la actual. Y un acto de gala, no deja de serlo tengamos la ideología que tengamos.

Ah, y ya antes de coger el bolso y salir a la calle, Manuela Carmena no se puede olvidar, gracias a la experiencia de la alcaldesa de Jerez de la Frontera, asegurarse de que todos los dedos de sus pies están dentro de los zapatos. 


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