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El autobús, si es ecológico, dos veces bueno

Tomar el autobús contribuye a que haya menos tráfico, pero estos vehículos públicos también pueden ayudar a que haya menos polución y ruido en nuestras calles. Así lo han entendido en Viena, donde el autobús eléctrico ha tomado el centro de la ciudad. La versión más ecológica de este tipo de medio de transporte se abre camino en Europa.

Está manido apuntar que el transporte público es una solución para evitar los temibles atascos que se viven cada día en las grandes ciudades europeas. Pero en España, por ejemplo, donde el 75% de los desplazamientos de personas se realizan en vehículo privado, no está de más recordar que en la promoción del transporte público, como el autobús, está la clave para que haya menos tráfico. Además, el autobús no sólo ha de interesar como medio para llegar a tiempo al trabajo. Por eso, hay iniciativas que tratan estos vehículos como un factor clave en la transformación de las ciudades en espacios más limpios. Adquirir autobuses eléctricos, una apuesta que todavía pocas ciudades del 'viejo continente' se han atrevido a probar, es una de las ideas que valorar.

En Europa, Viena ha sido pionera adoptando el autobús eléctrico como medio para conectar los diferentes puntos del centro de la ciudad. De la mano del conglomerado industrial alemán Siemens, la capital austriaca goza de una docena de autobuses pequeños pero modélicos en términos medioambientales. Porque esas máquinas de Wiener Linien, la compañía local de transportes, no emiten dióxido de carbono -uno de los principales gases responsables del calentamiento del planeta-, consumen en energía un quinto de lo que gasta un autobús de gasolina, son inodoros, apenas hacen ruido y, además, resultan cómodos para unas 40 personas.

El objetivo es reducir las emisiones de gases un 60%

La experiencia allí parece haber ido bien pues, según ha apuntado Rudolf Skarics, periodista del diario austriaco Der Standart, el lanzamiento de otras líneas en la ciudad con autobuses de mayor tamaño es algo “probable”. Todo partió de la eterna voluntad de Wiener Linien de “hacerse más ecológica”, según ha explicado Anna Reich, responsable de la empresa. Y eso que el precio del autobús eléctrico de Siemens puede disuadir. Un vehículo como los que Wiener Linien ha puesto a recorrer el centro vienés cuesta alrededor de 400.000 euros, el doble de lo que cuesta uno diésel.

Son más caros, sí, pero también más duraderos y con menores costes de mantenimiento. Según ha explicado desde la compañía suiza ABB -multinacional de la industria tecnológica que en Ginebra también ha puesto a prueba autobuses eléctricos- éstos pueden llegar a tener una vida de hasta un cuarto de siglo. Los que usan combustibles fósiles no suelen estar más de una década en servicio.

Contribuye a que esta solución ecológica genere interés el que la Comisión Europea quiera reducir las emisiones de gases en el ámbito del transporte en un 60% de aquí a 2050. En este contexto, no faltan las iniciativas con las que se están poniendo a prueba otro tipo de autobuses, sin duda más respetuosos con el medio ambiente. Como los de Viena, o el trío de vehículos que ha comprado la ciudad checa de Brno siguiendo el ejemplo de la capital austriaca.

Ciudades europeas apoyan el transporte ecofriendly

Aunque también hay otras ideas de autobuses ecológicos. No todo pasa por llevar a cabo un cambio radical y apostarlo todo al autobús cien por cien eléctrico. Al fin y al cabo, éstos sólo ahora “comienzan a estar disponibles comercialmente”. Además, tienen grandes limitaciones. A saber, “el precio de las baterías”, que está detrás del elevado coste de estos vehículos, y “la autonomía”, menor que respecto a otros modelos menos 'verdes'. Esos son los términos de estudios procedentes de CIVITAS, la iniciativa de la Unión Europea destinada la puesta en marcha de un transporte urbano sostenible.

Por eso no es raro que se hayan registrado otras experiencias paralelas, con autobuses híbridos o movidos por biodiésel. En San Sebastián, por ejemplo, la compañía del tranvía, estuvo varios años, hasta 2013, utilizando combustible ecológico. En la flamenca ciudad de Gante se ha apostado por incorporar a la flota de la empresa de transporte público, De Lijn, una veintena de autobuses de híbridos. Más al sur de Europa, en Brescia (Italia), se ha renovado el servicio de autobús en los últimos años gracias a casi 30 autobuses que funcionan a base de gas natural comprimido.

Más allá han ido en Zagreb, con la adquisición de 100 vehículos que funcionan con biodiésel y otros 60 de gas comprimido. Con esta inversión, se han aparcado para siempre la mayoría de los vehículos de servicio público que recorrían las calles de la capital croata, descritos en CIVITAS como “ineficientes, contaminantes, ruidosos e incómodos”. No obstante, este tipo de costosas inversiones tienen lugar, en buena medida, gracias a subvenciones. CIVITAS no tiene en vano un presupuesto de unos 430 millones de euros. Y es que, sin ayudas, las tecnologías de los autobuses ecológicos difícilmente podrán darse a conocer.


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