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Cambio de casa por vacaciones: de tu barrio a NY

Al igual que Kate Winslet y Cameron Díaz en la película “Vacaciones”, intercambiar casa con un perfecto desconocido puede ser la solución para un veraneo por la patilla, o casi. Un aliciente tentador, y más en tiempos de vacas flacas.

El plan, que lleva décadas funcionando con un éxito creciente, consiste básicamente en prestarle la casa habitual o la segunda residencia a alguien que, a su vez, te presta la suya. Lo más frecuente es hacerlo de forma simultánea aunque no es obligatorio. Todo es cuestión de negociarlo con quien se vaya a hacer el intercambio.

Las opciones son casi infinitas y tampoco tienen por qué ser homogéneas. Hay quien busca trocar su piso por otro parecido en Manhattan, Buenos Aires o el Trastévere romano, por un chalet en una playa ya sea de su propio país o de la otra esquina del mundo, o por un apartamento en la montaña durante la temporada de esquí. Incluso se intercambian casas por barcos y aseguran que un asiduo a la fórmula cedió unas semanas su villa en la campiña italiana por una autocaravana con la que recorrerse Estados Unidos de medio a medio. Y todo ello sin transacción económica de por medio, por lo que es válido tanto para propietarios como para inquilinos.

Los pros resultan evidentes: además de vivirse la cultura del sitio más como un local que como un turista, el precio de las vacaciones se limita a lo que cueste llegar hasta el lugar elegido y, claro, lo que una vez allí se quiera uno gastar en excursiones, copas y/o cenas opíparas. Los contras: que la casa de la contraparte no sea en realidad tan bonita como pintaba en las fotos o que el que se instale en la vivienda de uno la deje hecha unos zorros, aunque para eso hay seguros y los responsables de las agencias que facilitan este tipo de intercambios entre particulares garantizan que es algo que, aunque puede suceder, ocurre muy rara vez.

Para ello es crucial el contacto previo que por correo electrónico o por teléfono se haya establecido entre las partes. Será imprescindible una comunicación meticulosa y honesta tanto para asegurarse de que las características de las casas satisfacen a ambos o para ponerse de acuerdo con las fechas y demás detalles, como para generar una relación de confianza. Así el perfecto desconocido al que se le va a dejar las llaves de casa, con todo lo que contiene salvo las joyas de la familia y algún otro objeto de valor que resulte más prudente guardar a buen recaudo, acaba por no ser tan desconocido.

Cuando Internet entra en el juego del intercambio

Internet y las redes sociales han facilitado enormemente este tipo de intercambios y las buenas o malas referencias que arrastre cada candidato ayudarán a dilucidar si se trata o no de alguien de fiar, aunque los expertos afirman que es el hecho de saber que se está instalado en la casa de una gente que a su vez está usando la de uno lo que lo realmente cambia el asunto y hace que todos, salvo contadas excepciones, se comporten como seres civilizados.

Lo más complicado suele ser localizar a alguien interesado en la casa que uno ofrece y que, de la misma forma, cuente con otra que por su ubicación, calidad y tamaño le encaje al otro. Un puñado de agencias, portales o clubs, en ocasiones gratuitos y más a menudo a cambio de una pequeña cuota de inscripción, conectan a particulares interesados en probar la experiencia.

Basta cumplimentar online una descripción lo más minuciosa posible de la vivienda en cuestión, subir un buen puñado de fotos o vídeos y detallar exactamente qué se busca y cuándo, o lanzarse a la caza de la casa perfecta a través de sus buscadores y escribir con la propuesta a sus propietarios.

Cuidar la casa como si fuera de uno mismo 

Una vez iniciados los contactos, ya es cosa de ellos ponerse de acuerdo en absolutamente todo para evitar sorpresas: las fechas y duración del intercambio –sea o no simultáneo–, si se admiten niños, fumadores e incluso mascotas, si el préstamo incluye también el coche –algo bastante frecuente–, cómo de segura es la zona, si esperas que te rieguen las plantas y le den de comer al gato, si algún vecino pasará a dejarles las llaves, enseñarles cómo funcionan las cosas o podrá echarles un cable en caso de imprevistos, si la limpieza final la hace uno mismo o prefiere pagar a alguien por hacerla…

Porque el compromiso mutuo es cuidar la casa como si fuera la propia y dejarla tal como se halló. En caso de encontrarse un zafarrancho a la vuelta, los seguros, al no haber dinero de por medio, funcionan igual que si se le hubiera prestado la casa a unos amigos, por lo que conviene informarse de antemano si la compañía con la que se tenga contratada la póliza exige algún tipo de prima adicional.

Las principales:

Home Link International

Pionero en el intercambio de casas por los cinco continentes y con sede física en una veintena de países, incluido España. El precio para acceder a sus servicios es de 115 € al año.

Intercambio Casas

Con sede en Estados Unidos bajo el nombre de HomeExchange, lleva funcionando cerca de dos décadas y cuenta con una bolsa de más de 46.000 viviendas repartidas por 152 países. El precio para acceder a sus servicios es de unos 7,95 € al mes.

Home for Home

Líderes en Europa en el intercambio de casas, con más de 34.000 viviendas disponibles en 120 países. El precio para acceder a sus servicios es de unos 6,67 € al mes.

Más opciones:

LovehomeswapExchangeawayIntercambiodecasaMytwinplaceKnokFamilinktravel (especializado en familias), Intercambio de casa sin barreras(especializado en viviendas adaptadas y accesibles).


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