Estilo

¿Ha llegado el fin de las barbas?

Tal vez alguno no lo crea -de hecho, sería la postura más sensata, pues motivos no le faltan-, pero aunque parezca imposible, estamos asistiendo al fin del reinado de las barbas. Los movimientos son sutiles y aislados, se disfrazan de meras casualidades, campañas publicitarias o innovaciones de marketing, pero la realidad es evidente. Señores, pueden ir rescatando sus cuchillas de afeitar y agitando la espuma. Las van a necesitar.

Las barbas reaparecieron en la sociedad tras haber sido desterradas durante muchísimo tiempo. Debemos remontarnos a finales de los sesenta para ver un boom equivalente al que hemos vivido desde mediados de los dos miles. Aunque aquellas barbas no tienen nada que ver con estas. Se revestían de hippismo, de amor libre y de vuelta a la naturaleza. Crecían los cabellos, se ajustaban las ropas y los jóvenes dejaban que la rebeldía propia de la época se manifestara incluso en su hirsutismo facial. Había que diferenciarse del viejo régimen incluso estéticamente.

Bigote, perilla, patillas... la cuestión ahora es averiguar qué nueva moda vendrá a sustituir el vacío que dejarán las barbas.

Con la llegada de los setenta, las barbas dejaron paso a los bigotes, rotundos y poblados, y así los pudimos ver en actores, cantantes, deportistas y sí, también dictadores, pero ese es otro tema. En los ochenta desaparecieron las barbas. Los bigotes se habían quedado asociados a los progenitores, a la clase media-alta y a la estabilidad económica. No importaba si eras más de los Pegamoides o de Mecano, si eras punk o más bien tirando a pijo, debías ir perfectamente afeitado. En los noventa, posiblemente la peor época a nivel estético, el afeitarse se extendió a todo el cuerpo y los hombres adoptaron las tiranías de las que tanto se han quejado las mujeres. El pelo permanecería escondido más de una década, hasta que, de momento, reapareció.

Primero se instauró la barba de tres día, símbolo de cantantes, como Miguel Bosé, o futbolistas como Beckham. Luego llegaron los arreglos en cuello y mejillas, descubriendo que mantener una barba tan corta es un engorro terrible y entraña una cierta dificultad, así que empezó a crecer. Paralelamente se recortó el cabello, sobre todo por las sienes, para darle continuidad a la imagen. Desaparecieron las patillas y la barba se acomodó en una longitud estándar -un centrímetro, más o menos-. Así hemos vivido durante los últimos años. Todo hombre, sea joven o viejo, hirsuto o lampiño, ha dejado crecer su barba, convirtiéndose en un complemento indispensable, muy alejado ya de aquellas barbas veraniegas cultivadas para dejar claro que uno estaba de vacaciones y no tenía obligaciones que cumplir. Pero como todo, esta tendencia está condenada a morir de éxito, como las series de éxito o las boybands de chicos adolescentes. Y ese final está a la vuelta de la esquina.

Tres son los motivos fundamentales que evidencian el fin de esta tendencia:

  • 1. Las barbas se han extremado. Hartos de sentirse uniformados con el resto de la población, muchos hombres han decidido dejar crecer sus barbas hasta límites insospechados, dándoles forma y adquiriendo un aspecto diferente. Piensen en modelos como Benjamin Dukhan. El siguiente paso, una vez la barba extrema se generalice, será hacerla desaparecer.
  • 2. Los modelos de los anuncios llevan barba. Primero fueron las editoriales para revistas, luego las campañas de publicidad y por último, la televisión. Hemos visto barba en anuncios de agencias de viajes, de bancos, de coches e incluso, de El Corte Inglés. Y cuando algo llega a la televisión, es que está a punto de terminar. La sociedad evoluciona, los publicistas se dan cuenta, intentan venderlo a las empresas, éstas no terminan de convencerse y cuando ya lo hacen, la tendencia ha desaparecido.
  • 3. Las barbas han llegado a la Familia Real. Desde hace un tiempo, podemos ver como la barba del príncipe Felipe aparece y desaparece. Y no es una barba de tres días, ni un estilismo de vacaciones como acostumbra a hacer su padre, no, es una barba en toda regla. No sabremos los motivos que pasaran por la cabeza del Príncipe, si es moda o comodidad, o que opinará el resto de la familia, pero cuando algo llega a entrar en la corrección estilística de la monarquía es que ha alcanzado un nuevo nivel.

La cuestión será ahora averiguar qué nueva moda vendrá a sustituir el vacío que dejarán las barbas. Si hacemos caso al precedente histórico, pasaremos por una fase de bigote -en la que ya estamos inmersos-, para seguramente acabaremos volviendo a las patillas con perilla y de ahí al afeitado apurado. Y sino, tiempo al tiempo.


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